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PREGUNTAS REALIZADAS A ALUMNOS DE 9NO. AÑO DE BÁSICA

Artículo publicado en Addictus núm. 1,
marzo-abril de 1994.
ISSN 1405-6569

Dr. José Antonio Elizondo López

Desde tiempos inmemoriales, cuando el hombre nómada trocó la lanza de cazador por el arado que lo convirtió en sedentario, la raza humana descubrió que la fermentación de un buen número de los vegetales que cosechaba producía una sustancia agradable al paladar y agradable a la mente, a la que le dio la denominación de alcohol. Y este alcohol fue domesticado por el hombre y lo introdujo en sus casas, en sus costumbres, en sus ritos y en sus comidas. Y he aquí que este alcohol empezó a atrapar las mentes de algunos —que no de todos— que lo consumían y dio lugar a la destrucción de sus familias, de sus cosechas, de su prestigio y de sus vidas. A partir de entonces, la humanidad se ha tornado ambivalente ante el alcohol, al que por un lado aprecia como esa sustancia maravillosa que lo relaja, desinhibe y le permite olvidar sus penas, y por otro lo considera ese terrible fantasma que destruye familias, provoca crímenes y mata a la gente. Pero realmente, qué es el alcoholismo.

Empecemos por la definición y después haremos un pormenorizado análisis de esta definición para que el lector pueda comprender integralmente el fenómeno y no le quede ninguna duda.

Lo que dice la OMS
Ahora, desmenuzaremos y analizaremos exhaustivamente esta definición.

El alcoholismo es una enfermedad crónica, de desarrollo insidioso y evolución progresiva, que se caracteriza por la incapacidad de la persona para controlar su manera de beber, lo que da lugar a que en la mayor parte de las ocasiones el afectado lo haga en forma excesiva y desarrolle problemas en su salud, su familia, su trabajo y en su relación con la sociedad en general. Esta pérdida de control es consecuencia de una dependencia psíquica y física al alcohol que el individuo ha desarrollado por consumirlo en forma frecuente y excesiva durante cierto tiempo y por una predisposición, genéticamente determinada, para la adicción a sustancias.

El alcoholismo antes que nada es una enfermedad: el comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud (oms) en el año de 1953 le dio esta categoría, pues reúne los requisitos de un padecimiento humano que puede ser identificado, diferenciado de otros, diagnosticado, pronosticado, tratado, rehabilitado y prevenido dentro de los principios fundamentales del modelo médico.

Apellidos del alcoholismo
Ya fundamentado el porqué el alcoholismo es una enfermedad, pasaremos a abordar su carácter de crónica. No es válido hablar, como se consigna en algunos textos, de Alcoholismo Agudo y Alcoholismo Crónico. No existe el alcoholismo agudo y hablar de alcoholismo crónico es un pleonasmo, pues la sola mención del término alcoholismo lleva implícita su carácter de trastorno crónico. El mal llamado Alcoholismo Agudo se refiere a la intoxicación etílica aguda o borrachera y es importante no confundir estos términos.

El borracho
La borrachera es una intoxicación por consumo excesivo de alcohol. Es cuando una persona llega al estado de ebriedad. Es un cuadro agudo, es decir, una complicación transitoria que tiene unas horas de duración, después de las cuales la persona se restablece completamente.

El alcohólico
En cambio, el alcoholismo es una enfermedad crónica e irreversible (incurable) caracterizada por la adicción al alcohol (dependencia psíquica y física a esa sustancia). Una persona que ha desarrollado el alcoholismo, aunque deje de beber seguirá siendo alcohólica. Un bebedor normal o un alcohólico pueden estar borrachos en un momento dado, pero un alcohólico, aunque no esté borracho, sigue siendo un alcohólico.

El enfermo alcohólico
El término Enfermedad Crónica se refiere a un estado patológico que el individuo tendrá toda su vida. Este desorden crónico podrá tener etapas de control o asintomáticas en donde no se manifiesten los síntomas de la enfermedad, pero esta se mantiene potencialmente dentro del paciente afectado. No hay que olvidar que un gran porcentaje de las enfermedades que se atienden dentro de la medicina son crónicas. Ejemplos de enfermedades crónicas son la diabetes, el reumatismo, las alergias, la insuficiencia coronaria, la epilepsia, el colon irritable, etcétera. Una enfermedad crónica se controla, pero no se cura. Un diabético que siga la dieta prescrita, que tome sus medicamentos hipoglucemiantes regularmente, que asista con disciplina a sus consultas y que se someta regularmente a los exámenes de laboratorio que le solicite el médico, seguramente estará bien controlado de su diabetes y pueda hacer una vida normal, pero no podemos decir que esté curado puesto que, si descuida su tratamiento o come carbohidratos en exceso, su padecimiento se descontrolará y corre el riesgo de caer un coma diabético. Lo mismo ocurre con el alcohólico, mientras no beba su padecimiento estará controlado, pero en cuanto vuelva a beber los síntomas de su enfermedad crónica se volverán a manifestar, poniendo en riesgo su salud e incluso su vida.

Como se reconoce la enfermedad
Pasaremos ahora a analizar el término desarrollo insidioso. Se dice que la enfermedad del alcoholismo tiene un desarrollo insidioso porque es muy difícil precisar el momento en que se declara. En esto radica una de las principales dificultades para el diagnóstico temprano del alcoholismo, y lo más importante: que el sujeto afectado identifique, reconozca y acepte que se le ha declarado una enfermedad que pone en riesgo su salud y su propia vida. La mayor parte de los enfermos alcohólicos reconocen su enfermedad o solicitan ayuda médica cuando ya está muy avanzado el proceso o se ha presentado alguna complicación médica muy grave que está comprometiendo su vida. Igualmente, muchos médicos o psicoterapeutas, por la misma insidia de la enfermedad, no saben reconocerla oportunamente y, en muchos casos, sólo le dan al bebedor problema la categoría de enfermo cuando ha desarrollado alguna complicación médica, como puede ser la cirrosis hepática o el Delirium Tremens (delirio con temblor).

Del uso al abuso
Este desarrollo insidioso radica en que el proceso morboso (enfermo) que conduce al alcoholismo en sus etapas prepatológicas evoluciona muy lentamente (en cinco, diez o más años) y de una forma muy sutil, de modo que casi nadie detecta los síntomas prodrómicos de la enfermedad. Durante la etapa previa a que ésta se declare, no existe mucha diferencia entre un bebedor social y un bebedor problema. Es muy difícil precisar el momento en que el bebedor se convierte en alcohólico. El bebedor ya pasando por ciertas etapas antes de llegar al alcoholismo. Al principio sólo bebe en forma ocasional, más tarde empieza a beber en forma habitual (aquí desarrolla un hábito), luego empieza a consumir alcohol en forma excesiva y cae en lo que se llama abuso del alcohol o bebedor excesivo. Esto ya constituye un problema sanitario aunque todavía no se desarrolla una franca adicción al alcohol, que es justamente la última etapa del proceso que marca el cruce de la frontera entre el bebedor y el alcohólico. La medicina se basa en dos parámetros clínicos para determinar si un bebedor excesivo se ha convertido en alcohólico. Estos dos parámetros son: la Tolerancia y el Síndrome de Supresión.

La Tolerancia se define como una adaptación biológica del organismo al alcohol, por la cual el bebedor necesita mayor cantidad para obtener los mismos efectos que antes lograba con menor cantidad.

Del abuso a la adicción
Cuando aparece el fenómeno de la Tolerancia en un bebedor esto suele resultar muy engañoso, pues lejos de que la cause preocupación siente que ya ha aprendido a beber, cada día aguanta más y, a diferencia de antes, ahora consume grandes cantidades de alcohol sin que se presenten síntomas tempranos de borrachera. En este punto peligroso en que la gente cree que ya aprendió a beber, el bebedor se confía y cada vez consume alcohol en mayor cantidad, con mayor velocidad, durante más tiempo y con más frecuencia. Esta adaptación biológica consiste en una serie de cambios metabólicos de tipo adaptativo que ocurren en la intimidad del hígado y del cerebro, dando lugar a una serie de transformaciones neuroquímicas en las vía metabólicas de degradación del alcohol, lo que finalmente conduce al fenómeno de la compulsión. Esta determina la incapacidad del individuo para controlar su manera de beber, caer con más frecuencia en el exceso alcohólico y presentar problemas de conducta que van a afectar su vida familiar, laboral y social.

Estos cambios neurobiológicos que ocurren en la intimidad del cerebro son irreversibles, es decir, si el sujeto alcohólico deja de beber por un tiempo pero más tarde vuelve a consumir alcohol, el cerebro volverá a reaccionar en la misma forma que la última vez que bebió y tarde o temprano vuelve a aparecer el fenómeno de la compulsión. Esto es lo que los expertos de la oms llaman: “Reinstalación del Síndrome de Dependencia una vez que el alcohólico vuelve a beber”.

El segundo parámetro para saber si el bebedor excesivo ya desarrolló una dependencia física al alcohol es el Síndrome de Supresión. Este constituye un conjunto de síntomas físicos y psíquicos que presenta un bebedor problema después de haber bebido excesivamente durante varias horas o días, cuando empiezan a bajar sus niveles de alcohol en la sangre. Lo anterior quiere decir que, una vez alcanzados niveles sistemáticamente altos de alcohol en la sangre, se genera una adaptación metabólica del organismo a estos altos niveles de alcoholemia. Cuando la persona deja de beber, los niveles de alcohol en la sangre empiezan a bajar. Como el organismo ya está adaptado al alcohol, al disminuir la alcoholemia se produce una reacción de desadaptación metabólica, lo que se manifiesta a través de síntomas y signos muy severos que provocan un alto grado de sufrimiento del paciente. Por decirlo en otra forma, el organismo protesta porque se reducen los niveles sanguíneos de una droga a la que ya se adaptó, presentándose dichas molestias que son una forma de alarma para obligar al adicto a que siga bebiendo.

De la adicción a la falta de control
Esta incapacidad de control, que es el síntoma cardinal del alcoholismo, deriva de la ya mencionada compulsión proveniente de las transformaciones neuroquímicas que sufre el alcohólico en la intimidad de su cerebro y también del Síndrome de Supresión. Por el temor de presentarlo, el alcohólico sigue bebiendo para que no disminuyan sus niveles séricos (sanguíneos) de alcohol.

Las consecuencias
Las consecuencias lógicas de esta incapacidad de controlar la manera de beber son la ingesta excesiva de alcohol y los trastornos de la conducta, los cuales dan lugar a la transformación de la personalidad del alcohólico cuando se embriaga. El individuo se torna irresponsable, necio, agresivo, repugnante y peligroso. Desarrolla problemas de salud física y mental como consecuencia de los niveles tóxicos de alcohol que frecuentemente presenta y de los problemas a nivel de su familia, de su trabajo o su escuela y también de tipo legal o de desprestigio social. No es necesario que se presenten estos cuatro tipos de complicaciones para hablar de alcoholismo. Con una sola de estas áreas afectada es más que suficiente para apoyar el diagnóstico.

Herencia y/o aprendizaje
El último elemento de la definición se refiere a la etiopatogenia de la enfermedad. El individuo desarrolla una dependencia psíquica (obsesión por la bebida y necesidad de su consumo para aliviar tensiones) y física (compulsión por la bebida e incapacidad para detenerse una vez que se ha empezado a beber), como consecuencia de dos factores: uno de tipo heredado y otro de tipo aprendido. El factor heredado es una predisposición genética hacia la enfermedad con la cual seguramente nació el individuo. Está ampliamente demostrado el factor genético en la etiología del alcoholismo, ya que todos los alcohólicos tienen un familiar en primero o segundo grado que también lo es, aunque vale la pena aclarar que esta predisposición genética no es determinante para el desarrollo del alcoholismo sino que, necesariamente, tiene que interactuar con los otros dos factores etiológicos de la enfermedad, que son el factor psicológico (vulnerabilidad psicológica para el manejo de las emociones) y el factor sociocultural (estar inmerso en un medio propicio para el consumo inmoderado de bebidas alcohólicas).

El factor aprendido se refiere a la influencia sociocultural que recibe el bebedor. La mayor parte de los bebedores, genéticamente predispuestos hacia la enfermedad del alcoholismo y con una vulnerabilidad psicológica que les dificulta el manejo de sus emociones, son presa fácil de un medio ambiente lleno de mitos, prejuicios y tradiciones culturales que los orillan al consumo frecuente y excesivo de alcohol (bebedor excesivo habitual). El bebedor, al exponer su organismo a niveles sistemáticamente tóxicos de alcohol, induce los ya mencionados cambios neuroquímicos en las vías metabólicas hepato-neuronales, dando lugar a las transformaciones biopatológicas que determinan la dependencia física y por tanto la adicción al alcohol.

Quizá ahora quede un poco más claro el porqué el alcoholismo es una enfermedad compleja, multifactorial (bio-psico-social), que presenta diferentes fases en su desarrollo evolutivo (prealcohólica, inicial, crítica y terminal) y que para su comprensión, manejo y tratamiento requiere de un abordaje interdisciplinario altamente capacitado.

Nota
El doctor José Antonio Elizondo L. es médico psiquiatra, director del CAIPA (Centro de Atención Integral en Problemas de Adicciones).

Los más expertos oncólogos señalan que la relación entre alcohol y cáncer es más estrecha de lo que se pensaba. Hasta una copa podría aumentar las probabilidades de cáncer de seno en las mujeres.

De la posible relación entre el alcohol y el cáncer se ha hablado, pero no de manera tan contundente como lo hizo la semana pasada la Asociación Estadounidense de Oncólogos Clínicos (ASCO, por su sigla en inglés), que reúne a los más expertos profesionales en esa enfermedad. En un artículo en la revista Clinical Oncology, escrito por Noelle LeConte, profesora de la Universidad de Wisconsin Madison, el grupo por primera vez estableció su posición frente al tema. En resumen, este hábito podría aumentar los riesgos de desarrollar algunos tipos de cáncer como el de mama y esófago, hígado, boca, garganta, el colorrectal y el de la caja vocal.

LeConte revisó más de 110 estudios que incluían datos de 12 millones de personas y más de 250.000 casos de cáncer. Entre los principales hallazgos está que 5,5 por ciento de todos los nuevos casos y 5,8 por ciento de todas las muertes por cáncer podrían deberse al consumo de alcohol.

Y no se requiere tomar muy asiduamente para correr el riesgo. El trabajo resalta que incluso en los bebedores esporádicos la probabilidad de cáncer de seno y de esófago aumenta levemente. En uno de los trabajos estudiados, por ejemplo, las mujeres que toman una bebida alcohólica al día aumentan su riesgo de cáncer de seno tanto si son pre como posmenopáusicas. Una copa de vino o de cerveza al día, es decir, 10 gramos de alcohol, incrementa en 5 por ciento el riesgo entre las más jóvenes y 9 por ciento entre las más viejas.

Entre los moderados, que beben dos copas al día, la probabilidad de cáncer es el doble para el de boca y garganta y más del doble para el de esófago. También tienen riesgo elevado de cáncer de la caja vocal, de hígado y de cáncer de seno en las mujeres, así como del de colon y recto.

En el caso de quienes toman con mayor asiduidad, obviamente la probabilidad es mayor. Para ellos el riesgo empieza a partir de 8 o más bebidas a la semana en mujeres o 15 y más para los hombres. En el caso de estos individuos, el peligro es cinco veces mayor para cáncer de boca y garganta, y esófago. El estudio estableció que se trata de una relación causal y no de una simple asociación. Como lo dijo el presidente de ASCO, Clifford A. Hudis, al diario The New York Times, “mientras más tome más alto es el riesgo”.

Se cree que el alcohol ayuda a desarrollar el cáncer a través de su metabolismo. Cuando alguien consume una bebida, tiene contacto con las bacterias de la boca que lo sintetizan en acetaldehído, químico que causa cambios y mutaciones en el ADN. Por eso su impacto es mayor en el área de la boca y la garganta.

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A pesar de la evidencia, muy pocos adultos establecen un vínculo entre el alcohol y el cáncer, como lo hacen con el sol, el cigarrillo y otros factores de riesgo. En un estudio revisado por LeConte incluido en el metaanálisis, menos de uno de cada tres identificó el alcohol como un detonante de la enfermedad. Esto es más preocupante aún si se considera que el hábito de tomar cuenta con amplia validación social. Aunque el mensaje no es dejar de hacerlo, como en el caso de fumar, los oncólogos sí pretenden que la gente consuma menos alcohol. Y a quienes nunca han bebido les recomiendan no comenzar a hacerlo.

Como ya hemos explicado en este monográfico sobre el alcohol, el consumo de bebidas alcohólicas no es inócuo. Parece que como la ingesta de esta droga está tolerada por la sociedad, no tiene concecuencias. Nada más lejos de la realidad.
La única verdad es que, como ocurre con cualquier otra droga, consumir bebidas alcohólicas trae consecuencias y efectos muy adversos a corto, medio y largo plazo, incluso con el consumo de pequeñas cantidades.
En pequeñas cantidades puede:

  • Perturbar la razón y el juicio. Falsa sensación de seguridad.
  • Retardar los reflejos.
  • Dificultar el habla y el control muscular.
  • Provocar la pérdida del equilibrio.
  • Disminuir la agudeza visual y auditiva.
  • Relajar y disminuir la ansiedad.
  • Dificultar la capacidad de reacción.
  • Desinhibir, provocar falsa sensación de euforia, locuacidad.
  • Irritar las paredes del estómago e intestino.
  • Provocar náuseas y vómitos por irritación y lesión de las paredes del estómago.
  • Alterar la absorción de sustancias nutritivas necesarias para el organismo, especialmente las vitaminas B.
  • Dilatar o expandir los capilares de la piel.

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2. La lentitud y estrechez de movimiento (bradicinesia) pueden detectarse al probar los
movimiento rápidos.

3. Las anormalidades posturales originan flexión de la cabeza y el tronco, de las rodillas y
los codos, así como deformidades posicionales de las manos.

4. El parpadeo es poco frecuente y se observa una cara fija e inexpresiva ("de máscara"),
así como disminución en los movimientos espontáneos y relacionados (por ejemplo:
balanceo de los brazos al caminar).

5. Anormalidades en la marcha (al caminar):

Pasos cortos y pesados, dificultad para iniciar la marcha y para voltearse, festinación y
caídas frecuentes.

El déficit de dopamina a nivel de los núcleos grises centrales ha conducido al empleo de la
L-dopa actualmente prescrita en asociación con un inhbidor de la descarboxilasa periférica
que no atraviesa la barrera hematoencefálica y que en consecuencia provoca una disminución
de los efectos periféricos circulatorios y digestivos indeseables anteriormente constatados con
la L-dopa y una disminución de las dosis necesarias de dopa. Por el contrario, las
complicaciones ligadas a la acción central son tan frecuentes como la L-dopa sola: síndromes
confusionales y movimientos anormales. Estos tratamientos están contraindicados
formalmente cuando existen trastornos psíquicos, en particular confusión mental o deterioro.
Es preferible la hospitalización al inicio del tratamiento en los sujetos de edad avanzada.
Posología variable en función de la sensibilidad del enfermo. Las tomas de medicamentos
deben ser fraccionadas y repartidas en el día.

Notables rápidamente sobre el tono y la aquinesia y en forma más lenta sobre el temblor.

2. Amantadina (Mantadix): 200 a 300 mg/día eventualmente en asociación con el sinemet
o el modopar.

3. Anticolinérgicos de síntesis: (prociclidina, trihexifenidilo, etc.); pueden asociarse con la
L-dopa; posología habitual: 6 mg de trihexifenidilo, bromocriptina (Parlodel): puede
probarse asociada con la L-dopa en caso de efacto "on-off" (aquinesia de inicio y final
bruscos).

El parkinsinismo inducido por fármacos se trata mediante la reducción de la dosis del
medicamento o con la administración de un anticolinérgico.

5. Los bloqueadores beta (propanolol, metaprolol) son útiles para el temblor de acción.

A. Como Trabaja la Espalda

1. La espina o columna vertebral consiste de treinta-y-tres o treinta-y-cuatro huesos
conocidos como vértebras.

2. La espalda adquiere su fuerza mediante sus curvas de doble-S y la red de los músculos,
los tendones, y ligamentos adheridos a los huesos de la espina dorsal.

3. Las vértebras se dividen en cinco secciones:

a. La cervical (región del cuello): Compuesta de 7 vértebras.
b. Torácica (región de la espalda media): Compuesta de 12 vértebras.
c. Lumbar (espalda baja): Compuesta de 5 vértebras.
d. Sacro (detrás de la pelvis): Un hueso (5 vértebras fundidas).
e. Coccix: Compuesta de cuatro o cinco vértebras rudimentarias.

B. Causas para el Dolor de Espalda

1. Desgarres musculares que resultan de un sobre-esfuerzo o ejercicios excesivos/indebidos:

a. Casi caulquier cosa puede causar un espasmo en la espalda baja:

1) Levantando un objeto incorrectamente.
2) Un sobre-esfuerzo durante la práctica de un deporte.
3) Calzando tacos altos.
4) Toser.
5) Posiblemente hasta cepillarse los dientes.

2. Se produce un disco herniado cuando el núcleo/centro pulposo del disco se protura hacia
afuera o se rompe a través de su membrana externa:

b. Los discos herniados se clasifican como:

Estos poseen materiales fragmentados desalojados en la canal (agijero certebral) espinal.

Estos poseen material (cuerpos extraños/sueltos) en la parte externa del espacio que
posee el disco intervertebral.

Estos se caracterizan por un pandeo en el canal, los cual produce presión contra las
raíces nerviosas.

3. Síndrome de la faceta/carrilla articular:

a. Una torsión súbita puede provocar que la carrilla se disloque.

b. Puede producirse un dolor severo que resulta de la presión sobre los pequeños nervios
que emanan de la médula espinal.

a. Puntos que inician la afección:

Son pequeñas áreas de músculo que se vuelven sensibles, algunas veces inducen
espasmos y dolor sobre un área grande en los músculos de la espalda.

Es un tipo de artritis asociada con el desgaste/deterioro de las articulaciones, lo cual
puede afectar las vértebras.

Una condición en la cual la estructura ósea se degenera. Es particularmnente común
en las mujeres después de la menopausia.

d. Tensión y problemas emocionales:

Representan un factor importante para el surgimiento del dolor en la espalda baja.

e. Condiciones que pueden inducir dolor en la espalda baja:

Defectos en el nacimiento, escoliosis, lordosis, problemas en la próstata, problemas
ginecológicos, tumores e infecciones renales, entre otros.

C. Diagnosticando el Dolor en la Espalda Baja:

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a) Circulación colateral

Cuando se obstruye el flujo de sangre, ella necesita encontrar una manera alternativa para seguir fluyendo. Si hay una obstrucción adelante, la única manera es volver y buscar otras venas.

La vena porta es bien calibrosa y soporta grandes flujos de sangre. Lo mismo no ocurre con las venas del resto del sistema digestivo. Cuando la sangre que debería ser drenada por la vena porta comienza a volver en gran número por venas colaterales, estas se dilatan formando varices.

El paciente con cirrosis suele tener las venas abdominales bien nítidas, porque reciben grandes volúmenes de sangre que vienen desde la vena porta bloqueada. Pero estas venas dilatadas no aparecen solamente en los vasos más superficiales en la piel; también aparecen en los órganos, especialmente en el estómago, intestino y esófago, lo que lleva a la formación de varices en estos órganos.

b) Hemorragia digestiva

La presencia de varices en el estómago y en el esófago es un factor de riesgo para hemorragias. Los vasos sanguíneos de estos órganos no están preparados para recibir un flujo tan grande ni una presión sanguínea elevada y pueden romperse espontáneamente.

Las hemorragias digestivas de las varices esofágicas suelen ser dramáticas, con pérdidas masivas de sangre a través de vómitos. El paciente vomita sangre viva y en gran cantidad.

c) Esplenomegalia (bazo agrandado)

El aumento de la presión de la sangre en el bazo lleva al agrandamiento de su tamaño, haciéndolo fácilmente palpable al examen físico. Llamamos esplenomegalia a este agrandamiento del bazo. La sospecha de cirrosis ocurre, frecuentemente, cuando al examen físico detectamos un bazo aumentado de tamaño.

d) Anemia, trombocitopenia (plaquetas bajas) y leucopenia (leucocitos bajos)

El bazo tiene como una de sus funciones eliminar las células de la sangre que ya están viejas. Cada vez que la sangre pasa a través del bazo, miles de células son removidas para que exista espacio para la llegada de nuevos glóbulos rojos, plaquetas y leucocitos recién producidos. En la hipertensión portal, la sangre que debería salir desde bazo hasta el hígado se congestiona y permanece más tiempo dentro del propio bazo, que termina eliminando más células sanguíneas que se necesita.

Este fenómeno se llama hiperesplenismo (espleno = bazo), lo que significa un funcionamiento exagerado del bazo. Por lo tanto, el paciente con cirrosis y hiperesplenismo puede presentar hemorragia, anemia y un contaje bajo de leucocitos y/o plaquetas (Lee: HEMOGRAMA – Valores Normales).

Ascitis es la acumulación de agua dentro de la cavidad abdominal. La ascitis en la cirrosis es causada por la hipertensión porta y por la disminución de la concentración de albúmina en la sangre (vamos a hablar sobre albúmina más adelante). En la cirrosis, puede haber una acumulación de más de 10 litros de líquido ascítico en la cavidad peritoneal, lo que hace que el paciente quede con un abdomen muy voluminoso.

Una de las complicaciones de la ascitis es la peritonitis, que se produce cuando el líquido dentro de la barriga se infecta por las bacterias de los intestinos. Es una situación grave; si no es identificada y tratada en el tiempo cierto puede evolucionar con sepsis.

Además de la acumulación de líquido dentro del abdomen, el paciente cirrótico puede presentar retención de líquidos en las piernas y en los pulmones.

a) Encefalopatía hepática

El hígado es el órgano responsable del metabolismo de muchas sustancias tóxicas. Cuando este deja de funcionar, la acumulación de toxinas produce cambios en el sistema nervioso, que van desde pequeños cambios mentales, somnolencia, desorientación o coma, en casos más avanzados.

b) Ictericia

El hígado cirrótico no puede eliminar la bilirrubina producida, que pasa a acumularse en el torrente sanguíneo. El exceso de bilirrubina se deposita en la piel, dejando el paciente con la piel y los ojos con una coloración amarillenta. Este fenómeno se llama ictericia.

Además de la piel amarillenta, la ictericia de la cirrosis también suele causar orina oscura y heces claras.

La orina oscura se produce porque el exceso de bilirrubina en la sangre es filtrado por los riñones, lo que deja la orina con una coloración similar al mate o Coca-Cola (Lee: COLOR DE LA ORINA (Orina naranja, verde, azul, roja…)).

En personas sanas, el color oscuro de las heces es dado por la presencia de bilirrubina. Como en la cirrosis el drenaje de la bilirrubina para el intestino se encuentra afectado, las heces comienzan a salir cada vez más claras, pudiendo quedarse casi blancas.

c) Carencia de proteínas

El hígado es responsable de producir varias proteínas, incluyendo la albúmina. La falta de albúmina causa desnutrición y es uno de los factores que lleva a la formación de edemas y ascitis.

Otra proteína producida en el hígado es la vitamina K, que está relacionada con la coagulación de la sangre. Los pacientes con cirrosis avanzada presentan trastornos de coagulación y mayor facilidad de tener sangrados.

Los cuadros de hemorragia digestiva causados por ruptura de várices esofágicas suelen ser graves, ya que los pacientes, además de perder gran volumen de sangre, todavía tienen dificultad para detener el sangrado, ya que, además de las plaquetas bajas, también presentan deficiencia de los factores de coagulación.

d) Ginecomastia

El mal funcionamiento del hígado también cambia el equilibrio de las hormonas sexuales. El aumento de estrógeno causa la aparición de senos y pérdida de pelo corporal en los pacientes masculinos.

e) Otros síntomas

Todavía hay varios otros signos y síntomas relacionados con la cirrosis, entre ellos:

Síndrome hepatorrenal: insuficiencia renal aguda que ocurre en la cirrosis avanzada y generalmente indica un caso terminal. El paciente que desarrolla síndrome hepatorrenal tiene una supervivencia muy corta y el único tratamiento es el trasplante de hígado.

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El virus está ampliamente distribuído por todo el mundo, estimándose que hasta el 95% de los adultos entre 35 y 40 años han sido infectados. Los niños se hacen susceptibles tan pronto como desaparece la protección de anticuerpos maternos. La mononucleosis infecciosa es, por regla general, una enfermedad de jóvenes. En los grupos socioeconómicos menos favorecidos y zonas del tercer mundo, la enfermedas suele afectar a los niños, mientras que las áreas con mejores estándares sanitarios la enfermedad se contráe mas tarde.

El virus es transmitido mediante saliva infectada, a menudo a partir de adultos asintomáticos y suele ocurrir cuando se besan. Con contactos menos íntimos, el contagio es menor. En algún caso de ha producido la transmisión del virus en casos de tansfusiones y transplantes de médula. Los estudios epidemiológicos indican que más del 90% de individuos asintomáticos seropositivos son portadores del virus en sus secreciones orales.

Los virus infectan el epitelio de la orofaringe y de las glándulas salivares y se replican en estas células. Las células B son infectadas al contacto con estas células epiteliales, mientras que los linfocitos de las criptas tonsilares son infectados directamente. Seguidamente el virus se disemina a través del torrente circulatorio. El virus contiene en su envoltura una proteína, la gp350 que se une al receptor celular CD21. La mayoría de los anticuerpos producidos por las células B durante la infección van dirigidas contra esta proteína. En el momento de la fase aguda de la enfermedad los linfocitos T y las células NK proliferan en grandes cantidades observándose un aumento de tamaño de los ganglios linfáticos y del bazo. En este momento, una de cada 100 células B en la sangre periférica están infectadas por el virus mientras que el fase de convalescencia sólo lo está 1 por millón.

En el control de la mononucleosis infecciosa la inmunidad celular es más importante que la inmunidad humoral. Durante la fase inicial, las células T, las células asesinas naturales (NK) y algunas células T citotóxicas inespecíficas son importantes para controlar la proliferación de las células B infectadas. En este momento se observa un aumento del interferon g. En una segunda fase se generan células citotóxicas específicas que reconocen los antígenos nucleares del virus de Epstein-Barr y otras proteínas de membrana y que son capaces de destruir las células infectadas. Si la inmunidad por células T está comprometida puede producirse la proliferación de células B con lo que la enfermedad puede pasar a ser un linfoma, si bien este no es más que un paso de los muchos que se requieren para alcanzar la malignidad. Son raras las ocasiones en que una infección por virus de Epstein-Barr alcanza el grado de linfoma de Burkitt o de carcinoma nasofaríngeo.

La mayor parte de las infecciones por virus de Epstein-Barr en los niños o adolescentes son asintomáticas y se presentan como una faringitis con o sín tonsilitis. Por el contario, en los adultos el 75% de los casos presentan mononucleosis infecciosa. El período de incubación de la mononucleosis en los adultos jóvenes es de 4 a 6 semanas antes de que comiencen a manifestarse los síntomas y signos (*). La fatiga, malestar y mialgia comienzan a manifestarse 1 a 2 semanas antes de que aparezca la fiebre y el dolor de garganta. La fiebre no suele ser demasiado intensa. La linfadenopatía se observa preferentemente en los ganglios cervicales pero otros muchos puede estar afectados. En un 5% de los pacientes se desarrolla un rash papular, generalmente en brazos y tórax, sobre todos en sujetos que han recibido ampicilina. Sin embargo, este rash no es predictivo de una futura alergia a las penicilinas. Muchos enfermos padecen estos síntomas durante 2 a 4 semanas, pero el malestar general y la fatiga pueden durar meses.

La mononucleosis infecciosa sintomática es poco común entre los niños y adolescentes. En las personas mayores se presenta a menudo acompañada de síntomas inespecíficos entre los que se incluyen malestar general, fiebre, fatiga y mialgia, pero por el contrario son infrecuentes las linfoadenopatías, faringitis, esplenomegalia y la presencia de linfocitos atípicos.

Los leucocitos suelen estar elevados alcanzándose entre 10.000 y 20.000 células/ m l a las 2-4 semanas de la infección. Se demuestra normalmente linfocitosis con más de un 10% de linfocitos atípicos (*). Se trata de linfocitos más grandes, con abundante citoplasma, vacuolas e indentaciones de la membrana. Entre las células anormales predominan las CD8+. Son frecuentes una neutropenia y trombocitopenia moderadas durante el primer mes de la enfermedad. La función hepática es anormal en el 90% de los casos: las transaminasas y la fosfatasa alcalina están aumentadas y también la bilirrubina en un 40% de los casos

En general, el mejor procedimiento para el diagnóstico de las infecciones víricas es el aislamiento del virus o alguno de sus componentes.

Anticuerpos heterófilos: los anticuerpos heterófilos son anticuerpos IgM que no se unen a las proteínas del virus Epstein-Barr (Prueba de Paul-Bunnel) (*)

El caso típico de mononucleosis infecciosa con anticuerpos heterófilos positivos es bastante fácil de diagnosticar. Más complicada es la situación cuando las manifestaciones clínica son atípicas o cuando los anticuerpos heterófilos son negativos. La causa más frecuente de mononucleosis infecciosa con anticuerpos heterófilos negativos es la infección por citomegalovirus (CMV). Ambos cuadros son muy parecidos e incluso en muchas ocasiones los títulos de anticuerpos frente al CMV están también elevados en una mononucleosis por virus de Epstein-Barr. La infección por CMV suele producir menos dolor de garganta y con frecuencia solo cursa con astenia y fiebre.

La hepatitis por virus de la hepatitis A puede ir acompaña de linfocitosis atípica similar a la MI, si bien las transaminasas están mucho más elevadas. Otras infecciones que se presentan con cuadros parecidos a los de MI son la rubeóla (si bien esta última con la erupción cutánea típica), la toxoplasmosis aguda y sobre todo la infección por herpes virus 6.

El tratamiento de la mononucleosis infecciosa consiste en reposo y alivio del malestar. El paracetamol y la aspirina alivian la fiebre y el dolor de garganta. Debe evitarse un exceso de actividad física durante el primer mes para evitar la posibilidad de una rotura esplénica. Aunque se han usado corticoides (prednisona 40-60 mg/dia durante 2 ó 3 días con reducción de las dosis en la semana siguiente) para evitar la obstrucción de las vías respiratorias en los pacientes con hipertrofia tonsilar, estos no se recomiendan ya que pueden originar superinfecciones.

El aciclovir no ha mostrado ningún impacto significativo sobre la mononucleosis infecciosa aunque in vitro inhibe la replicación del virus. Esto se debe a que el aciclovir (y otros antivíricos como el ganciclovir o el foscarnet) actúan sobre la DNA-polimerasa vírica pero no sobre la DNA-polimerasa celular implicada en la replicación del virus no integrada en su genoma.

Aunque son muchas las complicaciones que pueden darse en la mononucleosis infecciosa la mayor parte de las veces la enfermedad tiene un carácter benigno. Probablemente las complicaciones más frecuentes son las derivadas de la deficiencia inmunológica de caracter transitorio que acompaña a la enfermedad.

REFERENCIAS

  • Hillman, Robert: Hematologia en la práctica clínica. 2006 McGraw, 470 páginas

La hepatitis C es una infección viral que puede inflamar y dañar el hígado. El virus de la hepatitis C generalmente se trasmite a través del contacto con sangre infectada, más comúnmente al compartir agujas para el consumo de drogas intravenosas. La enfermedad también puede diseminarse:

  • si se comparten sorbetes u otros elementos usados para inhalar cocaína.
  • en las relaciones sexuales sin protección, aunque esto es poco común
  • un trabajador de la salud al pincharse accidentalmente con una aguja infectada
  • a través de transfusiones de sangre; antes de 1992, las personas que recibían transfusiones de sangre tenían un riesgo significativo de desarrollar hepatitis C; sin embargo, dado que las técnicas usadas en el análisis de sangre mejoraron, las probabilidades de contagiarse a través de una transfusión de sangre infectada disminuyó en aproximadamente 1 en 100.000 casos.
  • a través de las diálisis renales
  • de la madre al bebé durante el nacimiento
  • un tatuaje infectado o equipamiento para perforaciones en el cuerpo (body piercing )

Una vez que una persona estuvo expuesta al virus de la hepatitis C, usualmente lleva una a dos semanas antes de que el virus pueda detectarse en sangre.

Hasta el 80% de las personas que desarrollan hepatitis C breve (aguda) desarrollan hepatitis C prolongada (crónica). La mayoría de estas personas; no obstante, desconocen que tienen esta infección porque la hepatitis C generalmente no causa síntomas. Luego de estar contagiado con esta infección silenciosas durante 20 a 30 años, alrededor del 30% desarrolla cirrosis, una enfermedad hepática (del hígado) grave que puede causar la muerte. Un pequeño porcentaje de personas con hepatitis crónica desarrolla cirrosis de hígado. En Estados Unidos la hepatitis C es la causa de muerte más común por enfermedad hepática crónica y transplante de órgano. Allí, alrededor de 10.000 personas mueren por año debido a complicaciones de la hepatitis C.

Muchas mujeres con hepatitis C no presentan ningún síntoma. Sin embargo, alrededor del 20% de las personas contagiadas desarrollan síntomas que duran de 2 a 3 meses, incluidos:

  • sensación de estar enfermo (malestar generalizado)
  • tono amarillento en la piel (ictericia)
  • debilidad
  • poco apetito
  • fatiga
  • náuseas
  • dolor abdominal

Menos del 20 por ciento de las personas que se infectaron con hepatitis C logran eliminar el virus de sus cuerpos por completo. Estas personas raramente sufren de consecuencias a largo plazo por esta enfermedad.

Alrededor del 30% de las personas con hepatitis C prolongada desarrollarán síntomas generales, como pérdida de peso, poco apetito, fatiga y dolor en las articulaciones. La mayoría de las personas; no obstante, no presentan ningún síntoma durante 20 a 30 años después de haberse contagiado, aunque el virus daña lentamente el hígado. A menos que se hagan análisis para detectar la hepatitis C, mucha de estas personas desconocen estar infectados hasta que desarrollan síntomas de enfermedad hepática avanzada.

Su médico le preguntará acerca de sus síntomas relacionados con la hepatitis C crónica o aguda, o con la enfermedad hepática avanzada. Le preguntará si presenta factores de riesgo de tener hepatitis C, como antecedentes de consumo de drogas intravenosas, inhalación de cocaína o transfusiones de sangre, especialmente antes de 1992. Su médico le preguntará acerca de su sexualidad porque las personas con múltiples parejas sexuales son muy propensas a desarrollar la hepatitis C. Si ya ha trabajado en el campo de la salud mental, su médico le preguntará si podría haberse pinchado con una aguja accidentalmente. En raros casos, las personas con hemodiálisis prolongadas se infectan con hepatitis C a través del equipo contaminado.

Su médico lo examinará para detectar signos de enfermedad hepática, como hígado o bazo aumentados de tamaño, abdomen hinchado (inflamado), inflamación de tobillos o consunción muscular severa (atrofia).

La infección con hepatitis C se confirma mediante ciertos análisis que detectan esta infección de dos maneras distintas. El análisis detecta la presencia del virus en sangre o detecta las proteínas que combaten la infección (anticuerpos) fabricadas por el organismo para combatir el virus de la hepatitis C. Estos anticuerpos indican que usted ya estuvo expuesto al virus. El virus mismo puede detectarse mediante un análisis llamado reacción en cadena de la polimerasa. Los análisis de anticuerpos incluyen las pruebas de enzimoinmunoanálisis e inmunotransferencia recombinante.

Si tiene hepatitis C, su médico le pedirá que se haga análisis de sangre para determinar el subtipo de virus que tiene porque cada subtipo responde de manera diferente al tratamiento. Se necesitará una biopsia de hígado, y en la mayoría de los casos, se hace antes de comenzar el tratamiento médico. En una biopsia, se extrae una pequeña muestra de tejido y se la examina en un laboratorio. Los resultados de la biopsia ofrecen la mejor información para el pronóstico de la enfermedad en relación con la probabilidad de desarrollar complicaciones debido a la enfermedad hepática.

Menos del 20% de las personas con hepatitis C logran eliminar el virus de sus cuerpos en seis meses. La mayoría de las personas tienen la infección de por vida y algunas finalmente desarrollan cirrosis u otras formas de enfermedad hepática grave.

No existe vacuna para protegerse contra la hepatitis C, por eso la única forma de prevenir la enfermedad es evitando los factores de riesgo.

El riesgo de contraer la hepatitis C a través de las relaciones sexuales parece ser baja, excepto en las personas con muchas parejas sexuales. Una pareja con una relación prolongada puede infectarse si una de las dos tiene hepatitis C, no obstante esto se da en casos excepcionales. Por eso, las personas con hepatitis C en estos tipos de relaciones generalmente no necesitan tomar medidas preventivas especiales para evitar que sus parejas los contagien. Si la persona con hepatitis C también está infectada con VIH, es mayor el riesgo de trasmitir la hepatitis C. Usted debería informarse con su médico sobre la necesidad de usar algún método de prevención.

En la actualidad, los siguientes son los métodos más efectivos para prevenir la hepatitis C:

  • no se inyecte drogas ilegales
  • no inhale cocaína
  • si está pensando en hacerse perforaciones corporales (body piercing) o tatuajes, asegúrese de que el equipo esté bien desinfectado
  • si es un trabajador de la salud, siga las precauciones estándares de control de infecciones (batas, guantes, lavado de manos, etc.) para prevenir el contacto con la sangre del paciente
  • no tenga relaciones sexuales sin protección, a menos que tenga una relación prolongada con una sola persona.

Dado que beber alcohol empeora la hepatitis C, aquellos con esta enfermedad deberían reducir significativamente la ingesta de alcohol o evitar tomar alcohol.

No todos los pacientes infectados con hepatitis C necesitan tratarse. Si está contagiado con hepatitis C, su médico le informará los beneficios y los efectos secundarios del tratamiento y la probabilidad de que el tratamiento mejore su condición. Su médico le recomendará que se vacune contra la hepatitis A y B, a menos que ya esté infectado con estos virus, para reducir la probabilidad de dañar más el hígado.

En el pasado, comúnmente se usaba un médicamente llamado interferón alfa para tratar la hepatitis C. Sin embargo, aunque casi el 50% de las personas en un principio mejoran con esta terapia, los beneficios del tratamiento raramente perduran más de seis meses. Por eso, el interferón alfa es actualmente usado en combinación con un medicamento antiviral llamado ribavirina (Virazole). Alrededor del 60 por ciento de los pacientes que tiene una terapia combinada eliminarán el virus en sangre. El pronóstico varía según en subtipo de virus. Los pacientes con el genotipo 2 y 3 tienen una tasa más alta de respuesta, mientras aquellos infectados con el genotipo 1 son menos propensos a responder al tratamiento.

Algunas personas no logran tolerar los efectos secundarios de este tratamiento y no se recomienda en personas con ciertos problemas médicos. El interferón alfa causa varios efectos secundarios, incluidos sensación de estar enfermo (malestar generalizado), depresión, dificultades para concentrarse, anemia, enfermedad tiroidea, y, menos comúnmente, enfermedades autoinmunes. Por eso, no se recomienda esta medicación en personas que tienen antecedentes de depresión, enfermedades autoinmunes, ciertas enfermedades de la sangre y varias condiciones médicas crónicas. La ribavirina se tolera muy bien y su efecto secundario es la anemia.

También se recomienda la terapia antiviral en personas que tienen enfermedades hepáticas avanzadas o en consumidores activos de alcohol o drogas ilegales.

Llame a su médico si presenta síntomas de hepatitis o si cree que estuvo expuesto a una persona con hepatitis.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, CDC (Centers for Disease Control and Prevention, CDC) recomiendan que ciertos grupos con alto riesgo se hagan análisis para detectar la hepatitis C, incluidos:

– Lentificación de la producción de proteínas del plasma sanguíneo como el fibrinógeno, factor esencial para la coagulación, lo que hace al enfermo de cirrosis más propenso a las hemorragias.

– La cirrosis puede provocar ictericia, alteración caracterizada por un color amarillento de la piel y el blanco de los ojos. Este trastorno se debe a la acumulación en la sangre de bilirrubina (pigmento biliar), que normalmente el hígado depura del torrente circulatorio y evacua hacia el intestino a través de las vías biliares.

– Algu nos enfermos de cirrosis sienten también una picazón intensa, debida a la acumulación de pigmentos biliares en la piel.

– La cirrosis impide que el hígado depure la sangre de toxinas y otras sustancias nocivas, así como de medicamentos. La acumulación de estos elementos en el organismo altera las

funciones mentales y la personalidad del enfermo. Entre los primeros indicios de cirrosis figuran el descuido del aspecto, los despistes, problemas de concentración y hábitos de sueño alterados. La pérdida de conciencia o el coma son posibles síntomas más tardíos.

– La cirrosis también puede afectar a los vasos sanguíneos

abdominales. Normalmente, la vena porta, que es un vaso de amplia capacidad, transporta la sangre desde el intestino y el higado hasta el hígado. La cirrosis bloquea este flujo, lo cual repercute en un aumento de la presión arterial en este circuito (hipertensión portal). Conforme el higado se inflama, el cuerpo intenta dar salida a la sangre a través de otros vasos sanguíneos, pero puede ocurrir que estos vasos no sean lo suficientemente fuertes para soportar el flujo y se rompan; entonces, el enfermo vomita sangre, signo de una situación de alto riesgo.

Diagnóstico El primer paso en el diagnóstico cirrosis consiste en evaluar el historial médico del enfermo y efectuar un examen físico. La detección de un hígado inflamado o de tamaño mayor al normal, de edema o de ascitis, así como la presencia de síntomas de confusión mental por la acumulación de sustancias tóxicas en el cerebro, sirven al médico para sentar el diagnóstico. Puede encargarse una tomogra-fía computada (TC) o bien ecografías para comprobar si el tejido del hígado tiene cicatrices. También es útil la biopsia por punción, procedimiento mediante el cual se introduce en la piel una aguja para aspirar una muestra de tejido. El hígado también se inspecciona con el laparoscopio, instrumento de observación que se introduce en el organismo a través de una incisión minúscula en el abdomen. Otro indicio de cirrosis es la presencia de telangiectasia, formación de “arañas vasculares” en la piel, a base de redes de minúsculos vasos sanguíneos que se dilatan, especialmente en el rostro y la parte superior del pecho.

Tratamiento El tratamiento depende del tipo de cirrosis y de lo avanzada que se encuentre la enfermedad. El objeto es detener su evolución y, al mismo tiempo, contrarrestar el daño infligido al hígado. Si la causa de la cirrosis es el alcohol, la primera medida que debe tomarse es dejar de beber.

En la actualidad no existe un tratamiento para “curar” la cirrosis. La picazón se puede tratar con medicamentos. Para el edema o la ascitis se utilizan diuréticos (medicamentos que eliminan el exceso de sal y de agua del cuerpo). En casos graves de disfunción hepática, es decir, cuando las células del hígado dejan de funcionar, el transplante de hígado es la única solución.

Los adultos que siguen una dieta nutritiva y limitan su consumo de alcohol previenen la destrucción de células sanas en el hígado. A continuación figuran otras medidas de utilidad para la prevención de la cirrosis hepática:

– No mezclar nunca medicamentos, especialmente los de venta libre, con el alcohol.

– Seguir al pie de la letra las indicaciones de uso de los productos químicos: asegurarse de que están en lugares bien ventilados, no mezclar sustancias químicas, evitar la inhalación y el contacto de productos químicos con la piel, lavar rápidamente cualquier zona que haya sufrido una exposición accidental y utilizar ropa de protección.

– Evitar el abuso de inhalantes de todo tipo.

– Evitar el uso de drogas intravenosas, posibles vehículos de contagio de las variedades de hepatitis B, C, y D.

Convivencia con la cirrosis

Los enfermos de cirrosis pueden convivir muchos años con la enfermedad. Incluso cuando surgen complicaciones, existe tratamiento. Muchos de estos enfermos han sobrevivido con el trasplante de hígado y continúan haciendo vida normal. Los enfermos de cirrosis deben abstenerse de beber alcohol. Se cree que la mala alimentación, particularmente si está asociada al alcohol o al abuso de drogas, tiene mucho que ver con la aparición de la cirrosis, aunque continúa la investigación al respecto. Entre tanto se recomienda una dieta sana y equilibrada.

American Liver Foundation, 75 Maiden Ln., Ste. 603,

Toll-Free (800)223-0179; (800)GO-LIVER

Primary Biliary Cirrhosis Support Group,

1430 Garden Rd., Pearland, TX 77581 http://pbcers.org/

U.S. National Digestive Diseases Information Clearinghouse,

2 Information Way, Bethesda, MD 20892-3570 Telephone (301)654-3810 Toll-free 800-891-5389 Facsimile (301)907-8906

Para el propietario de un caballo las palabras cólico, artrosis o laminitis son comunes. Por el contrario, ictericia o insuficiencia hepática son palabras poco usadas o desconocidas.

El hígado juega un papel importante en el sistema digestivo, endocrino, en la coagulación y en el sistema inmune. Supone en el caballo el 1% del peso corporal total. Trabaja además en asociación con los otros órganos, por lo que las enfermedades del hígado pueden tener diversos síntomas y repercusiones en el resto del organismo.

Las principales funciones de este órgano son:

  • Detoxificación: Elimina las toxinas de la sangre proveniente del sistema digestivo antes de que esta vuelva al corazón.
  • Metabolismo de los carbohidratos: La glucosa se convierte en glucógeno y se almacena en el hígado. Este se descompone en glucosa para ayudar a mantener los niveles de azúcar en la sangre.
  • Metabolismo proteico: Casi todas las proteínas de la sangre se sintetizan en el hígado incluyendo la albúmina, el fibrinógeno y algunos factores de coagulación. El amoniaco producido por el metabolismo de las proteínas es convertido en urea y se secreta por la orina.
  • Almacenamiento vitamínico de vitaminas liposolubles (A, D, K) y vitamina B12
  • Produce la bilis que llega al intestino delgado gracias a los conductos biliares. Esta ayuda a la digestión de las grasas.
  • Producción de productos químicos fotoactivos que protegen al cuerpo de la luz solar.
  • Almacenamiento de hierro.

La insuficiencia hepática o fallo hepático es la incapacidad del hígado para llevar a cabo sus funciones fisiológicas normales.

Entre las diferentes causas de enfermedad hepática podemos destacar las de carácter infeccioso, inflamatorio e inmune. Puede aparecer también de forma secundaria a septicemias, parasitosis o en presencia de tumores

Como ejemplo de patologías de origen toxico estaría la producida por plantas como el trébol Alsike, hierbas de la familia Panicum o con sustancias como los alcaloides de pirrolizina, pesticidas o insecticidas.

Un agravante del pronóstico es la aparición de colangiohepatitis, es decir la inflamación o infección del conducto biliar y del tejido hepático, por causas infecciosas, tóxicas o inmunológicas.

El hígado es un órgano con elevada resistencia a las enfermedades. Esto se debe a su gran capacidad de regeneración.

El problema de esta gran capacidad de regeneración es que los síntomas de daño hepático sólo aparecen cuando la lesión ya es grande. Llega un momento en el que el hígado no puede compensar la pérdida de tejido y esto afecta a su buen funcionamiento.

Entonces, ¿cómo saber si un caballo está sufriendo insuficiencia hepática?

como actua el vytorin

-Otros síntomas muy frecuentes: Erupciones en la piel, picazón, manchas de color marrón, piel amarillenta, ojeras, picazón y blanqueamiento en los ojos, sudoración excesiva, mal olor corporal, heces pálidas, pedida de peso, dolor que se extiende hacia el hombro, orina oscura, síntomas gripales y dolor abdominal en la parte superior derecha.

Si tiene los síntomas que describimos a continuación tiene que acudir urgentemente a un médico.

-Dolor intenso y persistente.

-Dolor en el abdomen superior derecho acompañado con falta de respiración.

-Trastorno de la alimentación.

a) Ingerir demasiado acetaminofén (Paracetamol): Cuando una persona ingiere demasiado paracetamol o acetaminofén puede causar lesiones al hígado. El acetaminofén o paracetamol es una sustancia analgésica que se encuentra en muchísimos medicamentos en el mercado para tratar el dolor de cabeza, alergias, dolores musculares, y muchas cosas más.

b) Cáncer de hígado: El cáncer de hígado se detecta cuando la enfermedad ya está muy avanzada. Se produce por un crecimiento anormal de las células del hígado. Para prevenir esta enfermedad, se tiene que evitar el desarrollo de una cirrosis hepática o de una hepatitis, ya que la gente que padece de estas afecciones tienen más posibilidades de tener cáncer de hígado.

Síntomas: Se agranda el hígado provocando dolor, hay una perdida importante de apetito y de peso acompañado de una gran debilidad y fatiga, náuseas y vómitos, dolor abdominal superior derecho, decoloración de la piel acompañado de un emblanquecimiento de los ojos.

Tratamientos: Inyectar alcohol a los tumores, transplante de hígado, quimioterapia, radioterapia, criocirugía y otros muchos tratamientos que considere el médico.

c) Ingerir demasiado alcohol: Este fenómeno también se conoce como cirrosis hepática. Esta afección sucede con la ingesta desmesurada de alcohol durante años.

Síntomas: La gente que sufre de cirrosis hepática sufre síntomas tales como, confusión, dolor abdominal, fatiga, sed, ictérica, fiebre, náuseas, perdida del apetito, aumento de peso, agitación, heces negras con sangre debido al sangrado en los intestinos y esófago, palidez, dificultad de concentración, movimiento lento, moratones fáciles, cálculos biliares, orinar de color marrón, picor en pies y manos, desarrollar una diabetes con resistencia a la insulina, desarrollar un cáncer de hígado, sensibilidad a la medicación, y otros muchos más síntomas.

Tratamiento: El tratamiento para esta enfermedad, es dejar de consumir alcohol por muy difícil que le resulte al paciente. Tiene que ir a terapias de ayuda, y tomar medicamentos para facilitar el funcionamiento correcto del cuerpo durante el periodo de abstinencia.

Consumir alimentos saludables ricos en calorías, carbohidratos y proteínas, acompañados con una buena tanda de complementos vitamínicos, también ayudan a combatir esta enfermedad.

En el caso de que el hígado este muy afectado y ya no funcione, la solución es practicar un trasplante de hígado.

d) Quistes hepáticos: Los quistes hepáticos, no comportan ningún riesgo para la salud. Se tratan de quistes llenos de líquido que pueden crecer y causar molestias.

Síntomas: Molestias y dolor en el abdomen del lado derecho. Los quistes hepáticos que crecen y no se han detectado nunca pueden causar infección de las vías biliares y agrandamiento del hígado acompañado de dolor.

Tratamiento: El médico receta una serie de medicamentos para reducir los quistes, en el caso de que no se reduzcan pueden eliminarse.

e) Fibrosis hepática: Cuando una persona ingiere mucha cantidad de alcohol y desarrolla una cirrosis hepática, como consecuencia se genera la fibrosis hepática, que es la última fase de la cirrosis hepática. En esta enfermedad se forman tejidos fibrosos y nódulos, que provocan una mala circulación sanguínea en el hígado, destruyendo poco a poco.

Síntomas: Cansancio, dolor abdominal, perdida de peso acompañada de perdida de apetito, picor en pies y manos, formación de venas rojas debajo de la piel, orina de color oscura, piernas hinchadas.

Tratamiento: Si la persona es fumadora y consume alcohol, tiene que dejar de hacerlo de inmediato para frenar la degeneración del hígado. Se recomienda consumir alimentos saludables bajos en grasa y hacer deporte con regularidad, evitar la ingesta de analgésicos tales como la aspirina o ibuprofeno.

f) Hepatitis: La hepatitis es la inflamación del hígado causado por daños en las células hepáticas. Existen varios tipos de hepatitis tales como la, A, E y la B. En el caso de padecer de hepatitis B, se aumentan los riesgos de padecer cáncer de hígado.

Síntomas: Los síntomas incluyen orina oscura, fiebre, diarrea, dolores musculares, agrandamiento del hígado, vómitos, fiebre.

Tratamiento: El médico le rectará una serie de fármacos para tratar y curar la enfermedad, entre ellos antivirales.

g) La enfermedad del hígado graso: La enfermedad del hígado graso consiste en tener un índice demasiado elevado de grasa en el hígado. Este tipo de enfermedad normalmente la padecen gente con sobrepeso, gente que tiene diabetes, colesterol alto y también puede ser hereditario.

Síntomas: Los síntomas pueden ser varios, fatiga, perdida de peso acompañada de perdida de apetito, nauseas, debilidad, orinar de color oscuro, dolor abdominal, y otras muchas cosas más.

Tratamiento: El tratamiento para reducir la grasa del hígado es aumentar la actividad física y hacer una dieta equilibrada. En los casos más graves en los que no hay solución un transplante de hígado puede solucionar el problema.

h) Colangitis esclerosante primaria: Se trata de la inflamación de los conductos biliares. Esta inflamación hace que se formen tejidos fibrosos en el hígado.

Síntomas: Fatiga intensa, síntomas de cirrosis, infección del conducto biliar.

Tratamiento: El médico le recetará una serie de medicamentos para tratar la infección de los conductos biliares. Si con los medicamentos no se arregla el problema, se puede recurrir a cirugía y hacer un transplante de hígado.

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Publicado en Enfermedades por Bonomédico

El alivio de los síntomas del hígado graso está directamente relacionado con la alimentación que solemos llevar. Es decir, nuestros hábitos alimenticios rutinarios van a condicionar la mejora de esta afección, por lo que, sin dudas, la modificación en estos hábitos será de vital importancia para devolvernos nuestra salud hepática.

En concreto, definimos la patología de hígado graso o esteatosis hepática como aquella enfermedad de carácter benigno que incorpora una serie de síntomas además de un tratamiento específico de obligado cumplimiento para potenciar la reducción de la grasa en el hígado.

La principal característica que diferencia a esta patología es la acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas de nuestro organismo. Los síntomas más habituales del hígado graso son dolor en el área superior derecha del abdomen, malestar generalizado, fatiga crónica o sensación de pesadez, especialmente justo después de comer.

En una dieta para el hígado graso han de evitarse a toda costa una serie de alimentos perjudiciales.

El cansancio y la fatiga crónica también son propios del hígado graso, porque el hígado es un órgano que almacena nutrientes, elimina toxinas y sintetiza enzimas. Si este trabajo no se realiza adecuadamente, el organismo se resiente notablemente, y se siente falto de fuerzas.

Pérdida de peso

En algunas personas, también puede darse una pérdida de peso vinculada al hígado graso. Sin embargo, no se da en todas las personas, y es un síntoma que puede camuflarse en exceso, por lo tanto, es recomendable fijarse en otros síntomas más que en este.

Sensación de pesadez

La sensación de pesadez está relacionada con el cansancio y la fatiga crónica. Sin embargo, al igual que otros síntomas de esta lista, la sensación de pesadez puede darse por muchas otras razones. En cualquier caso, lo mejor es ir al médico y salir de dudas.

Ictericia (en algunas ocasiones)

En casos extremos, puede aparecer ictericia. No obstante, este síntoma es un poco extraño en el hígado graso. Sin embargo, si llegase a aparecer, aunque se asocie con enfermedades más graves, normalmente, no tienes por qué asustarte más de la cuenta.

Sin síntomas

Como mencionábamos algo más arriba, hay algunos pacientes que no presentan síntomas, ni dolores ni molestias. Hasta cierto punto, este es un tema peligroso, porque la enfermedad podría evolucionar de forma silenciosa.

Es cierto que, en general, el hígado graso es una enfermedad benigna que no evoluciona a estadios más graves, y es por ello por lo que hay personas que pueden vivir con hígado graso durante muchos años.

Sin embargo, siempre existe la posibilidad de que evolucione hacia el hígado inflamado, la cirrosis o el cáncer. Es por ello que, aunque no se tengan síntomas, conviene hacerse chequeos periódicos y prestar atención a su posible existencia.

Ahora, veamos cuáles son los tratamientos más habituales para el hígado graso. Como verás, hace ya bastante tiempo que convivimos con este problema, por lo que tenemos buenos métodos para tratarlo sin dificultades.

Hay que señalar que no existe un tratamiento definitivo que permita resolver el problema. Sin embargo, sí se recomiendan algunos elementos básicos, tales como reducir el peso corporal a través de la dieta y del ejercicio.

Por supuesto, en la medida en que el hígado graso tiene mucho que ver con haber llevado una mala calidad de vida, especialmente en lo que respecta a la alimentación, una muy buena forma de controlar el problema es mediante una alimentación saludable, rica en frutas y verduras.

El ejercicio permite que el cuerpo elimine las grasas, y, puesto que el hígado graso se basa en tener células grasas en el hígado, eliminar dicha grasa será de gran ayuda para mejorar la calidad de vida, pese a que se sufra la enfermedad.

Lo mejor que se puede hacer a la hora de controlar el hígado graso, en general, es acudir al nutricionista. Si dicho nutricionista tiene conocimientos de diseño de planes de ejercicios, mejor que mejor.

De esta forma, puedes plantearle que tienes hígado graso, y él se encargará de hacerte el mejor plan de ejercicios y de dieta posible para resolver tu problema, basado en tus características personales.

Esto puede hacerlo, hasta cierto punto, el médico, pero, en general, es mejor acudir a un especialista en el campo de la alimentación, y no conformarse con la opinión de un médico que no tiene una especialidad, sino solo conocimientos generales de diferentes campos.

Además, acudir a un nutricionista será de gran ayuda, porque, como ya hemos mencionado anteriormente, la pérdida rápida de peso también está vinculada a los problemas de hígado. Siendo así, es mejor acudir al nutricionista y que éste nos indique cómo ir perdiendo peso poco a poco, de forma que el hígado no sufra más de la cuenta.

Empecemos por los remedios naturales para prevenir la esteatosis hepática. Después, veremos los remedios naturales para tratarla, en el caso de que ya haya aparecido.

Tienes que tener en cuenta que, en la mayoría de casos, el hígado graso viene causado por hábitos y estilos de vida poco saludables. Por lo tanto, es una evidencia que el hígado graso se puede prevenir.

Además, teniendo en cuenta que, hace algún tiempo, cuando la gente comía de una forma más saludable y realizaba ejercicio de forma más constante, el hígado graso era una enfermedad sin apenas incidencia en la sociedad, se puede asumir que se puede prevenir con simples remedios naturales.

Llevándolo un poco más al extremo, si tenemos hígado graso en las primeras etapas, no solo puede prevenirse, sino que puede, incluso, curarse (bastará con controlar los niveles de grasa en el organismo mediante ejercicio y buena dieta). En lo que respecta a la alimentación, la mejor dieta que se puede seguir para prevenir el hígado graso es una que cuente con alimentos frescos y saludables, y que sea baja en grasas. La dieta mediterránea, por ejemplo, es una muy buena opción.

De hecho, la presencia de sobrepeso, obesidad y, por extensión, hígado graso, es inferior en los países mediterráneos que en otros con otras dietas. No es casualidad. Y no es casualidad que la presencia de estas enfermedades haya crecido al perderse la tradición de esta dieta y adoptar hábitos alimentarios de otros países menos saludables.

Otro aspecto clave es el del alcohol. El alcohol interviene de una forma fundamental en la acumulación de grasa en el hígado, por lo tanto, es importante que se reduzca sustancialmente (incluso eliminándolo completamente) el alcohol de la dieta.

Por otro lado, habrá que hacer ejercicio de forma constante, con una media hora diaria, por ejemplo. Preferiblemente, ejercicios que contribuyan a quemar grasas, como salir a correr un rato cada día. De esta forma, eliminaremos la grasa que hay en el organismo, y contribuiremos a que el hígado graso tenga menos grasas con las que lidiar, reduciendo los problemas asociados al hígado graso y llegando, en algunos casos, a curarlo completamente.

Ahora, vistos los remedios naturales para prevenir el hígado graso, veamos cuáles son los mejores remedios naturales para tratarlo una vez ya ha aparecido:

  • Consejos anteriores: Los consejos anteriores, pensados para la prevención, también sirven para tratar el hígado graso. Por lo tanto, no dejes de aplicarlos, porque reducir la cantidad de grasas, aunque sirva para prevenir, también sirve para tratar el hígado graso.
  • Infusiones depurativas: Las infusiones de alcachofa y diente de león son altamente depurativas. Te permitirán ayudar a tu hígado a eliminar toxinas y asimilar nutrientes, y, además, contribuirá a eliminar parte de la grasa de su interior. Todo ello te ayudará a tener una mejor calidad de vida pese a que padezcas hígado graso.
  • Cardo mariano: El cardo mariano es una de las plantas con mayores beneficios para el hígado. Cuenta con silimarina, que contribuye enormemente a regenerar y proteger las células hepáticas. Puedes tomar cápsulas de cardo mariano o extractos, que puedes localizar en todo tipo de herbolarios.
  • Tés: Los tés, especialmente el verde, son de gran ayuda para regenerar el hígado, y contribuyen enormemente a reducir los problemas asociados al hígado graso. Con los tés, se contribuye a disolver y eliminar la grasa acumulada, por lo que no dejes de consumirlos.

Como puedes ver, el hígado graso es una enfermedad que conviene tener vigilada, pero que no implica excesivos problemas. Con la información anterior, y un buen control médico, no deberías por qué tener ningún problema.

  • Hemorragias nasales y los moretones
  • musculares frecuentes y en las articulaciones

L&S.- La cirrosis es una enfermedad de desarrollo lento, progresivo que afecta al hígado. Es de carácter crónico y además, irreversible.

Se trata de lesiones continuas que destruyen el tejido hepático sano. Este es sustituido por tejido fibroso cicatricial y nódulos de regeneración incapaces de mantener las funciones hepáticas. En cualquier hígado cirrótico hay riesgo de desarrollo de tumores cancerosos. Y mayor es el riesgo, si lo que causa la cirrosis es una infección vírica crónica, como lo es la hepatitis C.

Esta situación conduce a un hígado disfuncional de pronóstico grave. De hecho, es una de las causas de muerte más frecuentes en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los países desarrollados, mueren al año unas 27.000 personas a causa de la cirrosis hepática. En España, la gran mayoría de cirróticos, contraen esta enfermedad por consumo excesivo de alcohol y se estima que afecta a 1 de cada 10.000 personas.

Para un diagnóstico de cirrosis se han de dar las dos condiciones. Debe haber tanto nódulos de regeneración, como también ha de haber presencia de fibrosis. En el caso de que sólo exista fibrosis, el diagnóstico de cirrosis no sería posible de establecer. Dado que hay otras enfermedades del hígado que también cursan con tejido cicatricial, sería arriesgado diagnosticarlo como tal.

Se sabe que el hígado es un órgano vital. De hecho es el órgano más complejo de todos los que tenemos en el cuerpo. Se le denomina «fábrica» por ser el que se encarga de procesar todos los nutrientes y a partir de ellos, elaborar muchas sustancias absolutamente vitales, como las hormonas, las enzimas, el colesterol, la bilis, etc. No podríamos en pocas palabras describir de cuánta tarea se encarga. Pero además, también tiene la tarea de limpiar la sangre, neutralizando toda sustancia dañina para el organismo.

Es un órgano grande. De hecho, es el órgano individual más grande. Capaz de regenerarse en poco tiempo. Reemplaza el tejido que pueda haberse dañado constantemente y esto es muy interesante, porque debe ser totalmente funcional siempre. Pero dada la constante exposición a sustancias dañinas, es también un órgano vulnerable.

La cirrosis es una evolución de una hepatitis sostenida por más de seis meses también llamada hepatitis crónica. Problema que cursa con inflamación y daño celular. Se puede decir que es el estadio final d enfermedades hepáticas crónicas.

Un enfermo puede estar en esta situación sin ningún síntoma y sin alertas en las analíticas durante mucho tiempo. Sin embargo, en otros casos, dicha inflamación crónica avanza con rapidez. Provoca lo que se llama tejido cicatricial o fibrosis y nódulos de regeneración, causando un daño hepático grave. Esto es lo que ya se conoce como cirrosis. El resultado final de una hepatitis crónica que ha evolucionado.

Es una patología que se produce como consecuencia o como resultado de otras afecciones hepáticas. La cirrosis puede estar originada en las siguientes condiciones:

Es la causa más frecuente de cirrosis. Cuando alguien bebe alcohol durante años, aumenta el riesgo de desarrollar una cirrosis. Pero hay que dejar claro, que no todos los alcohólicos la desarrollan. Se estima que sólo un 15% de ellos la llegan a padecer. Si bien, sí sufren otros problemas hepáticos o sistémicos.

Lo primero que causa el alcohol, es grasa e inflamación en el hígado o hígado graso. La cantidad de alcohol capaz de dañar al hígado no es igual para todas las personas. Pero la cantidad pertinente sería: en las mujeres, una bebida al día y en los hombres, como mucho, dos. Todo lo que pase de ahí, daña a las células hepáticas y por tanto, podría desencadenar en un hígado graso y posteriormente en una cirrosis.

El médico extrae un pequeño trozo de hígado con una aguja y lo somete a prueba para identificar la inflamación, así como las señales indicativas de grasa en el hígado o la existencia de células dañadas.

Si crees que estás en riesgo de desarrollar HGNA o notas algunos de estos síntomas, consulte a su médico para estas pruebas.

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Lo más importante…Tu salud

Soy fundador de Temas Sobre Salud. Mi misión es ayudar a las personas a recuperar su salud mediante pequeños e inteligentes ajustes en su estilo de vida!
Yo mismo he afrontado serios problemas de salud los que he ido solventado mediante el estudio de las distintas corrientes filosóficas de la salud que han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos. Además de una visión alejada del convencionalismo.

Me diagnosticaron hígado graso,tengo diabetes tipo 2, pero el medico me dice que haga dieta, por mas dieta sigo igual,que hago? Me duele mucho la parte superior derecha.

El tema de la dieta es la clave, pero no pienses que con una dieta de dos semanas ya vas atener resuelto el problema del hígado graso.

Para desarrollar hígado graso es un proceso que toma bastante tiempo, así que revertir dicho problema también va a tomar bastante tiempo.

Si yo estuviera en tu lugar seguiría el método de la limpieza hepática del médico Andreas Moritz.

Si bien, no es nada fácil de seguir, tampoco es bastante complicado, eso si, requiere bastante preparación.

Un saludo y gracias por comentar.

Siempre temas muy interesantes

Gueddy Margoth Revollo Saavedra dice

Muy interesante. Por favor quiero recibir sus artículos.

Interesante pero no da ninguna recomendacion para prevenir la enfermedad

julia colchado colchado dice

Hola Julia!
Me alegro que encuentras interesante esta entrado sobre la formas en que se puede revertir la enfermedad hepática.
Feliz años 2016.
Jacobo

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La enfermedad de Graves – Basedow es una enfermedad autoinmune, aunque la mayoría de las personas la conocen por este nombre, de hecho se llama bocio tóxico difuso, y hay razones para ello. Al aumentar la actividad de la glándula tiroides, el metabolismo de los tejidos se intensifica, dando como resultado el aumento de tamaño […]

Si bien la mayoría de las personas que sufren Hashimoto saben la importancia de tener un panel tiroideo, el ultrasonido de tiroides es igualmente crucial. Es la modalidad de imagen más sensible disponible para examinar la glándula tiroides. Valiosísima como herramienta de detección y, sin embargo, muchos médicos no lo ordenan de manera rutinaria. Al […]

Probablemente sabes que los síntomas de Hashimoto pueden variar considerablemente de persona a persona. Pero ¿Sabías que los síntomas de Hashimoto en una persona pueden cambiar de año a año, mes a mes, semana a semana? Incluso día a día. Los brotes debido a los desencadenantes personales son sin duda un factor clave. Además, los […]

La Fibrosis Hepática es la acumulación de tejido fibroso a causa de la cicatrización de una lesión en el higado

La cicatrización es una respuesta normal del cuerpo a una lesión, pero cuando se produce la fibrosis, este proceso de curación se convierte en perjudicial.

Cuando los hepatocitos (células del hígado funcionales) se dañan debido a la infección con un virus, el abuso de alcohol, toxinas, trauma u otros factores, el sistema inmune se activa para reparar el daño.

La lesión o muerte (necrosis) de los hepatocitos estimula la liberación de citoquinas, factores de crecimiento y otros productos químicos por las células inmunes inflamatorias.

En primer lugar, las personas diagnosticadas con la enfermedad de hígado graso no alcohólico debe dejar de beber alcohol. Es una de las principales causas de daños en el hígado.

También hay que mejorar sus hábitos alimenticios y reducir la ingesta de alimentos ricos en grasas. Incluya verduras de hojas verdes, carnes magras, granos integrales y productos lácteos bajos en grasa en su dieta diaria.

Las personas obesas deben esforzarse al máximo para perder peso. El ejercicio es una de las mejores cosas que puede hacer para bajar de peso y lograr un cuerpo saludable. Las personas que sufren de problemas de hígado graso puede consultar a su médico para una dieta especial y otros programas de pérdida de peso.

Haga ejercicio todos los días durante al menos 30 minutos, esto no sólo mantener su peso bajo control, sino que también le proporcionará beneficios para la salud.

Hígado síntesis alimentos y almacena el azúcar en forma de grasa. Por lo tanto, es muy importante mantener sus niveles de azúcar bajo control, incluso si usted no es diabético. Esto reducirá la presión en el hígado, que a su vez reducir la probabilidad de problemas en el hígado.

En una nota de concluir, la infiltración grasa del hígado es reversible y más de una vez, no requiere ningún tratamiento a menos que interfiere con la función normal del hígado. Por lo tanto, una forma de vida sana sería mantener su hígado sano y libre de enfermedades. Seguir una dieta sana y un régimen de ejercicio, sin duda, reducir el riesgo de hígado graso. El daño hepático puede incluso ser inducida por medicamentos por lo que las pruebas de diagnóstico deben llevarse a cabo para el control de la función hepática en caso de las personas que han estado tomando los medicamentos durante mucho tiempo.

Descargo de responsabilidad: Este artículo Buzzle es únicamente con fines informativos y no debe ser utilizado como un reemplazo para el consejo médico experto.

Última actualización: 29/05/2013

Enfermedades del Hígado Graso: Causas, síntomas y tratamiento

Los signos y síntomas de trastornos hepáticos

Agrandamiento del hígado: Causas, síntomas y tratamiento

¿Qué es la esclerosis del hígado

Hígado síntomas del dolor

Signos de insuficiencia hepática

Los primeros síntomas de la insuficiencia hepática

Hígado graso SymptomsDifferent etapas de la enfermedad de hígado graso pueden mostrar algunos síntomas que van de leves a severos. Cubierta aparece a continuación encontrará más información acerca de la misma.

La hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano. Es responsable de controlar y mantener una buena tasa de metabolismo en el cuerpo. Diversas funciones del hígado incluyen la ruptura de las grasas, proteínas y carbohidratos en la comida. Además de estos, el hígado actúa como un agente de desintoxicación en nuestro cuerpo ayudando a deshacerse de los residuos tóxicos. El hígado es un órgano elástico e incluso después de que pierde algunas de sus células, debido a las enfermedades, que funciona en su mejor momento. Sin embargo, la enfermedad de hígado graso puede causar daños permanentes en el hígado, si no se controla por un largo tiempo.

El hígado graso es generalmente de dos tipos de alcohol y sin alcohol. Esto se debe a que esta enfermedad está causada mayormente por el alcoholismo. Cuando hay una acumulación de una gran cantidad de grasa en el hígado, sin ningún tipo de inflamación, es calledsteatosis. Sin embargo, cuando el hígado graso se acompaña de inflamación o las células del hígado están dañadas, es calledsteatohepatitis. Si thesteatohepatitisis no causada por el consumo de alcohol, se le llama orsteatohepatitis hígado graso no alcohólico.

La diabetes, la obesidad y el consumo incontrolado de alcohol se citan como las razones principales para la mayoría de los casos de hígado graso en y alrededor de los EE.UU.. Trastornos hereditarios del metabolismo, la incapacidad de resistir la insulina y los niveles altos de triglicéridos en la sangre también son algunas de las causas de hígado graso.

En las etapas iniciales, la enfermedad pasa desapercibida y esto aumenta las complicaciones a medida que evoluciona más en un problema importante. Varios síntomas comúnmente observados de enfermedades del hígado graso son:

Pérdida de peso irregular

Lapsus de memoria y el olvido

Dolor debajo de la caja torácica

El problema con el hígado graso es que casi no hay síntomas en las etapas iniciales de esta enfermedad. Una vez que el problema de la grasa dolencia hepática viene a la luz, es obligatorio tomar las precauciones necesarias. El diagnóstico consiste en ir por los análisis de sangre, TAC (tomografía axial computarizada), MRI (imágenes por resonancia magnética) y la biopsia hepática. Los análisis de sangre ayudan a los expertos médicos para determinar las posibles causas de hígado graso en el período inicial de la enfermedad. Por ejemplo, a través de un análisis de sangre se puede comprobar si la persona está sufriendo de cualquier tipo de inflamación en el hígado. Esto ayuda a reducir el riesgo de enfermedad de hígado graso severo y otros problemas relacionados, como encontrar los síntomas de la cirrosis hepática.

El tratamiento del hígado graso

El tratamiento de un hígado graso implica la eliminación de las posibles causas de la enfermedad. Por ejemplo, si el abuso de alcohol y drogas es la causa del hígado graso, el paciente tiene que asegurarse de que él / ella deja de consumir alcohol y drogas por completo. Si la persona es adicta a estos hábitos poco saludables, entonces él o ella debe mantenerse en un centro de rehabilitación de alcohol y tratarse con cuidado. Una vez que el consumo se ha detenido completamente, los síntomas de hígado graso desaparecen en un período de 6 a 8 meses. Si el paciente es obeso, debe intentar perder peso y ganar control sobre su dieta.

El hígado graso es una no muy difícil de curar a menos que el caso es extrema. Mediante la adopción de un estilo de vida saludable, se puede reducir fácilmente el riesgo de hígado graso. La protección de su hígado está totalmente en sus manos, por lo que no debe ignorar a toda costa. De esta manera, se puede lograr una buena salud y felicidad.

Última actualización: 8/29/2011

Enfermedades del Hígado Graso: Causas, síntomas y tratamiento

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Agrandamiento del hígado: Causas, síntomas y tratamiento

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Los primeros síntomas de la insuficiencia hepática

TITULO: Manifestaciones Hepáticas de las Enfermedades Reumáticas Autoinmunes

AUTOR: Abraham S, Begum S e Isenberg D

TITULO ORIGINAL: [Hepatic Manifestations of Autoimmune Rheumatic Diseases]

Finalmente, les presentamos algunas imágenes características que el médico busca en la exploración física y le ayuda a realizar un mejor diagnóstico.


Nuestro hígado "habla" a través de ciertos síntomas y dado que éstos pueden ser inespecíficos o específicos conviene familiarizarse con ellos.

El ritual médico de la consulta es una excelente oportunidad para que el paciente interactúe con el médico y saque “el mejor jugo posible” de los minutos que se le dedican.

Solo a través de la descripción ordenada y detallada de los síntomas, así como de la cuidadosa exploración física se puede alcanzar un buen diagnóstico.

Referencias Bibliográficas

  1. Argente. Álvarez: Semiología Médica.Fisiopatología, Semiotecnia y Propedeútica. México: Editorial Panamericana Editores; 2005.
  2. García-Conde J, Merino SJ, González MJ. Patología general. España: Mc Graw-Hill Interamericana Editores; 2004.
  3. Harrisson, F.A. Principios de medicina Interna.17ed. México: Mc Graw- Gill; 2008.
  4. McPhee SJ. Lingappa VR. Ganong WF. Lange JD. Fisiopatología médica. 4a.ed. México: Editorial El Manual Moderno; 2003.
  5. Nicoll Diana, McPhee SJ, et al. Manual de pruebas diagnósticas.4a. ed.México: Editorial El Manual Moderno; 2004.
  6. Ruiz Reyes, G. Fundamentos de interpretación clínica de los exámenes de laboratorio. México: ed. Médica Panamericana; 2006.
  7. Santín G. Atlas de Anatomía Radiológica. 5a EdiciónMéxico: McGraw-Hill,Interamericana Editores/Facultad de Medicina, UNAM; 2004.

Material Didáctico:

Dra. Fernanda García Alvarado.
Comité Editorial Amhigos del Hígado

El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo por su actividad metabólica. Tiene funciones destacadas como la síntesis de proteínas plasmáticas, desintoxicación, almacenaje de vitaminas, y glucógeno y secreción de bilis. También es el encargado de eliminar de la sangre sustancias que puedan resultar nocivas. Cuando sufre una lesión trata de repararse a sí mismo. En el proceso, se forma tejido cicatricial que sustituye al sano y evita que el hígado funcione correctamente. La cirrosis hepática, es justamente la cicatrización del hígado causada por el daño continuo de esta víscera a largo plazo.

La cirrosis hepática es una enfermedad crónica e irreversible que origina fibrosis y nódulos entre las células del hígado, lo que provoca cambios en su estructura y en sus funciones, ya que se bloquea la circulación de la sangre.

Existen varios factores que desencadenan una cirrosis hepática, pero el más común es el alcoholismo crónico. Ingerir alcohol en exceso puede hacer que el hígado se inflame, lo que con el tiempo puede conducir al desarrollo de la patología descrita.

La hepatitis viral crónica también origina cirrosis hepática. A los pacientes con hepatitis C se les hincha el hígado y con el paso del tiempo esa inflamación conduce a la patología. Se estima que una de cada cuatro personas con hepatitis C crónica sufre el trastorno. La hepatitis B y la hepatitis crónica D también pueden ocasionarla.

Otra causa de cirrosis hepática es el hígado graso no alcohólico. Esto ocurre cuando los lípidos se acumulan en el hígado (y no se consume alcohol) lo que provoca que el órgano aumente su tamaño. Los individuos con hígado graso no alcohólico casi siempre padecen otras enfermedades como la diabetes, la obesidad, el colesterol alto, problemas con la arteria coronaria y obesidad.

La enfermedad de la vías biliares es otro generador, pues evita que la bilis fluya hacia el intestino delgado. La bilis se acumula en el hígado y hace que se inflame. Entre las patologías de la vía biliar más comunes se encuentran la colangitis esclerosante primaria y la cirrosis biliar primaria.

Ciertas condiciones genéticas pueden conducir a la cirrosis hepática. Entre ellas están la enfermedad de Wilson, la hemocromatosis, la enfermedad de almacenamiento de glucógeno, la alfa-1 antitripsina y la hepatitis autoinmune.

Al inicio de la cirrosis hepática los pacientes no suelen experimentar síntomas, sino mientras ésta va avanzando. Es entonces cuando se presentan señales como debilidad y fatiga, pérdida de apetito, adelgazamiento, náuseas, vómitos, dolor e hinchazón abdominal.

También es posible notar como los vasos sanguíneos adquieren forma de araña en la superficie de la piel.

En estadio avanzado se comienzan a padecer síntomas más graves y a desencadenarse otras patologías como edemas, ascitis, hipertensión portal (aumento de presión sanguínea en la vena porta, la cual conecta los intestinos y el bazo con el hígado), moretones y hemorragias frecuentes. Igualmente, aparecen varices esofágicas y gastropatía, esplenomegalia, cálculos biliares, sensibilidad a los medicamentos y encefalopatía hepática.

La ictericia es un signo característico de los pacientes con cirrosis hepática avanzada. Esto ocurre cuando el hígado enfermo no elimina suficiente bilirrubina de la sangre, lo que hace que la piel y el blanco de los ojos tomen un color amarillento, así como un oscurecimiento de la orina.

La diabetes tipo 2 es otra patología asociada, pues se genera una resistencia a la insulina, lo que acaba provocando un exceso de glucosa en la sangre.

En los casos más severos, la cirrosis hepática conduce a un cáncer de hígado.

Lo principal para detectar la cirrosis hepática es analizar el historial del paciente y verificar si hay factores de riesgo presentes. Posteriormente se confirma a través de exámenes físicos, pruebas de sangre e imágenes radiográficas.

Durante el examen abdominal, el hígado puede sentirse duro o agrandado con acumulación de líquido en la cavidad abdominal.

El médico puede observar el hígado directamente haciendo una laparoscopia, es decir introduciendo un instrumento que tiene una cámara que transmite imágenes a un monitor.

La cirrosis hepática no tiene cura, pues el daño en el hígado es irreversible. El tratamiento se enfoca en evitar o controlar las complicaciones derivadas.

Entre las medidas a tomar destaca la reducción del consumo de alcohol. De igual manera, es fundamental evitar la aparición de otras enfermedades, para poder combatir más fácilmente las infecciones que pudieran presentarse. Es necesario que los cirróticos se vacunen contra las hepatitis A y B, la gripe y la neumonía neumocócica.

La alimentación es vital. La dieta del paciente con cirrosis hepática debe ser rica en frutas, verduras y cereales. Pueden requerir suplementos vitamínicos (vitaminas A, D y K). También recomiendan bajar el consumo de sal para evitar la retención de líquidos. También se debe restringir la ingesta de proteínas para no desarrollar una encefalopatía hepática.

La encefalopatía es un término general que significa enfermedad, daño o mal funcionamiento cerebral. Puede presentar un amplio espectro de síntomas, que van desde leves, como la pérdida de memoria o sutiles cambios de personalidad, a graves, tales como demencia, convulsiones, estado de coma o la muerte. En general, la encefalopatía se manifiesta por un estado mental alterado que a veces se acompaña de manifestaciones físicas, por ejemplo, la mala coordinación de los movimientos de las extremidades.

El término encefalopatía, en la mayoría de los casos, está precedido por varios términos que describen la razón, causa, o condiciones especiales del paciente. Por ejemplo, la encefalopatía anóxica significa daño cerebral por falta de oxígeno, y la encefalopatía hepática significa un mal funcionamiento cerebral debido a una enfermedad del hígado. En total, existen más de 150 términos diferentes en la literatura médica que modifican o preceden a la “encefalopatía”.

Las causas de la encefalopatía son numerosas y variadas, se incluyen infecciones, problemas metabólicos, toxinas, medicamentos, cambios fisiológicos, traumatismos, entre otras. De ahí que a menudo sea considerada como una complicación de un problema principal, como cirrosis hepática, insuficiencia renal, o anoxia.

El tratamiento temprano de muchos tipos de encefalopatía puede eliminar, reducir o detener los síntomas de la enfermedad. En muchas ocasiones, se puede prevenir evitando las causas primarias.

Las causas de la encefalopatía son numerosas y variadas, pero algunas de las principales incluyen:

  • Infecciones (bacterias, virus, parásitos)
  • Anoxia (falta de oxígeno en el cerebro, incluyendo causas traumáticas)
  • Alcoholismo (toxicidad del alcohol)
  • Condiciones hepáticas (por ejemplo, insuficiencia hepática o cáncer de hígado)
  • Trastornos renales (insuficiencia renal)
  • Enfermedades metabólicas (hiper o hipocalcemia, hipo o hipernatremia o hipo o hiperglucemia)
  • Tumores cerebrales
  • Algunos tipos de productos químicos tóxicos (mercurio, plomo, o amoníaco)
  • Alteraciones en la presión dentro del cerebro (a menudo asociadas con sangrado, tumores o abscesos)
  • Mala alimentación (ingesta inadecuada de vitamina B1)

Algunos medicamentos pueden causar encefalopatía, por ejemplo, el síndrome de la encefalopatía posterior reversible puede ocurrir debido al uso de medicamentos como el tacrolimus y ciclosporina. Este síndrome se manifiesta con síntomas de dolor de cabeza, confusión y convulsiones.

Aunque la encefalopatía puede presentarse acompañada de varios síntomas, al menos uno está presente en todos los casos. Se trata de un estado mental alterado. Este estado mental puede ser sutil y desarrollarse lentamente durante años o puede ser profundamente obvio y desarrollarse rápidamente, por ejemplo, la anoxia cerebral lleva al coma o la muerte en unos pocos minutos. A menudo, los signos de alteración del estado mental pueden manifestarse como falta de atención, falta de juicio o la mala coordinación de los movimientos.

Malas digestiones, hinchazón abdominal, nauseas especialmente después de comidas grasas, aumento de volumen alrededor del abdomen y estreñimiento. El síndrome de colón irritable, asociado con hinchazón abdominal y flatulencia con frecuencia se debe a un funcionamiento deficiente del hígado. Levantarse por las mañanas con mal aliento y lengua manchada, son signos que muestran que definitivamente su hígado necesita ayuda.

Desagradables cambios de humor, depresiones, mente nublada y dificultad para la concentración y memoria. Si el hígado trabaja con dificultad, cantidades excesivas de agentes tóxicos se abrirán paso hacía la corriente sanguínea pudiendo afectar al funcionamiento del cerebro.

Condiciones alérgicas tales como fiebre, urticaria, erupciones cutáneas y asma.

Dolores de cabeza. Desgraciadamente, los calmantes pueden empeorar el hígado ya que este es el órgano encargado de romper la estructura de todo tipo de drogas.

Tensión alta y retención de líquidos. Esto puede que sea difícil de controlar mediante una terapia médica. He podido comprobar como la Dieta de Limpieza del Hígado baja los niveles de presión arterial a niveles completamente normales sin la necesidad de utilizar ningún medicamento.

Hipoglucemia o nivel de azúcar en la sangre inestable. Un hígado irritado puede causar fluctuaciones inesperadas en el nivel de azúcar en la sangre, siendo un bajo nivel de glucosa el causante de fatiga, mareo, ligeros dolores de cabeza y necesidad de ingerir azúcar.

Incapacidad para tolerar comidas grasas, enfermedades y piedras en la vesícula biliar. Si se alimenta al hígado con demasiadas grasas saturadas o en mal estado, este intentará expulsarlas fuera del cuerpo a través de la bilis que fluye dentro de la vesícula y después al intestino delgado. Esto elevará el contenido de colesterol en la bilis y puede resultar en piedras en la vesícula (hechas de colesterol endurecido) e inflamación de la vesícula. Si el hígado no trabaja eficazmente, no producirá sales biliares suficientes para mantener el colesterol biliar en solución y entonces se producirán piedras en la vesícula.

Fatiga y síndrome de fatiga crónica. Cuando aquellas personas con cansancio no pueden encontrar una causa para su mal, en el 99% de tales casos encuentro que están ingiriendo demasiadas grasas saturadas o en mal estado y no suficiente cantidad de verdura y fruta.

Excesiva temperatura corporal, que puede que esté asociada con sudoración o fuerte transpiración.

Baja tolerancia al alcohol y a algunos medicamentos tales como los antibióticos.

Los Doce Principios Esenciales para Mejorar el Funcionamiento del Hígado

1.- Escucha a tu cuerpo. No comas si no tienes hambre. En su lugar toma un zumo natural, una fruta, una pequeña ensalada o un vaso de agua. De la misma manera, no pases hambre si tienes apetito. Muchas personas planean sus horarios alimenticios en torno al reloj y así comerán por ejemplo a las 8:00am, a la 1:00pm y a las 7:00pm., llueva o truene, con apetito o sin él. Es mucho más saludable establecer tus horarios de comida alrededor de tu apetito y darle poca importancia al reloj. Si tienes la costumbre de comer en horarios regulares cuando no tienes hambre, tu hígado trabajará en exceso y básicamente sufrirá con excesivo ajetreo.

2.- Bebe de 8 a 12 vasos diarios de agua mineral ya que ayuda a limpiar el hígado y los riñones y a perder peso. El cuerpo necesita pequeños y frecuentes sorbos de agua, de otra manera las células se encogen por deshidratación y sus membranas se secan. Las personas que no beben agua corren un riesgo mayor de contraer la enfermedad de Alzheimer. Evita grandes cantidades de líquidos durante las comidas.

3.- Evita consumir grandes cantidades de azúcar especialmente azúcar refinado, ya que el hígado lo convertirá en grasa y colesterol. La grasa puede ser causante de degeneración de los órganos o puede ser transportada a zonas tales como los muslos, glúteos y abdomen para su almacenamiento. Llegará un momento en el que los triglicéridos de la sangre serán demasiado elevados y esto está asociado con un incremento del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Evita todos los edulcorantes artificiales ya que son tóxicos para el hígado y causan hipoglucemia y fatiga. Si necesitas comer algo dulce, toma fruta fresca, fruta escarchada, miel o melazas.

4.- No te obsesiones midiendo las calorías. Si sigues los planes de comida y alimentos de la Dieta de Limpieza del Hígado, gradualmente tu hígado mejorará y en consecuencia, la pérdida de peso.

Es mucha más la gente que muere por comer por exceso que por defecto. Así que cojamos la costumbre de comer menos una vez que el apetito ha sido saciado.

Ignora la báscula del baño ya que el objetivo es limpiar el organismo y rejuvenecer todo el metabolismo, no solamente perder peso. La pérdida de peso vendrá de la mano con la mejora del funcionamiento del hígado. ¿Por qué preocuparse mirando lo rápido o lo lento que el cuerpo pierde peso?

5.- Evita los alimentos a los que puedas ser alérgico o que sepas por experiencias pasadas que no te sientan bien.

Mastica la comida lenta y concienzudamente, ya que la digestión empieza por la saliva cuando ésta se mezcla con los alimentos en la boca.

A medida que se envejece, la producción de ácido clorhídrico en el estómago es, a menudo, inadecuada para la eficiente digestión de las proteínas. Esto puede solucionarse bebiendo un vaso de agua que contenga una cucharadita de vinagre de sidra de manzana en todas las comidas (que contengan proteínas).

6.- Presta atención a la buena higiene intestinal ya que el hígado debe filtrar y destruir cualquier bacteria y virus presentes en la comida.

Demasiados organismos dañinos, tales como la salmonela y la bacteria shigella, pueden dañarnos seriamente e incluso dañar permanentemente el hígado. Para reducir este riesgo, come alimentos que sean frescos, y evita el recalentamiento regular de los alimentos, ya que un buen caldo de cultivo para las bacterias son los alimentos cocinados, especialmente la carne. No calientes nunca la comida más de una vez. Y siempre lávate las manos antes de comer.

Muchos alimentos procesados y empaquetados están llenos de conservantes, y aún así contienen organismos dañinos en estado latente. Tan pronto como estos alimentos llegan al intestino los conservantes desaparecen y el virus empieza a crecer en el intestino. Evita especialmente las carnes en conserva.

7.- No comas si te sientes tenso o ansioso ya que durante estos estados la corriente sanguínea es desviada de los intestinos e hígado a otras zonas del cuerpo.

8 .- comprueba si cerca de tu zona puedes adquirir productos biológicos frescos y libres de pesticidas. Si consumes huevos y pollo, que sean siempre de corral.

Compra productos que contengan ingredientes naturales y evita los alimentos procesados que contengan sustancias químicas artificiales tales como conservantes, colorantes, aromatizantes y edulcorantes artificiales.

9 .- obtén las proteínas de diferentes fuentes, incluidas las legumbres. La Dieta de Limpieza del Hígado contiene algo de pollo (preferiblemente de corral), pescado y huevos [esto es para proveer a los recién llegados a la Vida Sana con un estado de transición - Editor.] De todas formas hay muchos platos en los cuales la proteína se obtiene de las legumbres, granos, cereales, frutos secos y semillas. Las proteínas de primera clase procedentes de la combinación de estas fuentes son tan completas como las proteínas de origen animal y contienen los 8 aminoácidos esenciales.

Las legumbres son las alubias (tales como la alubia de soja o las habas, etc.), los guisantes, los garbanzos y las lentejas, que aportan proteínas de gran valor, ácidos grasos esenciales, fibra, hormonas vegetales, minerales y vitamina B.

Si estas demasiado ocupado para cocinar alubias, puedes comprarlas en lata, hay una gran variedad para elegir. Si las alubias enlatadas contienen demasiada sal y azúcar antes de usarlas acláralas con agua.

Semillas - linaza, girasol, sésamo y calabaza, todas son unas excelentes fuentes de ácidos grasos esenciales, proteínas, hormonas vegetales y fibra.

Las nueces son muy ricas en grasas insaturadas y deberían comerse sólo frescas y crudas. Si han sido peladas y expuestas al aire durante un tiempo prolongado su aceite se habrá vuelto rancio. Compra nueces empaquetadas con fecha de caducidad o nueces con su cáscara.

diferencias entre crestor y vytorin

Después de la experiencia de la cervecería, José continuó con el “gusto” por el alcohol, cuando comenzó a laborar en Ferrocarriles Nacionales de México, donde un día por poco y murió arrollado en las vías, mientras andaba alcoholizado.

Ya casado y con hijos, José dio al hospital por un problema con el aparato digestivo: le dejó de funcionar por la gran cantidad de alcohol que ingería.

En el hospital, la enfermera instaló un suero en el brazo de José y una sonda para sacar todo el alcohol que traía en su estómago. Su páncreas no funcionaba, y todo era por una descompensación alcohólica, combinada con una diabetes, ignorada hasta ese momento.

José rondaba los 30 años y había pasado la mitad en compañía del alcohol. La primera noche de hospital tuvo alucinaciones: “Me ponían suero y, cuando iban entrando las gotitas a mi cuerpo, yo veía que eran soldados que estaban apuntándome con un arma; hablaba a las enfermeras y no me hacían caso, entonces, me quité las mangueras del suero y me salí; llegué a la casa pensando que ya no iba a volver a tomar alcohol”.

Hoy tiene 66 años y 26 de pertenecer a un grupo de apoyo de Alcohólicos Anónimos, del Grupo Morelos. Llegó ahí por decisión propia, pero después de muchas situaciones que, como ocurría con su padre, hacía insostenible su estancia en casa, con su esposa e hijas. Comprendió que no era un “vicioso” o “borracho”, como le decían sus cercanos, sino que tenía una enfermedad.

“En el grupo, a través de compartir los problemas, me dan una solución para escuchar y tener una tribuna en donde nos subimos a compartir el vidrio que traigo adentro y me hace daño, y que lo tengo que sacar; entre todos, los problemas nos tocan de a menos”.

17% bebe alcohol de forma abusiva, cinco copas o más en una sola vez, según el mismo estudio

60% en secundaria y prepa bebió alguna vez (Encuesta Escolar sobre Adicciones 2012)

50% en Jalisco bebió alcohol en el último año, según la Encuesta Nacional de Adicciones

189 Mil jaliscienses son dependientes del alcohol, es decir, 65 de cada mil

7 mil jaliscienses reciben tratamiento por alguna adicción, de acuerdo con el Sisvea 2013

42% de ellos refirió que el alcohol fue la primera droga probada y casi nueve de cada 10 beben

15 mil tratamientos contó el Sisvea durante 2012, y 18 mil durante 2011

“No lo veo como un problema. Al contrario, a la larga va a ser mejor para mi salud”. Esta es la visión de vida que tiene Karen Viviana Serrano tras convivir por un año con la enfermedad del hígado graso no alcohólico.

por Juan MANUEL CORREDOR B.
jcorredor@vanguardialiberal.com.co

Lo que para ella, una bumanguesa de 27 años, 1.65 metros de altura y 65 kilogramos de peso, empezó con dolores en la boca del estómago, debilidad y sensación de desaliento durante el día; era un mal presagio de una gastritis. Lo que Karen Viviana Serrano no se imaginó era que se encontraría con una enfermedad que hasta ese momento desconocía.
La degeneración grasa del hígado, también conocida como infiltración grasa hepática o esteatosis hepática, es una enfermedad que hace parte o compone un desorden mayor: el síndrome metabólico.
El hígado graso es aquella acumulación de ácidos grasos y triglicéridos en las células hepáticas (hepatocitos). En otras palabras, el hígado presenta una acumulación de grasa no sólo en su parte externa, sino también con infiltración, haciendo que se resienta e inflame.

José Luis Plata Valdivieso, gastroenterólogo – hepatólogo del Instituto de Gastroenterología y Hepatología del Oriente Colombiano, Igho, y Jefe de trasplante hepático de la Fundación Cardiovascular de Colombia,

Esta enfermedad puede presentarse principalmente por la ingesta continua de alcohol, o como le sucedió a Karen Serrano, que sin ser consumidora de licor tiene la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
En nuestro medio, las personas con desórdenes metabólicos que presenten en su abdomen una obesidad central, que en hombres adultos supere los 90 cm y en mujeres adultas los 80 cm de perímetro abdominal, presentan la primera alerta para sospechar de síndrome metabólico y un posible caso de hígado graso.
En niños, por ejemplo, los casos de obesidad son patéticos. Algunos estudios indican que entre la población de 5 a 14 años el sobrepeso está entre 45% a 60%.
Otros componentes que encenderían las alarmas para esta patología son la presencia de glicemia elevada (azúcar elevado en la sangre), tener el colesterol y/o triglicéridos elevados de manera constante durante un tiempo prolongado (dyslipidemia) y tener la tensión arterial alta o hipertensión arterial.
Con esos parámetros de obesidad y uno de los componentes anteriores se hablaría de síndrome metabólico.
“Tras recurrir al médico de familia, este me envió a hacerme unos exámenes de sangre. En los resultados salió que tenía altos los niveles de Transaminasas (sustancias producidas principalmente en el hígado). Luego vinieron otros exámenes que evidenciaron inflamación del hígado y, por último, confirmamos la enfermedad”, describe Karen Serrano.
José Luis Plata Valdivieso, gastroenterólogo – hepatólogo del Instituto de Gastroenterología y Hepatología del Oriente Colombiano, Igho, y Jefe de trasplante hepático de la Fundación Cardiovascular de Colombia, explica que “el hígado graso no es una enfermedad exclusiva de las personas obesas”. Así como a Karen, una persona sin sobrepeso actual ni histórico le ocurrió, “muchos otros pacientes pueden presentar alteraciones metabólicas o diabéticas por un manejo inadecuado de grasas. El porcentaje en el mundo de personas delgadas o con peso normal con hígado graso ronda entre el cinco a siete por ciento”.

Las etapas de esta patología comprenden: hígado graso, esteatohepatitis (hepatitis por grasa), fibrosis, cirrosis y probabilidad de cáncer de hígado.

No es de la noche a la mañana
Según los expertos, el hígado graso no es una enfermedad per se. Si bien las personas que tengan una dieta inadecuada y vida sedentaria son más propensas a tener hígado graso, existen otros factores que inciden en esta patología.
La ingesta de cierto tipo de medicamentos, por ejemplo, los corticoides, algunos analgésicos, algunos para la presión arterial y medicamentos de tipo cardiovascular, entre otros, favorecen la presencia de la enfermedad.
Otra posibilidad es el sometimiento de personas obesas a cirugías bariátricas (para contrarrestar el sobrepeso), procedimiento que podría desencadenar en hígado graso, afirma este especialista.
También, con el tiempo, favorece la enfermedad del hígado graso el consumo de ciertos productos herbolarios o medicina alternativa, así como la exposición a sustancias orgánicas o tóxicas derivadas del petróleo.
Forma de tratar la enfermedad
Desde el día en que Karen Serrano fue diagnosticada, inmediatamente cambiaron sus hábitos alimenticios. Un paciente con hígado graso debe contrarrestar la enfermedad realizando dos tareas específicas: ejercicio, preferiblemente cardiovascular, y mantener una dieta balanceada. Expertos en el tema han demostrado que con sólo la realización de ejercicio y la alimentación adecuada se puede revertir la enfermedad grasa del hígado hasta en 75% de los pacientes, inclusive en la reducción y mejoría.
Sin embargo, el tratamiento para esta patología está supeditado al tipo de afectación que la causó o lo que ayudó a que se presentara: si es por hipertensión, colesterol elevado o triglicéridos elevados, trastorno del azúcar, hiperglisémico o diabético, enfermedades tiroideas, entre otros. Lo que sí es común a todos los pacientes con hígado graso es la prohibición de la ingesta de alcohol.
“Tener hígado graso no ha representado un problema en sí para mí. Al contrario, sé que a la larga va a ser mejor para mi organismo, pues impide que lo llene de alimentos grasos o dañinos. He pecado en consumirlos de vez en cuando, por ejemplo, hamburguesas e incluso trago, pero es como si llegase la muerte porque la sensación después de haberlos ingerido es horrible”, agrega Karen Serrano.
El especialista José Luis Plata explica que existe un informe de la sociedad hepática europea sobre “los beneficios” de la ingesta mínima de alcohol para tratar esta enfermedad. Sin embargo, según su experiencia, este informe es muy preliminar y tiene en cuenta las características europeas, más no las del hombre o paciente latino. Por tal razón no es recomendable para los colombianos consumir alcohol si se padece de hígado graso.
Lo que sí es benéfico es consumir café. Múltiples estudios hechos desde 2007 sobre prevención de enfermedades hepáticas, dentro de las cuales está el hígado graso, y especialmente en personas que consumen constantemente alcohol, tomar entre cinco a siete tazas de café al día ayuda a contrarrestar esta enfermedad. Esto excluye a pacientes con alguna enfermedad de tipo cardiovascular, psiquiátrico o mental a quienes se prohíbe la cafeína, agrega este gastroenterólogo-hepatólogo.

15 a 25% es el margen de probabilidad de que la enfermedad de hígado graso avance de fibrosis a cirrosis.

Alrededor del mundo
Se prevé que hacia 2020 el mayor número de pacientes que necesiten trasplante hepático no sea por consumo de alcohol, ni por cirrosis o por hepatitis C o B, sino básicamente será derivado de personas que tuvieron esteatohepatitis, enfermedad que condujo a cirrosis.

¿Tengo hígado graso?

La confirmación diagnóstica de hígado graso se puede hacer de dos maneras: el método invasivo y el no invasivo.
– Biopsia hepática (método invasivo), es el examen de mayor índice de certeza, pero su práctica posee un alto riesgo.
– Ecografía hepatobiliar: (método no invasivo).
– Fibromax y Fibrotex: (tipo serológico).
– Fibroscan: a través de un equipo similar al ecógrafo.
Cabe aclarar que a través de exámenes no invasivos se puede indicar la presencia de hígado graso, pero sólo el método invasivo podrá diagnosticarlo con certeza.

El alcoholismo es un problema de salud pública en todos los países desarrollados. El alcohol es una sustancia fácilmente disponible y su consumo está amparado por costumbres sociales y culturales. En España se relaciona directamente con unas 8.000 muertes al año, asociándose al 35% de los suicidios, al 75% de los casos de violencia doméstica y al 50% de los accidentes de tráfico.

El consumo abusivo de alcohol afecta a todo nuestro organismo, pero fundamentalmente al sistema nervioso central y al hígado. Se estima que en España existen alrededor de unos 3.000.000 de alcohólicos y unos 12.000 enfermos con cirrosis.

La hepatopatía alcohólica, o etílica, es el conjunto de enfermedades hepáticas producidas por el consumo excesivo de alcohol. En su desarrollo influyen la cantidad de alcohol consumida, el tiempo de consumo y la susceptibilidad de cada persona. El diagnóstico se basa en los síntomas del paciente y en pruebas complementarias (análisis, ecografías, biopsia hepática).

Un 90% del alcohol ingerido es metabolizado en el hígado. Cuando este órgano ve superada su capacidad depuradora por una cantidad excesiva de alcohol y esta situación se prolonga en el tiempo, se producen lesiones. Estas se deben básicamente a la acumulación de tóxicos y aumento de la oxidación en las células hepáticas.

La Organización Mundial de la Salud establece como consumo excesivo aquel que sobrepasa los 70 g de alcohol al día para los hombres y los 50 g/día para las mujeres. Los gramos de alcohol que uno consume dependen de la graduación de la bebida ingerida y de la cantidad que se ingiere. De forma aproximada y simplificada se puede recordar que un litro de vino son 80 g de alcohol, igual que 2 litros de cerveza son 80 g de alcohol y 200 cm3 de bebidas destiladas son 80 g de alcohol.

No. La severidad del daño hepático producido por el alcohol depende de factores individuales. Se sabe que, a iguales consumos, las mujeres son más propensas a desarrollar enfermedad hepática (el doble), posiblemente por la distinta distribución corporal de la grasa, y la distinta metabolización hepática y gástrica del alcohol. La obesidad también se asocia con una mayor afectación hepática y posiblemente también influyan factores hereditarios y dietas ricas en hierro. La coexistencia de otra causa de enfermedad hepática (hepatitis vírica, hemocromatosis, etc.) aumenta la frecuencia y gravedad de la lesión.

Por otro lado, no existe relación entre la tolerancia aguda al alcohol y el daño hepático; puede existir una enfermedad hepática sin episodios de embriaguez.

De forma resumida, podemos decir que existen tres enfermedades del hígado ocasionadas por el consumo excesivo de alcohol: la esteatosis hepática, la hepatitis alcohólica y la cirrosis.

La esteatosis hepática consiste en un acúmulo de grasa (triglicéridos) en el hígado como consecuencia del daño hepático. En este caso el paciente apenas tiene síntomas o presenta molestias inespecíficas, aunque en general existe un agrandamiento del hígado (hepatomegalia) y las pruebas analíticas se encuentran alteradas. En muchos casos se diagnostican sólo por las alteraciones analíticas.

La hepatitis alcohólica se debe a un daño hepático mayor con inflamación y destrucción de las células del hígado; aparece más bruscamente y puede ser muy grave. Los pacientes suelen presentar coloración amarillenta (ictericia), malestar general, náuseas, vómitos, dolor abdominal y fiebre.

Finalmente, la cirrosis asocia una importante destrucción de células hepáticas con un marcado proceso de cicatrización (fibrosis) que altera de forma importante la arquitectura del hígado, llegando a comprometer sus funciones. Inicialmente los pacientes pueden estar casi sin síntomas pero si su evolución prosigue pueden presentar acumulo de líquidos en el vientre (ascitis), hemorragias digestivas, trastornos de la conducta (encefalopatía) e incluso un tumor hepático.

El tratamiento fundamental es la abstinencia del alcohol. De hecho, si se deja de beber se aumenta la supervivencia de forma significativa. En las fases iniciales de la afectación hepática, el hígado se puede recuperar en su totalidad en muchos casos; en fases más avanzadas (cirrosis) se mejora la función del hígado, se impide su progresión y disminuyen las complicaciones.

En algunos pacientes puede ser necesario emplear otros tratamientos (medicamentos, tratamientos endoscópicos, punciones abdominales, etc.) e incluso realizar un trasplante hepático cuando la enfermedad continúa progresando a pesar de la abstinencia.

Cuando de forma asociada existen problemas de dependencia del alcohol, es difícil lograr la abstinencia, siendo preciso asociar otros tratamientos y realizar un control psiquiátrico junto al fundamental apoyo familiar y social.


E. Sánchez Hernández y J. Fernández Seara

Servicio de Aparato Digestivo. Complejo Hospitalario de Ourense

  • Sobrepeso y obesidad
  • Diabetes
  • Altos niveles de triglicéridos en la sangre
  • Hígado graso
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Ciertas hierbas y suplementos
  • Ciertos medicamentos recetados
  • Sexo sin protección
  • Perforaciones en el cuerpo
  • Tatuajes
  • Inyección de drogas con agujas compartidas
  • Trabajar con químicos o toxinas sin seguir las medidas de seguridad
  • Un trabajo que te expone a la sangre y fluidos corporales de otras personas
  • Transfusiones de sangre antes de 1992

Entre los síntomas de cáncer de hígado están: pérdida inexplicable de peso, fatiga, sentirse lleno después de comer poco, falta de apetito, dolor abdominal persistente, inflamación del área estomacal, coloración amarilla en la piel y ojos y una masa que puede sentirse en el hígado.

Tratamiento

El tratamiento del cáncer de hígado puede ser difícil debido a que es un órgano vital y muchas de las enfermedades que causan cáncer debilitan al hígado. Cuando no es posible una cura, el tratamiento puede ayudar a aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida.

Hay tres estrategias principales de tratamiento:

1. La cirugía para eliminar una porción del hígado

2. Radiación

3. Quimioterapia

La cirugía es la única forma de realmente curar el cáncer de hígado. Si el cáncer se ha extendido más allá del hígado, no es posible curarlo con cirugía.

La criocirugía, en la que el tumor literalmente es congelado hasta matarlo, también ofrece una nueva esperanza en algunos casos.

Los trasplantes de hígado son una opción para pacientes en las primeras etapas del cáncer.

  • Vacunarse contra la hepatitis B (incluidos los niños).
  • Prevenir infecciones de hepatitis C.
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Encontrar y tratar enfermedades hereditarias que causan cirrosis.
  • Sigue estos 8 consejos para prevenir el cáncer

El cáncer de hígado puede detectarse con análisis sanguíneos, ultrasonido, tomografía, resonancia magnética y biopsia.

El exceso de grasa causa inflamación y daña las células hasta desarrollar la condición conocida como hígado graso.

El hígado es la glándula u órgano más grande del cuerpo humano.

Es, después del cerebro, el órgano más complejo ya que realiza más de 500 funciones.

Una de las cuales es el metabolismo, o sea, la transformación de las grasas, carbohidratos, proteínas y minerales obtenidas de los alimentos.

La enfermedad del hígado graso es una condición caracterizada por una cantidad excesiva de grasa acumulada en el hígado.

Cuando la grasa acumulada es más del 5% – 10% del peso del hígado, se da un efecto adverso sobre la salud en general.

Hay dos tipos de enfermedad de hígado graso:

Enfermedad de hígado graso alcohólica (EHGA) causadas por el abuso del alcohol

Enfermedad de hígado graso no alcohólica (EHGNA) en personas que no consumen de forma excesiva bebidas alcohólicas.

Una dieta cargada de alimentos grasientos, frituras, alimentos ricos en azúcar y la falta de actividad física son las principales causas de la EHGNA.

El hígado graso no tratado puede conducir a enfermedades hepáticas más serias como la hepatitis y cirrosis hepática.

La obesidad, las dietas malsanas y consumir alcohol regularmente en cantidades moderadas o fuertes aumentan el riesgo de dicha enfermedad.

Otras afecciones que pueden causar hígado graso son:

Colesterol alto y triglicéridos.

Factores genéticos, es decir, la herencia familiar.

La desnutrición y una rápida pérdida de peso también pueden provocar que se presente la condición.

Las personas con sobrepeso de mediana edad con alguna de las condiciones anteriores se clasifican en el grupo de riesgo elevado.

No hay muchos síntomas visibles de esta enfermedad.

Puede haber dolor abdominal principalmente en la parte central o superior derecha del abdomen, cansancio, debilidad, pérdida de peso, pérdida del apetito, agrandamiento del hígado y decoloración de la piel en el cuello o debajo de los brazos.

La condición generalmente es diagnosticada por chequeos regulares de salud.

El diagnostico inicial se basa en un examen de sangre que incluye pruebas de función hepática.

La diagnosis puede ser confirmada por un ultrasonido, una tomografía computada y/o la biopsia respectiva del hígado.

Conocido como Yakrit en el Ayurveda, el hígado es considerado como el punto de origen del sistema circulatorio.

Síndrome antifosfolípido primario

El síndrome antifosfolípido primario (APS) se define por los hallazgos clínicos de trombosis arterial y venosa, abortos recurrentes y trombocitopenia, y la presencia de anticuerpos antifosfolípidos (aPL), principalmente anticuerpos anticardiolipina (aCL) y anticuerpos con actividad anticoagulante lúpica. Se observaron diversas anomalías en el hígado en asociación con el APS, tales como oclusión venosa hepática con el consiguiente síndrome de Budd Chiari.

Los anticuerpos también pueden tener importancia en la patogenia de otras lesiones hepáticas, algunas de las cuales tienen una base vascular e involucran los pequeños vasos intrahepáticos. En 1998, Pérez Ruiz y colaboradores sugirieron un posible papel de los aPL en la patogenia de la hiperplasia regenerativa nodular del hígado (NRHL), un trastorno raro, caracterizado por transformación micronodular difusa del parénquima hepático con una zona nodular demarcada por cordones comprimidos de células hepáticas.

Hasta la fecha, se comunicaron 10 pacientes con NRHL relacionada con aPL. Los patrones de presentación clínica incluyen alteraciones en las pruebas de función hepática o signos y síntomas de hipertensión portal. De manera que en sujetos con aPL que presentan pruebas de función hepática persistentemente alteradas o con signos y síntomas de hipertensión portal debe considerarse el diagnóstico de NRHL y la obtención de especímenes hepáticos para la evaluación histológica. Por otro lado, en pacientes con aPL también puede ocurrir un aumento de las enzimas hepáticas sin ninguna explicación evidente, presumiblemente por la formación de trombos de fibrina en los pequeños vasos intrahepáticos.

La polimiositis (PM) es un trastorno inflamatorio muscular autoinmune. El término dermatomiositis (DM) se aplica cuando la PM se asocia con una erupción cutánea característica. Un tercio de los casos se relaciona con diversas patologías reumáticas autoinmunes y un décimo con neoplasias. La incidencia de síndrome paraneoplásico es mayor en hombres, especialmente en aquellos con DM. Cualquier cáncer puede ser responsable de esta asociación, más comúnmente de pulmón, ovario, útero, tracto gastrointestinal, próstata y trastornos mieloproliferativos; sólo se informaron dos casos de carcinoma hepatocelular.

Las pruebas más importantes para establecer o confirmar el diagnóstico de DM o PM se basan en las mediciones de los niveles séricos de enzimas musculares, el electromiograma y la biopsia muscular. El ensayo enzimático más sensible es el de la creatininquinasa (CPK), aunque también están elevados los valores de transaminasas y lactato deshidrogenasa (LDH). En ausencia de determinaciones de CPK, el incremento en los niveles de las transaminasas y la LDH a menudo es atribuido en forma errónea a enfermedad hepática. De este modo, las miositis inflamatorias son algunas veces diagnosticadas como enfermedad hepática, con el retraso en el tratamiento apropiado.

En una comunicación de un caso se describió asociación entre PM y hepatitis crónica activa, y se informaron sólo 6 casos de PM relacionada con cirrosis biliar primaria (CBP) en mujeres. La CBP es una enfermedad hepática colestásica, crónicamente progresiva, de etiología desconocida, caracterizada por la obliteración inflamatoria de los conductos biliares intrahepáticos de mediano calibre, vinculada con diversos anticuerpos tales como anticuerpos antimitocondriales [AMA] (90%), factor reumatoideo (70%), anticuerpos anti-ADN desnaturalizado (22%) y que ocurre con predominio en mujeres de mediana edad. Por ende, en la evaluación de la PM debe prestarse atención al aumento en los niveles séricos de FAL, en vista de la posible asociación entre PM y CBP.

Las pruebas de función hepática pueden ser anormales en hasta el 6% de los pacientes con artritis reumatoidea (AR) y comprenden principalmente incrementos en los niveles séricos de FAL y gamma glutamiltransferasa. Los cambios histológicos hepáticos en la AR no son específicos e incluyen hiperplasia de las células de Kupffer, infiltración grasa e infiltración de las áreas periportales por células mononucleares. En un estudio donde se obtuvieron biopsias del hígado en 117 pacientes no seleccionados con AR, muchos de los cuales tenían pruebas de función hepática normales, se encontraron alteraciones histológicas en el 65%; se observó hepatitis reactiva en el 43% e hígado graso en el 22%. En otro ensayo, se evidenciaron cambios reactivos no específicos en el 74% de 31 pacientes con AR y sólo se halló enfermedad hepática definida en 4 sujetos.

El síndrome de Felty (AR, esplenomegalia y neutropenia), raramente compromete al hígado. En una serie con 12 pacientes, 5 presentaron hepatomegalia y aumento en los niveles de FAL, y 8 cambios histológicos con infiltración linfocítica difusa dentro de los sinusoides e hiperplasia de las células de Kupffer. Tres individuos tuvieron fibrosis periportal con infiltración linfocítica y uno cirrosis macronodular. No hubo correlación entre las alteraciones en las pruebas de función hepática y los hallazgos histológicos. La incidencia de compromiso hepático es desconocida, pero en una serie se encontró hepatomegalia en el 68% y anomalías en las pruebas de función hepática en el 25% de los pacientes estudiados.

La hipertensión portal con várices esofágicas y hemorragia gastrointestinal puede ser una complicación mayor del síndrome de Felty. También se comunicó la presencia de NRHL en este síndrome.

La esclerodermia es un trastorno reumático, autoinmune, multisistémico caracterizado por fibrosis de la piel y numerosos órganos, aunque el compromiso hepático es raro. La enfermedad hepática no se ha considerado un hallazgo significativo de la esclerodermia y, en series grandes, se observó mayor prevalencia de esta patología en las poblaciones utilizadas como grupo control. En una valoración prospectiva de la extensión del compromiso visceral en la esclerodermia, se encontró que 16 de 31 pacientes (52%) presentaban alteraciones en las pruebas de función hepática o prolongación del tiempo de protrombina. En una reseña de 727 individuos con esclerodermia, sólo 8 (1.1%) evidenciaban compromiso hepático.

La enfermedad del hígado que se asocia usualmente con esclerodermia es la CBP. Si bien la prevalencia de CBP en pacientes con esclerodermia no se ha aclarado, casi el 15% de aquellos con CBP han presentado esclerodermia, la mayoría en su variante limitada (cambios cutáneos leves y pérdida de la peristalsis esofágica). La relación entre CBP y esclerodermia parece ser más que una coincidencia y sugiere que estas dos patologías pueden tener en común una base autoinmune. Esto es avalado por estudios que indican que los anticuerpos anticentrómero (ACA) tienden a ocurrir en asociación con los AMA.

Los ACA se detectaron no sólo en esclerodermia, sino en otras enfermedades autoinmunes, incluso CBP. En un ensayo, 22 de 558 (3.9%) pacientes evidenciaron esclerodermia limitada con CBP, en el 59% de los cuales la esclerodermia limitada precedió el diagnóstico de CBP (en el 91% también se detectó síndrome de Sjögren) y todos (n = 22) tuvieron ACA. Se sugirió que la determinación de éstos podría indicar a los individuos con riesgo de aparición de esclerodermia limitada en el futuro y se propuso el acrónimo PACK, que engloba los componentes principales del síndrome (CBP, ACA, CREST y queratoconjuntivitis).

En este estudio, se ha sugerido, más que probado, una asociación específica entre CBP y esclerodermia limitada. Es probable que esta asociación sea genuina, ya que no se informó la aparición simultánea de esclerodermia limitada con otras formas de enfermedad hepática. Sin embargo, no se incluyó un grupo control con pacientes con otras patologías colestásicas y otras enfermedades del hígado de patogenia inmune.

La NRHL es una complicación rara en las personas con esclerodermia y si bien se ha mencionado ampliamente su asociación, sólo se comunicó un pequeño número de casos. Además, se propuso una nueva entidad clínica que consiste en esclerodermia limitada con NRHL y CBP. Se describieron casos de esclerodermia limitada asociada con NRHL y anomalías bioquímicas y serológicas características de la CBP.

La relación entre colangitis esclerosante primaria (PSC) y esclerodermia es extremadamente rara, pero puede esperarse sobre la base del amplio disturbio del tejido conectivo en la esclerodermia, con depósito anormal de colágeno en el epitelio de los conductos biliares. La mayoría de los sujetos con PSC permanecen asintomáticos por considerables períodos de tiempo, aun con evidencia de colestasis en las pruebas de función hepática. En la bibliografía sólo se encontró un caso de PSC en la esclerodermia. Hay una considerable superposición entre los hallazgos clínicos y bioquímicos de PSC y CBP.

Síndrome de Sjögren primario

El síndrome de Sjögren (SS) primario es una enfermedad autoinmune, inflamatoria crónica de las glándulas exocrinas, que afecta principalmente las glándulas lagrimales y salivales. Un limitado número de estudios evaluaron el compromiso hepático en esta patología. El SS se asoció con CBP, hepatitis crónica autoinmune y cirrosis criptogenética. Se comunicó una incidencia de enfermedad hepática en el SS primario (sin AR) del 6%. Más tarde, se demostró que la relación entre el SS primario con hepatitis crónica activa y cirrosis criptogenética fue del 22.2%. En un estudio de 300 pacientes con SS primario, se encontró que el 7% tenía evidencias de enfermedad hepática tanto subclínica (2%) como asintomática (3%), con aumento de las enzimas hepáticas; en el 6.6% se detectaron AMA por inmunofluorescencia. En el seguimiento durante 7 años de algunos de estos sujetos no hallaron cirrosis y concluyeron que el compromiso del hígado en individuos con SS primario es raro, subclínico y no lleva a la cirrosis, y que los AMA fueron los factores indicadores más sensibles de enfermedad hepática subyacente. Otro ensayo similar, con un pequeño número de pacientes, concluyó que las anormalidades en las pruebas de función hepática son comunes en el SS primario y que pueden indicar patología autoinmune subyacente del hígado.

Es bien conocida la existencia de una asociación entre CBP y SS primario, aunque no se sabe la prevalencia exacta de la CBP en este síndrome; en un estudio se encontró CBP en 5 de 80 (6%) personas con SS primario. El SS primario y la CBP comparten muchos hallazgos. En ambas enfermedades la inflamación comienza alrededor de los conductos y ambas poblaciones epiteliales expresan inapropiadamente moléculas de clase II del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA); las células T CD4+ predominan en las lesiones de cirrosis biliar grave y en las lesiones de las glándulas salivales en el SS primario. De modo que ambas enfermedades tienen mecanismos patogénicos comunes, a pesar de que su perfil de autoanticuerpos es diferente; en los pacientes con SS primario predominan los anticuerpos anti-Ro y anti-La, mientras que en la CBP lo hacen los AMA.

Durante largo tiempo se ha sospechado acerca del papel causal de las infecciones virales en el SS primario (principalmente herpesvirus y retrovirus). En 1992, se postuló una asociación entre el SS primario y el virus de la hepatitis C (HCV). Mediante reacción en cadena de polimerasa, la detección de viremia por HCV en pacientes con SS primario osciló entre 0% y 19%; significativamente mayor que la observada en la población general (1%). En comparación con los sujetos con SS primario sin infección por HCV, aquellos con este virus tuvieron una mayor prevalencia de compromiso hepático (100% en un estudio).

La detección de AMA en el suero de individuos con SS primario, con aumento de las enzimas hepáticas o sin él, sugiere en gran medida enfermedad hepática temprana. Las alteraciones en las pruebas de función hepática aisladas son frecuentes y podrían indicar enfermedad hepática autoinmune.

Las principales asociaciones de compromiso del hígado en las patologías reumáticas autoinmunes son las siguientes: síndrome de Budd Chiari, hepatoesplenomegalia, ictericia, incremento de transaminasas y NHRL en el APS; hepatomegalia, hipertensión portal, aumento de FAL, hiperplasia de células de Kupffer, esteatosis, fibrosis leve del tracto portal y NRHL en el síndrome de Felty; ictericia, aumento de FAL, hepatitis crónica activa y CBP en la miositis; aumento de FAL y gammaglutamiltransferasa, hiperplasia de células de Kupffer y esteatosis en la AR; hepatomegalia, prolongación del tiempo de protrombina, ictericia, incremento de enzimas hepáticas, cirrosis, CBP y NRHL en esclerodermia; aumento de las enzimas hepáticas, ictericia, CBP, hepatitis crónica activa y cirrosis criptogenética en SS primario, y hepatomegalia, ictericia, incremento de transaminasas, esteatosis y hepatitis crónica activa en el LES.

Si bien las manifestaciones hepáticas son raras, pueden ocurrir concomitantemente o en forma seriada; el médico clínico debe estar alerta sobre su existencia para realizar un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno.

En esta hoja se describen algunas pruebas comunes que se realizan para el diagnóstico o tratamiento de problemas hepáticos. El proveedor de atención médica le dirá cuáles son las pruebas que necesita.

Algunos procedimientos para examinar el hígado

A continuación se indican los procedimientos que se realizan para observar el estado o el funcionamiento del hígado y de los órganos relacionados con él (como la vesícula biliar o los conductos biliares).

La biopsia del hígado es un procedimiento para determinar si hay daños en el tejido hepático. Se utiliza una aguja para extraer una pequeña muestra de tejido del hígado. Esta muestra se examina en el laboratorio para determinar si hay señales de inflamación, formación de tejido cicatricial u otros problemas.

La tomografía computarizada muestra una imagen tridimensional del hígado y de la vesícula biliar que permite observar si hay cálculos (piedras), abscesos, anomalías en los vasos sanguíneos o tumores.

La colangiopancreatografía endoscópica retrógrada es un procedimiento que puede revelar si existe obstrucción o estrechamiento de los conductos biliares. Se inserta un endoscopio (un tubo pequeño y flexible) en la boca. El endoscopio se pasa a través del esófago y del estómago, hasta la parte superior del intestino delgado, donde desembocan los conductos biliares. Se introduce un tinte de contraste a través del endoscopio para facilitar la visualización de los conductos biliares en las radiografías. El médico puede tomar muestras de tejido o fluidos utilizando instrumentos introducidos en el endoscopio. Estas muestras se envían a un laboratorio para ser examinadas.

La gammagrafía hepatobiliar con ácido iminodiacético se utiliza para estudiar la función de la vesícula biliar o el hígado. Se inyecta en el cuerpo un líquido conocido como trazador o marcador radiactivo. A medida que este líquido se desplaza a través del hígado hacia la vesícula biliar y el intestino, puede verse en la gammagrafía. El marcador muestra donde hay ausencia o bloqueo de los conductos biliares y otros problemas.

La colangiopancreatografía por resonancia magnética es una prueba en la que se utilizan campos magnéticos fuertes para crear imágenes de los conductos biliares, el páncreas y la vesícula biliar. Puede revelar conductos biliares anormales o estrechados, o cálculos biliares.