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Aun así, la fosfata alcalina alta en perros no tiene todavía una explicación exacta de por qué sucede, aunque se sabe que hay una estrecha relación entre varias enfermedades y esta. Algunas enfermedades en el cánido relacionadas con esta enzima son las siguientes:

  • Laenfermedad de Cushing, que causa un exceso de la hormona de la adrenalina
  • Hepatitis infecciosa
  • Hiperplasia nodular, una enfermedad hepática crónica y benigna en donde se segrega fosfatasa alcalina de forma anormal

El tratamiento en nuestros amigos de cuatro patas es también similar, relacionándose más con la enfermedad que hay detrás que con el nivel de la enzima en sí.

En los gatos, un aumento de fosfatasa alcalina puede estar relacionado con la lipidosis hepática felina. Esta enfermedad consiste en la acumulación de grasas dentro del hígado, provocando una insuficiencia hepática que puede causar la muerte del animal. Esta enfermedad suele darse más en gatas hembras y en felinos adultos acostumbrados a comer alimentos de lata.

Lo más común es que se deba a un ayuno prolongado por parte del felino. Esta desnutrición puede suceder por varios motivos:

  • Estreñimiento
  • Gastroenteritis
  • Fiebre
  • Estrés, producido normalmente por algún cambio en su vida como una mudanza o la ausencia del dueño
  • Dolores producidos por golpes, enfermedades o la cirugía

En estos casos el tratamiento es complejo, pero se basa en administrar a nuestra mascota una dieta alta en proteínas de alta digestibilidad e hipercalórica.

Última revisión: 2010-02-03 por Dr. José María Ladero Quesada

¿Qué es la hepatitis?

Hepatitis es una palabra derivada del latín que designa la inflamación hepática. Se caracteriza por la destrucción de una cantidad variable de células hepáticas y por la presencia de células inflamatorias en el tejido del hígado. La hepatitis puede ser causada por enfermedades que atacan específicamente a las células, o como consecuencia de una enfermedad más generalizada, como la mononucleosis infecciosa. Las hepatitis pueden clasificarse en dos variedades de acuerdo con su duración: hepatitis aguda (que dura menos de 6 meses) y hepatitis crónica (que dura más de 6 meses).

¿Cuáles son las causas de hepatitis aguda?

Hay diversas causas de hepatitis aguda:

  • Infecciones por virus de hepatitis:Hepatitis A Hepatitis B Hepatitis C Hepatitis DHepatitis E
  • Otras enfermedades producidas por virus: como por ejemplo mononucleosis infecciosa por virus de Epstein-Barr o infección por citomegalovirus.
  • Infecciones bacterianas graves
  • Infecciones por amebas
  • Medicamentos (muchos); por ejemplo, intoxicación por paracetamol, por halotano (un anestésico de alta toxicidad).
  • Tóxicos
  • Alcohol
  • Setas venenosas, por ejemplo amanita phalloides

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¿Cuáles son las causas de hepatitis crónica?

Existen diferentes causas de hepatitis crónica

  • Padecer hepatitis víricas contagiosas:Hepatitis BHepatitis CHepatitis D
  • Medicamentos
  • Tóxicos, como el alcohol
  • Hepatitis auto inmune: en esta enfermedad resultan destruidas una parte de las células hepáticas por el ataque del propio sistema inmunitario del paciente. La hepatitis auto inmune puede manifestarse en algunas ocasiones como una hepatitis aguda, pero su evolución espontánea siempre es hacia la cronicidad. Es el único tipo de hepatitis que se considera crónica aunque no hayan transcurrido 6 meses desde su comienzo. La causa desencadenante es desconocida.
  • Trastornos congénitos del metabolismo.Enfermedad de Wilson (alteración del metabolismo del cobre).Hemocromatosis (alteración del metabolismo del hierro).

¿Cómo se adquiere la hepatitis?

Una persona puede sufrir hepatitis si se infecta con alguno de los virus que pueden causar inflamación hepática o como consecuencia de la exposición a productos que pueden originar hepatitis (alcohol, setas venenosas o determinados medicamentos).

Los medicamentos pueden producir hepatitis por dos mecanismos diferentes, ya sea por una dosis excesiva de un medicamento intrínsecamente tóxico si se toma en cantidades muy elevadas (por ejemplo, paracetamol), ya sea por una reacción anormal del hígado ante una dosis normal (por ejemplo, el anestésico Halotano). Afortunadamente el segundo mecanismo actúa en raras ocasiones y para prevenir el primero basta con no superar las dosis recomendadas.

Hepatitis aguda

Los síntomas de hepatitis aguda son muy variables de un enfermo a otro. Algunos no presentan ningún síntoma en absoluto y, en la mayoría de los casos, los niños tienen sólo síntomas leves.

En las fases iniciales:

  • Cansancio, malestar general, fiebre baja.
  • Náuseas, pérdida de apetito, alteraciones en la percepción de los sabores.
  • Molestia o dolor bajo el reborde costal derecho debido al aumento de tamaño del hígado.
  • Dolores musculares y articulares, dolor de cabeza, erupción cutánea.

La fase ictérica:

  • Color amarillento de las escleróticas (el "blanco" de los ojos), la piel y las membranas mucosas.
  • Orinas oscuras (como el coñac).
  • Heces más claras de lo normal.
  • Al iniciarse este periodo, los síntomas iniciales mejoran.

La fase de convalecencia:

  • Cansancio, que puede durar semanas.
  • En un 5 a 8% de los casos de hepatitis A se produce una recaída, generalmente más leve que el primer episodio.

Hepatitis crónica

  • Muchos enfermos no tienen síntomas
  • Cansancio, incremento de la necesidad de dormir, dolores musculares y articulares.
  • Molestias ligeras e intermitentes por debajo del borde de las costillas, debido al aumento de tamaño del hígado.
  • La ictericia es de aparición muy tardía en la hepatitis crónica. Indica enfermedad grave.

¿Cuáles son los síntomas de hepatitis? ¿Quién puede tener hepatitis?

  • Pacientes con ictericia u otros síntomas de posible aparición en la hepatitis
  • Personas que tienen muchas probabilidades de haberse contagiado por los virus de las hepatitis B o hepatitis C.
  • Personas con riesgo elevado debido a la existencia en sus familias de casos de hepatitis hereditaria (los trastornos del metabolismo citados anteriormente, por ejemplo).

¿Cómo se puede prevenir la hepatitis?

  • Evitando exponerse a los virus de las hepatitis infecciosas.
  • Vacunándose contra las hepatitis A y B si tiene usted un riesgo alto de contagiarse de tales virus.
  • Evitando consumir cantidades excesivas de alcohol.

¿Qué puede hacer el enfermo?

  • No beba alcohol si tiene síntomas de hepatitis o un análisis de sangre ha revelado que la enfermedad está activa.
  • Si la causa es el abuso de alcohol, debe dejar por completo de beber y pedir consejo a su médico para mantenerse abstemio.
  • Haga una alimentación equilibrada
  • Si tiene síntomas de hepatitis aguda, puede necesitar un cierto reposo. Sin embargo, si se encuentra bien no hay ningún motivo por el cual no pueda usted trabajar y seguir realizando sus demás actividades.
  • Si tiene usted hepatitis crónica trate de hacer una vida lo más normal posible.
  • Los enfermos con hepatitis B deben informar sobre ello a sus familiares, a sus compañeros sexuales y a las demás personas que convivan con ellos. Todas estar personas pueden protegerse vacunándose contra esta enfermedad. Hasta que la vacuna haga efecto debe utilizarse preservativo en las relaciones sexuales. Nunca se deben compartir objetos de higiene personal que puedan contaminarse con sangre (maquinillas de afeitar, corta-uñas, etc.).
  • Si usted tiene una hepatitis A debe informar sobre ello a su familia para que puedan protegerse mediante una higiene adecuada y, en algunos casos, con inyecciones de gammaglobulina. No obstante, cuando la hepatitis A entra en la fase ictérica la contagiosidad suele ser ya escasa o nula.
  • Si usted es consumidor de drogas por vía intravenosa, no comparta nunca el material de inyección. Reducirá con ello el riesgo de adquirir hepatitis y otras enfermedades infecciosas aún más graves.
  • Si padece usted hepatitis crónica debe visitar regularmente a su médico.

¿Cómo se diagnostica la hepatitis?

El diagnóstico se confirma mediante un análisis de sangre y, en algunas ocasiones resulta también necesario el estudio al microscopio de un trozo de tejido del hígado obtenido por medio de una biopsia hepática. Algunos de los análisis de sangre permiten identificar la causa de la enfermedad y excluir otras posibilidades. Otros análisis reflejan qué grado de actividad tiene la inflamación en ese momento.

En los casos de hepatitis crónica la intensidad y características de la lesión hepática sólo pueden establecerse mediante una biopsia hepática.

Las hepatitis agudas por el virus de la hepatitis A mejoran espontáneamente en la inmensa mayoría de los casos y nunca pasan a la cronicidad. La hepatitis aguda B suele evolucionar bien, pero el 5% de los pacientes desarrollan una hepatitis crónica (el riesgo es mayor en niños pequeños). La hepatitis aguda C suele dar pocos o ningún síntoma, pero aproximadamente el 70% de los casos se hacen crónicos. En conjunto, las hepatitis infecciosas tan sólo producen insuficiencia hepática aguda potencialmente mortal en menos de 1 caso de cada 300.

La hepatitis que aparece en el curso de la mononucleosis infecciosa siempre se cura espontáneamente.

La hepatitis aguda por medicamentos o alcohol suele mejorar una vez que cesa la exposición del hígado al producto responsable.

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c) Carencia de proteínas

El hígado es responsable de producir varias proteínas, incluyendo la albúmina. La falta de albúmina causa desnutrición y es uno de los factores que lleva a la formación de edemas y ascitis.

Otra proteína producida en el hígado es la vitamina K, que está relacionada con la coagulación de la sangre. Los pacientes con cirrosis avanzada presentan trastornos de coagulación y mayor facilidad de tener sangrados.

Los cuadros de hemorragia digestiva causados por ruptura de várices esofágicas suelen ser graves, ya que los pacientes, además de perder gran volumen de sangre, todavía tienen dificultad para detener el sangrado, ya que, además de las plaquetas bajas, también presentan deficiencia de los factores de coagulación.

d) Ginecomastia

El mal funcionamiento del hígado también cambia el equilibrio de las hormonas sexuales. El aumento de estrógeno causa la aparición de senos y pérdida de pelo corporal en los pacientes masculinos.

e) Otros síntomas

Todavía hay varios otros signos y síntomas relacionados con la cirrosis, entre ellos:

Síndrome hepatorrenal: insuficiencia renal aguda que ocurre en la cirrosis avanzada y generalmente indica un caso terminal. El paciente que desarrolla síndrome hepatorrenal tiene una supervivencia muy corta y el único tratamiento es el trasplante de hígado.

Eritema palmar: palmas de las manos rojizas.

Hipocratismo digital: uñas más anguladas, dando el aspecto de baquetas a los dedos.

Nefropatía por IgA: algunos pacientes con cirrosis pueden presentar una enfermedad renal causada por la acumulación de anticuerpos en los riñones.

Cáncer del hígado: pacientes con cirrosis están bajo mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado, especialmente si la cirrosis ha sido causada por el alcohol o la hepatitis viral.

La cirrosis en etapas tempranas puede ser asintomática. En las etapas finales, la mayoría de los signos y síntomas descritos anteriormente están presentes.

La severidad de la cirrosis es generalmente descrita por la escala de Child-Pugh que se basa en parámetros clínicos y de laboratorio.

Según estos resultados, los pacientes son clasificados en 3 clases: A, B y C, siendo esta última la más grave. Pacientes clasificados como Child C tiene una tasa de mortalidad de más del 60% en los próximos dos años.

También existe la clasificación MELD, basada en la severidad de los exámenes de sangre.

Tanto el Child como el MELD son modos de estandarizar la severidad de la cirrosis, sirviendo también como base para la lista de trasplante hepático que, hasta el momento, es el único tratamiento efectivo para la cirrosis.

El único tratamiento eficaz de la cirrosis es el trasplante de hígado, que solamente se indica en casos seleccionados.

Mientras el paciente espera para un trasplante, el tratamiento se realiza con el fin de controlar los síntomas y complicaciones. Ejemplos: para la ascitis y los edemas, pueden utilizarse diuréticos como espironolactona y furosemida. Para las varices del esófago, el tratamiento se realiza a través de endoscopia digestiva. Laxantes, como la lactulosa, ayudan a controlar la encefalopatía hepática.

Es importante que el paciente evite el consumo de alcohol y otros medicamentos nefrotóxicos.

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El hígado es uno de los órganos más importantes de tu cuerpo. También es el más grande: es casi del tamaño de un balón de fútbol americano. Se ubica tras la parte inferior derecha de las costillas, donde queda protegido de las lesiones.

El hígado funciona como la planta de procesamiento químico del cuerpo. Sus funciones son:

  • Convertir los nutrientes en sustancias químicas y proteínas que el cuerpo necesita para estar sano.
  • Almacenar los nutrientes de los alimentos que comes.
  • Metabolizar los medicamentos y el alcohol.
  • Eliminar los desechos de la sangre.
  • Producir las enzimas y la bilis que ayudan a digerir los alimentos.
  • Producir las proteínas que necesita el sistema inmunitario para ayudar a tu cuerpo a resistir las infecciones.

Para las personas VIH+, el hígado tiene una importancia vital, puesto que éste procesa muchos de los medicamentos utilizados para tratar el VIH. Lamentablemente, los medicamentos anti-VIH pueden provocar hepatotoxicidad (daño hepático), lo que puede evitar que el hígado funcione adecuadamente.

Además, las personas VIH+ pueden sufrir daño hepático o su hígado puede verse sobrecargado debido a:

  • Otros medicamentos de venta con receta médica, medicamentos de venta sin receta médica como el acetaminofeno (Tylenol), el uso frecuente de antibióticos o la exposición a sustancias químicas
  • Infecciones oportunistas (IO) relacionadas con el SIDA como el MAC (complejo Mycobacterium avium), la TB (tuberculosis), el CMV (citomegalovirus) o la criptosporidiosis
  • Hepatitis (inflamación del hígado) causada habitualmente por la infección con un virus, como la hepatitis A, B o C
  • Abuso de alcohol o drogas

Algunos problemas hepáticos ocurren sólo durante el embarazo o afectan a las mujeres más que a los hombres. Éstos son:

  • Cálculos biliares
  • Cirrosis biliar (daño en el conducto biliar)
  • Enfermedades hepáticas autoinmunes
  • Enfermedad de hígado graso no alcohólico
  • Adenomas hepáticos (tumores en el hígado)

Además, las mujeres tienden a desarrollar enfermedades hepáticas relacionadas con el alcohol, en particular cirrosis (cicatrices en el hígado) y hepatitis, después de un período más corto que los hombres.

Los anticonceptivos orales (píldoras anticonceptivas) pueden provocar un aumento en los adenomas hepáticos (tumores en el hígado) y las mujeres que tengan antecedentes significativos de estos tumores benignos (no cancerosos) no deben usarlos.

Los medicamentos anti-VIH de la clase de los inhibidores nucleósidos de la transcriptasa reversa (INTR) pueden tener efectos secundarios negativos que pueden llevar a problemas hepáticos. Uno de ellos es la toxicidad mitocondrial.

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Remedio para el hígado graso #13: Tomar a diario un vaso de linaza con anís

Remedio para el hígado graso #14: Hervir 10 gramos de hojas de diente de león por taza de agua, colar y tomar tres veces al día, después rl»las comidas

Remedio para el hígado graso #15: Consumir reishi o ganoderma lucidum el cual es un hongo chino conocido desde el siglo II antes de Cristo. Se comporta como regenerador de las células del hígado, ya que regula la circulación interna del mismo y estimula su limpieza, además de ser un perfecto antioxidante del órgano

Remedio para el hígado graso #16: Mezclar, en partes iguales, condurango; menta y cardo bendito. Extraer 1 cucharada de la mezcla y verter en una taza de agua que esté hirviendo. Tapar y dejar refrescar. Tomar tisana. Una taza después de cada comida.

Remedio para el hígado graso #17: Mezclar, en partes iguales, colombo; genciana, centaura y fumaria y extraer 10 gramos de la mezcla. Verter en una taza caliente y dejar en infusión. Tomar, aún caliente, 3 tazas al día; una antes de cada comida

Remedio para el hígado graso #18: Mezclar, en partes iguales, levístico; menta, abedul; cola de caballo y agracejo. Extraer 1 cucharada de esta mezcla y verter en una taza de agua que esté hirviendo. Tapar y dejar refrescar. Beber 3 veces al día.

Remedio para el hígado graso #19: Mezclar, a partes iguales, cardo bendito; centaura y polipodio. Extraer 1 cucharada de esta mezcla y colocar en una taza de agua que esté hirviendo. Tapar y dejar refrescar. Tomar 4 tazas al día, lejos de las comidas

Remedio para el hígado graso #20: Verter 1 cucharadita de flores de agrimonia en una taza que contenga agua que esté hirviendo. Tapar y dejar en infusión. Colar y tomar 2 taza al día. Este remedio no sólo es eficaz para el hígado graso sino que también puede combatir los cálculos biliares.

Remedio para el hígado graso #21: Hervir una cucharada de agracejo en un cuarto de litro de agua por 10 minutos. Pasado ese tiempo, tapar y deja refrescar. Tomar hasta medio litro al día

Remedio para el hígado graso #22: Mezclar, a partes iguales, polipodio, condurango, centaura, trébol de agua, agrimonia, boldo y cardo santo. Extraer 1 cucharada de la mezcla en una taza de agua que esté hirviendo. Tomar 3 tazas al día, lejos de las comidas

Remedio para el hígado graso #23: Consumir acelga ya sea cruda en ensaladas, hervidas en poca agua en caldo o incluidas en jugos con un poquito de limón

Remedio para el hígado graso #24: Hervir 50 g de hojas de madroño en 1 litro de agua durante 5 minutos. Colar y tomar 3 tazas al día

Remedio para el hígado graso #25: Realizar una decocción de 40 g de la planta de romero en 1 litro de agua que debe hervir durante 5 minutos. Luego colar y tomar 1 taza por la mañana en ayunas.

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Remedio para el hígado graso #26: Hervir en 1 litro de agua 30 g de verbena por 5 minutos y dejar reposar 15 minutos. Luego, colar y beber 3 tacitas al día.

Remedio para el hígado graso #27: Verter 1 cucharada de hojas seca de acedera en una taza de agua que esté hirviendo. Tapar y dejar refrescar. Colar y tomar 1 o 2 tazas al día. Este remedio activa las funciones no sólo del hígado sino también del intestino.. No se recomienda su consumo a los enfermos de arenillas o cálculos de oxalatos en los ríñones.

Remedio para el hígado graso #28: Extrar de un puñado de perifollo y varias hojas de diente de león su jugo y verter media taza de agua. Después, agregar el jugo de 1 zanahoria y mezclarlos. Beber este jugo a diario.

Remedio para el hígado graso #29: Verter 1 cucharada de flor de cuasia picada en una taza de agua y luego hervir durante 5 minutos. Beber una taza a diario por una semana. Después, consumir tomar 3 veces por semana.

Remedio para el hígado graso #30: Usar remedios homeopáticos como Chelidonium, Podophyllum, Berberís e Eiydrastis, Carduus Marianus y Digitalis.

Toda persona que sospecha que tiene hígado graso debe acudir a un especialista para que le confirme, mediante pruebas, si efectivamente lo padece. Si se determina que el hígado graso es consecuencia de una dieta incorrecta, es importante cambiar los hábitos alimenticios. En este caso, se recomienda:

Consumir alimentos ricos en vitamina del grupo B Algunas vitaminas del grupo B son fundamentales para que las enzimas hepáticas realicen bien sus funciones depurativas. En este sentido, se requiere vitamina B1 (cereales integrales y legumbres), B6 (frutos secos como las nueces, avellanas, levadura de cerveza, entre otros) y B12 (pescados, carne, lácteos, huevos…).

Consumir más fibra en la dieta, ya que facilita la eliminación del exceso de grasa y azúcares (cereales integrales).

Usar técnicas de cocción que permitan eliminar el exceso de grasa como cocinar al horno, al vapor, hervidas o a la plancha. Se debe evitar los fritos y los guisos elaborados con ingredientes ricos en grasa saturada como, por ejemplo, el chorizo o la morcilla. Preferir el uso de aceite de oliva virgen. Sus grasas monoinsaturadas (ácido oleico) y sus antioxidantes cuidan el hígado. Se puede tomar hasta 2 cucharadas al día.

Evitar el consumo de azúcar (principalmente provenientes de pasteles, galletas, etc., fabricados industrialmente).

Evitar la ingesta de bebidas alcohólicas.

Reducir el consumo de productos lácteos enteros y preferir, en su lugar, el yogur desnatado y el kéfir.

Evitar el abuso de las grasas de origen animal. Sin embargo, éstas son una rica fuente de proteínas. Una forma de sustituirlas es mediante el consumo de proteínas de origen vegetal (soja, quinoa, entre otros).

No abusar de los hidratos de carbono de absorción rápida (pan y arroces no integrales).

Conocer la terapia ortomolecular para la salud del hígado. Entre las terapias alternativas, existe una llamada ortomolecular que trabaja con diferentes vitaminas, minerales y suplementos naturales siendo los más recomendados para el hígado graso el L-carnitina y el S-adenosilmetionina.

Realizar ejercicio regularmente como caminar durante 30 minutos al día.

Es importante tomar acciones si se sufre de hígado graso, ya que, de lo contrario, se puede desarrollar una fibrosis hepática (un endurecimiento del órgano) y otros desórdenes internos e incluso existe un alto riesgo de padecer de problemas cardiovasculares.

Se sabe que el hígado, el gran depurador del organismo, ejecuta más de quinientas funciones diferentes aunque se sospecha que pueden ser muchas más. De ahí la enorme importancia de su estado para la salud. Con un hígado en mal estado es imposible encontrarse bien. Por eso es necesario ayudarle de vez en cuando con un ayuno moderado o una cura de desintoxicación. Le explicamos cómo hacerla.

Antes de explicar la eficacia de una desintoxicación hepática conviene recordar las características y actividades del hígado porque su función es absolutamente crucial para la vida. Hablamos de una glándula de gran tamaño -pesa alrededor de kilo y medio- que realiza multitud de actividades ligadas esencialmente al metabolismo intermediario. Podría decirse que es como una gran plataforma desde la que se liberan sustancias básicas para muy diversas funciones. Situada debajo del diafragma, ocupa la parte más alta de la cavidad abdominal, en el hipocondrio derecho. Su posición es además estratégica en la circulación ya que tiene una vascularización muy abundante.
Sus funciones básicas son cinco.
1) Actividad circulatoria. Se encarga de filtrar la sangre procedente del intestino depurándola.

2) Actividad secretora y excretora. Se encarga de producir bilis, sustancia encargada de:
-Facilitar la digestión de las grasas en el intestino.
-Permitir la absorción de vitaminas liposolubles.
-Metabolizar el colesterol y la bilirrubina.
-Equilibrar la acidez del quimo presente en el duodeno.
-Transportar la inmunoglobulina A a la mucosa intestinal.

3) Actividad metabólica. Participa en la metabolización de los carbohidratos, proteínas, lípidos, minerales y vitaminas. De hecho, el hígado es el encargado de convertir los carbohidratos y proteínas en grasas.
a) Las actividades específicas que desempeña en el metabolismo de los carbohidratos es la de:
-Almacenar glucógeno.
-Convertir galactosa y fructosa en glucosa.
-Elaborar distintos compuestos químicos.

b) En cuanto al metabolismo de los lípidos, sus funciones específicas son:
-La formación de la mayor parte de las lipoproteínas.
-La formación de colesterol y fosfolípidos.
-La gluconeogénesis

c) En cuanto a las proteínas se refiere, lo que el hígado hace es:
-Desaminar los aminoácidos.
-Fabricar urea para suprimir el amoniaco de los líquidos corporales.
-Formar la práctica totalidad de las proteínas plasmáticas.
Cabe añadir que aunque la mayor parte del metabolismo de los hidratos de carbono y de las grasas se produce en el hígado probablemente podríamos sobrevivir si esa función se interrumpiera; sin embargo, si el hígado no metabolizara las proteínas la persona moriría en pocos días.

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Vacunarse es la mejor manera de reducir su riesgo de infectarse por hepatitis B. Hay una vacuna segura y efectiva que se aplica en tres dosis, forma parte del Calendario Nacional de Vacunación y desde el año 2003 es obligatoria en los niños/as y a los 11 años para quienes no recibieron la vacuna al momento de nacer. Desde 2012 está disponible de forma gratuita para toda la población en los vacunatorios de todo el país.

Recordá que es importante que uses el preservativo desde el comienzo de todas tus relaciones
sexuales para prevenir el VIH y otras ITS( como la Hepatitis B).
Además podés prevenirlas si no compartís agujas o elementos cortopunzantes, y exigiendo
el uso de materiales descartables o esterilizados al hacerte tatuajes, piercings o implantes.
Por último, si estás embarazada pedile a tu médico que te haga los estudios necesarios para
que te detecte si tenés Hepatitis B a fin de que tome los recaudos necesarios para evitar
que se la contagies a tu bebé.

La Hepatitis C es una enfermedad del hígado causada por el virus de hepatitis C. Afecta directamente al hígado y puede causar daño al órgano y, en algunos casos, puede ocasionar la muerte.

Cuando una persona se infecta puede desarrollar una infección aguda que puede variar en gravedad desde una enfermedad muy leve con pocos o ningún síntoma hasta una afección grave que requiere hospitalización.

La hepatitis C aguda es una enfermedad que ocurre dentro de los primeros seis meses después que la persona quedó expuesta al virus. Aproximadamente el 75% al 85% de las personas que se infectan por el virus de la hepatitis C desarrollan una infección "crónica" o de por vida.

La hepatitis C crónica es una enfermedad que ocurre cuando el virus permanece en el cuerpo de la persona, posterior al cuadro de hepatitis C aguda. Con el tiempo, puede provocar problemas hepáticos graves incluyendo daños al hígado, cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.

La mayoría de las personas infectadas no tienen ningún síntoma o sólo tienen síntomas leves. Si los síntomas se presentan con una infección aguda, pueden aparecer en un plazo de dos semanas a seis meses después de la exposición. Los síntomas de la hepatitis C crónica pueden tardar hasta 30 años en desarrollarse. El daño al hígado puede ocurrir de manera silenciosa durante este tiempo. Cuando los síntomas aparecen, con frecuencia son un signo de enfermedad avanzada del hígado. Los síntomas tanto de la hepatitis C aguda como de la crónica pueden incluir:

Materia fecal de color más claro

Ojos y piel amarillos (ictericia)

Dolor del lado derecho del abdomen superior que puede irradiarse a la espalda

La hepatitis C se transmite fundamentalmente por el contacto con la sangre de una persona infectada. Por esto es importante no compartir jeringas, canutos o elementos cortopunzantes. Se debe exigir el uso de materiales esterilizados a la hora de hacerse un tatuaje o piercing.

También se transmite por vía sexual (vaginal, oral o anal), aunque es de muy baja incidencia.

Una madre que tiene hepatitis C puede transmitir la infección a sus hijos durante el embarazo y/o parto.

La hepatitis C se diagnostica por un análisis de sangre que detecta tanto la presencia del anticuerpo y como del virus mismo. No es un análisis de rutina, tenés que pedirle la prueba específica a tu médico.

Debido a que la hepatitis C aguda rara vez provoca síntomas, con frecuencia no es diagnosticada y, por lo tanto, tampoco es tratada. Cuando es diagnosticada, los médicos recomiendan descanso, una nutrición adecuada, líquidos y medicamentos antivirales en algunos casos. Las personas con hepatitis C crónica deben ser evaluadas por un médico especialista con regularidad en busca de signos de enfermedad del hígado. Aunque una persona no tenga síntomas o no se sienta enferma, el hígado igual podría resultar dañado. Existen medicamentos antivirales que pueden utilizarse para tratar a personas con hepatitis C crónica. Para muchos, el tratamiento puede tener éxito y puede ser curada.

Las personas con hepatitis C crónica deben consultar al médico con regularidad. También deben consultar a un profesional antes de tomar cualquier medicamento con receta o de venta libre (incluyendo suplementos a base de hierbas o vitaminas), ya que pueden ser dañinos para el hígado. Las personas con hepatitis C crónica también deben evitar beber alcohol debido a que puede acelerar el daño al hígado.

No hay una vacuna disponible actualmente para prevenir la hepatitis C.

Para reducir el riesgo de quedar expuesto el virus de la hepatitis C:

Evitá compartir agujas, canutos o elementos cortopunzantes

Usá preservativo desde el principio en todas tus relaciones sexuales (anales, orales y vaginales)

Exigí el uso de materiales esterilizados si vas a hacerte un tatuaje o piercing.

  • de alcohol a largo plazo el abuso

Otras causas de cirrosis pueden ser:

  • La hepatitis B
  • Medicamentos
  • El metabolismo de (hierro y cobre hemocromatosis y Enfermedad de Wilson)

  • Palidez o color de las heces de color arcilla
  • Debilidad
  • amarilla de la piel y / o los ojos (ictericia)

  • El exceso de tejido mamario
  • palmas de las manos rojas
  • venas dilatadas en la pared abdominal
  • piel y ojos amarillentos (ictericia)

  • La anemia

  • Ultrasonido del abdomen

Todos los pacientes con cirrosis pueden beneficiarse de ciertos cambios en el estilo de vida, incluyendo:

  • Deja de tomar alcohol.
  • Limitar la sal en su dieta.
  • Una dieta nutritiva.

Otras opciones de tratamiento disponibles para las complicaciones de la cirrosis:

  • La endoscopia superior

El síndrome de Gilbert es un trastorno hepático leve común en el que el hígado no procesa correctamente una sustancia llamada bilirrubina. La bilirrubina es producida por la descomposición de los glóbulos rojos.

El síndrome de Gilbert es causado por una mutación genética hereditaria. Uno nace con el síndrome de Gilbert, a pesar de que a menudo pasa sin descubrir por muchos años.

El síndrome de Gilbert es a menudo descubierto por accidente, como cuando tienes un examen de sangre que muestra niveles elevados de bilirrubina. El síndrome de Gilbert generalmente no requiere tratamiento y no causa complicaciones graves.

El síndrome de Gilbert también se conoce como disfunción hepática constitucional, bilirrubinemia benigna no conjugada y la ictericia no hemolítica familiar.

El síndrome de Gilbert no suele causar signos y síntomas. Si el síndrome de Gilbert hace que el nivel de bilirrubina en la sangre aumente lo suficiente, puede experimentar:

  • Un tinte amarillento en la piel y la esclerótica de los ojos (ictericia)
  • El dolor abdominal
  • fatiga
  • debilidad

Haga una cita con su médico si experimenta cualquier signo o síntoma que le preocupe. Los signos y síntomas tales como ictericia, dolor abdominal y fatiga tienen muchas causas posibles.

El síndrome de Gilbert generalmente no causa signos o síntomas, por lo que no se dan cuenta que tienen la enfermedad hasta que una prueba de sangre para alguna otra enfermedad o condición muestra un elevado nivel de bilirrubina. Si esto ocurre, discutir los resultados con su médico.

El síndrome de Gilbert es causado por un gen anormal que se hereda de sus padres. El gen controla una enzima que ayuda a descomponer la bilirrubina en el hígado. Con un gen ineficaz, cantidades excesivas de bilirrubina que se acumulan en su sangre.

La bilirrubina es un pigmento amarillento que se hizo cuando el cuerpo descompone los glóbulos rojos viejos. La bilirrubina viaja a través del torrente sanguíneo hasta el hígado. Normalmente, una enzima en las células del hígado descompone la bilirrubina y lo elimina de la circulación sanguínea. La bilirrubina pasa del hígado a los intestinos con la bilis. Es entonces excreta en las heces. Una pequeña cantidad de bilirrubina permanece en la sangre.

El gen anormal que causa el síndrome de Gilbert es común. Muchas personas son portadoras de una copia de este gen anormal. Dos copias anormales son necesarios para causar el síndrome de Gilbert. Si dos personas que cada uno de llevar una copia del gen anormal tiene un hijo, pueden pasar a lo largo del defecto genético que causa el síndrome de Gilbert.

Estos dos lóbulos se dividen en lóbulos menores, en los que hay pequeños vasos sanguíneos que desembocan en la vena hepática. Esta vena lleva la sangre a la vena cava inferior, vena que conduce la sangre a la mitad inferior del cuerpo. Además el hígado posee un canal para recoger la bilis que se origina, y sale del lóbulo en dirección opuesta.

El hígado tiene numerosas funciones, y es el mayor procesador químico del organismo. Es el órgano que debe tratar las sustancias tóxicas tanto internas como externas del organismo.

Además de estas funciones se ocupa de la descomposición de elementos químicos complejos; otra de su función es la de síntesis de moléculas proteicas. El hígado es un depurador de las toxinas del organismo, desactivando hormonas y drogas. Las células de Kupffer del hígado limpian al organismo de organismos infecciosos que vienen del abdomen.

Antes de nacer un bebé, y algunas semanas después del nacimiento, el hígado forma glóbulos rojos y blancos. Incluso si un adulto tiene problemas con la producción de sangre, el hígado puede volver a recuperar su antigua función de formador de sangre.

Cuando una persona produce o consume sustancias tóxicas endógenas o exógenas, el hígado es el encargado de modificar esas sustancias biológicamente activas para que pierdan su efecto biológico. En otras palabras el hígado es el órgano detoxificador por excelencia. Un ejemplo de esto lo tenemos en el alcohol. El alcohol tiene que se detoxificado en el hígado. Esto explica porqué el consumo excesivo de alcohol daña las células del hígado.

Un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando el hígado enferma lo tenemos en el aumento de hormonas como la aldosterona y estrógeno. Si el hígado está enfermo ya no puede neutralizar correctamente estas hormonas. La aldosterona tiene la función de mantener el correcto nivel de sal y de líquidos en el organismo. Cuando se produce una enfermedad hepática, aumenta la actividad de la aldosterona y provoca la hinchazón de los tejidos y la retención de agua.

Por otra parte, el exceso de estrógeno (hormona femenina) lleva al desarrollo de rasgos femeninos en hombres con enfermedades hepáticas, como por ejemplo la ginecomastia (desarrollo del tejido del pecho).

En el caso de los medicamentos también hay que tener un especial cuidado cuando el hígado está enfermo, ya que no tiene la suficiente capacidad para detoxificar la toxicidad que produce en el organismo ciertos fármacos.

Tarde o temprano los elementos nutritivos que el cuerpo recibe gracias a la alimentación y digestión pasan por el hígado. De la glucosa absorbida por el intestino el hígado fabrica glucógeno, y si hay un exceso de glucosa se transporta a las células adiposas del cuerpo para que se acumule como grasa. Por otra parte, la grasa que viene de los intestinos al hígado se utiliza con diversos fines; uno de estos la fabricación de colesterol, necesario para la elaboración de hormonas.

El hígado se encarga de elaborar un buen número de proteínas. Pero el hígado hace más que elaborar proteínas de los aminoácidos que proceden del intestino, también descompone los aminoácidos no deseados y los transforma en otros que el organismo más tarde si pueda necesitar.

Sabemos que lo que diferencia a las proteínas de los hidratos de carbono y de las grasas es que las proteínas en su composición contienen nitrógeno. Como el hígado tiene esta función de elaborar proteínas a través de los aminoácidos que le llegan del intestino, en este proceso se forma nitrógeno libre en forma tóxica, amoniaco. Pues bien, el hígado lo transforma en urea para después llevarlo a la corriente sanguínea donde los riñones terminarán de filtrarlo y eliminarlo.

En este brevísimo repaso de algunas funciones del hígado notamos la importancia de este órgano vital para nuestra salud. Para su correcto funcionamiento es preciso que la estructura básica del hígado no esté alterada, de modo que los hepatocitos cumplan correctamente su función.

Al hígado le da igual que tipo de alcohol se consuma, sea cerveza, vino o whisky. Metaboliza el 95% del alcohol que se ingiere.
La primera fase de enfermedad hepática por consumo de alcohol es el incremento de grasa en las células del hígado. El hígado graso tiene un aspecto grande y amarillo, pero gracias a que el hígado es un órgano con un gran poder de recuperación, si se deja de beber alcohol, el hígado puede volver a la normalidad.

Una segunda fase de enfermedad hepática por consumo de alcohol lo tenemos en la hepatitis alcohólica aguda. Por hepatitis se entiende la inflamación de las células hepáticas que puede llegar incluso a la muerte de estas células. Si se llega a esta fase el hígado es, por lo general, grande y blando. Entre los síntomas del paciente son: malestar, estado febril y a menudo se pone amarillo. En algunas ocasiones se puede desencadenar una encefalopatía hepática, es decir, el hígado falla por completo y aparece el coma.

La hepatitis alcohólica aguda puede llevar a una cirrosis hepática. Se puede llegar a esta situación sin que se presenten síntomas muy visibles, pero al final aparecerá el típico color amarillo de la piel causado por la ictericia, y las funciones del hígado empezarán a fallar.

Sabemos que el hígado tiene una gran capacidad de autocuración ante sus enfermedades, pero con la cirrosis hepática el problema se agudiza. La razón es que en la cirrosis hepática se forma por toda la estructura del hígado una fina red de tejido cicatrizal (fibrosis). Esta cicatrización fina divide las células del hígado en pequeñas islas o nódulos. Hemos señalado antes que es muy importante para la salud del hígado que se mantenga su estructura celular de forma regular, pero la fibrosis de la cirrosis provoca una interrupción permanente de esta estructura, la cual provoca la pérdida de la función del hígado.

Cuando se presenta una cirrosis hepática suele aparecer una complicación común: aumento de la presión de la vena porta. Los nódulos del hígado obstruyen los afluentes de la vena hepática e incrementan la resistencia al fluido sanguíneo, y por tanto elevan la presión de la vena porta.

Debido a esta hipertensión portal la sangre no fluye por el hígado de forma normal, de manera que la sangre se abre otros caminos para conseguir que la sangre de los intestinos vuelva al corazón por otras vías. Esto provoca toda una cascada de problemas. Estas venas agrandadas que se forman son anchas y de paredes finas. Suelen aparecer en el revestimiento del estómago, donde se denominan varices esofágicas. Otro problema es que debido al aumento de presión el bazo aumenta de tamaño. Pero el mayor peligro es que este tipo de venas se pueden romper, en especial las del esófago. Cuando sucede esto se produce una hemorragia a menudo difícil de solucionar, y la tasa de mortalidad por la hemorragia de varices esofágicas es muy alta.

Al principio la enfermedad es silenciosa sin dar síntomas durante meses o años. Las células hepáticas se están lesionando de forma silenciosa y lenta. Después aparecen los primeros síntomas:

  • Falta de apetito
  • Náuseas ante los alimentos grasientos
  • Estreñimiento acompañado de diarreas
  • Desarrollo anormal de gases en el intestino
  • Decaimiento y pérdida de peso
  • Síntomas claros de la cirrosis hepática
  • Después de estos primeros síntomas encontramos los síntomas más graves:
  • Adelgazamiento
  • Aumento del volumen del vientre provocado por el derrame del líquido ascítico en la cavidad abdominal (hasta 15-20 litros).
  • Reducción del tamaño del hígado
  • Engrosamiento del bazo
  • Ictericia
  • Prurito
  • Hemorragias frecuentes por roturas de venas esofágicas y gástricas, etc.

  • Insuficiencia cardiaca y renal
  • Y si el enfermo no ha fallecido ya, infecciones intercurrentes (pulmonías, septicimias, etc.)

En algunas ocasiones las células del hígado están sometidas a un gran estrés, lo que provoca una gran destrucción de hepatocitos. Esta situación produce una insuficiencia de células hepáticas que lleva a una alteración de las funciones del hígado. A esta deficiencia técnica de las funciones del hígado se la conoce como insuficiencia hepática.

Muchos casos de insuficiencia hepática tienen su origen en la hepatitis vírica, aunque sólo más o menos un 1% de esas infecciones acaba en insuficiencia hepática. Lo más común es que se produzca este problema al final de hepatopatías crónicas debidas a una infección provocada por una hemorragia gastrointestinal, un medicamento o el alcohol.

La insuficiencia hepática provoca una acumulación de productos tóxicos en el organismo ya que el hígado no puede cumplir bien con su misión detoxificante. Entre estos productos que aumentan está el amoniaco, el cual interfiere con las funciones del cerebro; y el paciente se queda amodorrado y luego pasa al coma. Mientras está amodorrado, se encuentra confuso y le temblarán las manos con lo que se llama temblor de aleteo.

Otro problema que produce la insuficiencia hepática es que el nivel de azúcar en sangre desciende, ya que el hígado no produce glucosa de forma normal. Como consecuencia se producen infecciones, los riñones empiezan a fallar y el cuerpo retiene líquidos. Como el hígado tiene la misión de producir sustancias coagulantes de la sangre, cada vez se hace más propenso el organismo a las hemorragias incontroladas, que pueden llevar a la muerte.

No olvidemos que el hígado tiene una gran capacidad de regeneración. Ante una insuficiencia hepática el hígado puede volver a recuperar su normalidad si ha sido provocada por una hepatitis vírica; incluso si las células del hígado se destruyeron durante la enfermedad.

La diferencia entre una insuficiencia hepática súbita y una cirrosis es que la estructura básica del hígado no se altera en la insuficiencia hepática. De modo que cuando las células del hígado se regeneren volverán a tener la estructura idónea para el normal funcionamiento del hígado.

Muchos virus son capaces de atacar al hígado y de producir como consecuencia la inflamación del hígado, es decir una hepatitis.
El más común es el llamado virus de la hepatitis A, pero hay otros como el de la hepatitis B, C, etc.

El virus de la hepatitis A es un diminuto virus de ARN que normalmente es transmitido por enfermos a través de la comida o la bebida infectadas. Se ha observado que los casos aumentan en otoño, y los más infectados suelen ser niños y jóvenes.
Hay un período de incubación de dos a siete semanas ente el contacto con el virus y la aparición de la hepatitis. Antes de aparecer los síntomas se suelen excretar por los infectados un gran número de virus en las heces, y esto puede provocar que se transmita la enfermedad a otros antes de que se den cuenta de su enfermedad.

Los pacientes con hepatitis A no desarrollan enfermedades hepáticas crónicas ni se convierten en portadores crónicos.

La hepatitis B, también llamada hepatitis serosa, la provoca un virus de ADN mayor que el de la hepatitis A. El contagio en este caso se produce a través de productos sanguíneos o secreciones.

La saliva, el semen, las lágrimas, secreciones vaginales, jeringuillas contaminadas, la leche materna y las transfusiones de sangre puede transportar el virus de la hepatitis B. El virus puede ser transmitido por un beso y por relaciones sexuales.

Un problema asociado a la hepatitis B es que el paciente una vez infectado puede transportar el virus y puede infectar de por vida.
El período de incubación de la hepatitis B es más largo que el de la hepatitis A.

Durante la primera semana el paciente se siente mal, cansado, mareado y con dolores articulares. Se suele presentar un desagrado por las comidas grasientas. Tras una semana, el paciente puede que se sienta mejor, pero aparece la ictericia y el hígado puede llegar a estar blando al tacto. La ictericia se aprecia en el blanco de los ojos y en las palmas de las manos.

Al hacer un recuento sanguíneo aparecerá un aumento de bilirrubina y de las enzimas hepáticas (transaminasas).

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Permite vivir en el paciente un proceso abstinencial sin sintomatología dolorosa, es decir, sin sufrimiento.

Al mismo tiempo que permite recuperar en el paciente sus procesos cognitivos y afectivos que habían sido alterados.

Permite por tanto, que el adicto al alcohol tenga una buena disposición a la psicoterapia, por no haber pasado por un tratamiento de desintoxicación con el malestar de la abstinencia, para que en definitiva, el paciente pueda tomar el control de su vida libre de alcohol.

El hígado inflamado es un trastorno muy común. Sus síntomas suelen ser muy diversos, algunas que las causas y el tratamiento para la inflamacion de higado. Descubre más sobre ello.

  • El hígado inflamado consiste en la inflamación y agrandamiento de este órgano.
  • Lo padecen muchas personas hoy en día. Su tratamiento médico depende de la causa de la inflamación.
  • Enfermedades hepáticas: Las principales enfermedades del hígado
  • Cáncer de hígado: qué es, síntomas, causas y tratamiento

Con el nombre de hepatomegalia se conoce médicamente a la inflamación del hígado. Es decir, cuando existe un agrandamiento o ensanchamiento del hígado más allá de lo que se considera como su tamaño normal. De esta forma, sus bordes superan sus límites considerados como normales, pudiendo causar a su vez determinadas molestias. No obstante, no siempre causa síntomas, de ahí que en muchos casos quizá no sea posible conocer que realmente el hígado está agrandado hasta que éste no evoluciona a etapas más graves.

De hecho, si la inflamación se deja progresar y se mantiene en el tiempo se pueden producir fibrosis, hasta progresar a cirrosis hepática, una afección aún más grave.

Si tenemos en cuenta la gran diversidad de funciones del hígado, en las que precisamente participa de forma activa este importantísimo órgano de nuestro cuerpo, nos damos cuenta en realidad de que son muchos los padecimientos que pueden llegar a afectarle, y que en definitiva pueden causar la presencia de un hígado inflamado. De hecho, se trata de una afección muy relacionada con el higado graso, pudiendo ser una de sus complicaciones principales.

Normalmente el borde inferior del hígado llega justo hasta el borde inferior de las costillas, sobre el lado derecho. Este borde suele ser en la mayoría de los casos delgado y firme, no siendo posible sentirlo con las puntas de los dedos cuando éstos se sitúan por debajo del borde de las costillas (a no ser que se tome una respiración profunda, en cuyo caso sí sería posible). Por tanto, el hígado está inflamado o agrandado si el médico puede sentirlo en esta área.

Como ya te comentábamos al comienzo de esta nota, nos encontramos ante un problema de salud más común de lo que se piensa, que médicamente es conocida con el nombre de hepatomegalia. Básicamente consiste en la inflamación hepática (o inflamación del hígado), lo que se traduce en que este órgano posee un tamaño mayor al considerado como normal.

Cuando el hígado se inflama es habitual que esté causado por otra enfermedad más grave, como por ejemplo podría ser como consecuencia de una acumulación excesiva de grasa en este órgano, o por una infección contraída por cualquiera de los virus que ocasionan hepatitis. No obstante, en la mayoría de las ocasiones no es fácil identificar la causa original que está causando la inflamación del hígado.

Cuando la inflamación del hígado no es grave, en la mayoría de los casos tiende a no producir síntomas. ¿Por qué? Muy sencillo: fundamentalmente porque el hígado no presenta terminaciones nerviosas. Pero cuando el hígado ha crecido mucho sí es posible notar algunas molestias o síntomas, sobre todo cuando éste empieza a invadir a otros órganos, como por ejemplo pueden ser el estómago o el páncreas.

Sea como fuere, cuando hablamos de los síntomas de la inflamación del hígado, podemos mencionar a los siguientes:

  • Sensación de malestar.
  • Dolor muscular.
  • Náuseas, con vómitos o mareos en ocasiones.
  • Dolor intenso.
  • Distensión abdominal.
  • Sensación de pesadez, situada en el abdomen del costado derecho.
  • Cuando el hígado inflamado avanza, se produce ictericia (consistente en la coloración amarillenta/anaranjada de la piel).
  • Cambio en el color de las heces o de la orina.

Las causas pueden ser en realidad sumamente diversas, dado que debemos tener en cuenta no solo la grandísima diversidad de funciones en las que participa y que realiza el hígado, sino que también existen muchos padecimientos, enfermedades y patologías que lo afectan.

Por tanto, las causas de la inflamación del hígado pueden ser las siguientes, sobre todo las más comunes:

  • Consumo de alcohol, lo que habitualmente genera a su vez hígado graso (conocida médicamente como esteatohepatitis hepática alcohólica).
  • Sobrepeso y obesidad.
  • Hepatitis: A, B y C.
  • Insuficiencia cardíaca congestiva.
  • Enfermedad por almacenamiento de glucógeno.
  • Mononucleosis infecciosa.
  • Sarcoidosis.
  • Carcinoma hepatocelular.
  • Síndrome de Reye.
  • Cirrosis biliar primaria.
  • Leucemia.
  • Enfermedad de Niemann-Pick.
  • Intolerancia hereditaria a la fructosa.
  • Esteatosis (hígado graso causado por obesidad, diabetes y triglicéridos altos).

Debemos tener en cuenta que el tratamiento del hígado inflamado debe pasar en primer lugar por el diagnóstico; es decir, por conocer cuál es la causa que haya provocado el agrandamiento del hígado. Una vez conocido, se establece un tratamiento cuyo objetivo es resolverlo o paliar sus síntomas.

Pongamos un ejemplo. En caso de hígado graso, es posible revertirlo siguiendo una dieta sana y baja en grasas, practicando ejercicio físico regular, evitando el consumo de alcohol y bajar de peso. De hecho, en caso de que ese hígado graso haya sido producido por el consumo de alcohol, es fundamental dejarlo para que no se siga dañando.

Desde un punto de vista natural, es posible ayudar a que el hígado se desinflame y vuelva a su tamaño normal. En muchos casos, sobretodo cuando existe acumulación de grasa, una opción útil es depurar el hígado.

Para ello, existen determinadas plantas medicinales que pueden ser de grandísima ayuda:

  • Alcachofa: ayuda en el proceso natural de depuración del hígado. Está recomendada además en caso de mala digestión de las grasas, ictericia e hígado perezoso.
  • Cardo mariano: contiene silimarina, que ayuda a la hora de proteger las células del hígado. Además, ayuda en el proceso de regeneración de las células hepáticas.
  • Diente de león: ayuda a la hora de tratar la inflamación del hígado, gracias a que es una hierba depurativa y muy diurética. Actúa como tónico, con ligero efecto laxante y además ayuda a aumentar la producción de bilis.
  • Regaliz: ejerce un interesantísimo efecto antiinflamatorio, a la vez que es hepatoprotector (es decir, protege el hígado de forma natural, en especial las células hepáticas).

Es una enfermedad muy frecuente que se caracteriza por la dependencia progresiva al alcohol.

El alcoholismo es una enfermedad, una adicción, es la dependencia física a la bebida y ocurre cuando ya la persona no controla su vida, ni su salud física y mental, sino que es el alcohol quien las controla.

El alcoholismo se diferencia del abuso de alcohol, que es cuando el consumo excesivo trae problemas de distinta índole (con la ley, laborales, etc), peor no necesariamente se llega a la adicción física.

En los Estados Unidos, aproximadamente, 1 de cada 6 personas tienen problemas con el alcohol.

No hay una única causa y si bien se cree que determinados genes podrían favorecer el riesgo de desarrollar la enfermedad, se desconoce exactamente cuáles son y como funcionan.

Las personas que tienen mayor riesgo de transformarse en alcohólicas son aquellas que:

  • Tomen más de 5 tragos (340 ml de cerveza, 140 ml de vino, 40 ml de licor) en una ocasión por lo menos una vez a la semana
  • Mujeres que tomen 12 tragos o más a la semana
  • Hombres que tomen 15 tragos o más a la semana
  • Tengan uno de los padres alcohólicos
  • Tienen poca autoestima
  • Son jóvenes presionados por su grupo de pares
  • Tienen problemas de relacionamiento interpersonal
  • Tienen esquizofrenia, trastornos de ansiedad o trastorno bipolar
  • Llevan una vida estresante
  • Tienen fácil acceso al alcohol
  • Viven en una cultura donde el consumo abusivo de alcohol esté socialmente acepatada

  • Ansiedad
  • Beber en soledad
  • No poder dejar de beber aunque se vea afectada la salud, la familia, el trabajo, etc.
  • Necesidad de beber cada vez más alcohol para sentir el efecto
  • Hostilidad al mencionarse el tema de la bebida
  • Excusas inventadas para seguir bebiendo
  • Dejar de participar en actividades por el alcohol
  • Inapetencia y poco interés por la comida
  • Necesidad de beber todos los días para poder llevar el día a día
  • Ausencias laborales o escolares o problemas de rendimiento como consecuencia del alcohol
  • Violentarse luego de beber
  • Intentar ocultar su consumo de alcohol
  • Descuido de la imagen personal, falta de interés en la higiene y el aspecto
  • Temblores matutinos o luego de pasar períodos sin consumo de alcohol
  • Necesidad progresiva de consumir más alcohol
  • Enfermedades asociadas con el alcohol como ser hepatopatía alcohólica
  • Lagunas mentales (lapsus de memoria) luego de beber mucho
  • Síntomas de abstinencia alcohólica tras no beber durante mucho tiempo

El objetivo principal del tratamiento es dejar de beber por completo, es decir la abstinencia. Para lograrlo, es preciso la contención y el apoyo familiar así como una fuerte red social.

Si bien la persona que tiene el problema de alcoholismo es la que tiene que tomar la decisión de tratarse para dejar su adicción, el apoyo del entorno es fundamental a ayudarlo, empujarlo a tomar la decisión. Para ello, muchas veces es importante hacerles ver que se está preocupado/a, demostrarle el daño que se está haciendo a sí mismo y a quienes lo quieren, etc.

Los tratamientos de recuperación del alcoholismo en general incluyen:

  • Apoyo para la salud mental
  • Terapias y asesoramiento para abordar la enfermedad, sus efectos y como controlarse
  • Atención médica

Los grupos de apoyo como Alcohólicos Anónimos son muy efectivos no sólo en ayudar y contener al alcohólico, sino también a su familia y entorno.

El alcoholismo es una enfermedad que no tiene cura, es decir que es crónica. Sin embargo, la persona puede dejar de beber y no volver a hacerlo nunca más, aunque los períodos de recaídas son frecuentes y esperables, pero ello no significa que esté curado. Ya que si bebe nuevamente, es muy probable que vuelva a recaer en el alcoholismo.

El alcoholismo es un serio problema de salud pública y social. Ya que la sociedad es muy hipócrita, al por un lado fomentar a través de la publicidad el consumo de alcohol y asociarlo con la felicidad y por otro darle la espalda al alcohólico.

El alcohol, sustancia psicoactiva con propiedades causantes de dependencia, se ha utilizado ampliamente en muchas culturas durante siglos. Sin embargo, el consumo nocivo de esta sustancia conlleva una pesada carga social y económica para las sociedades. Además, existen varias patologías mentales asociadas a su consumo. Una de ellas es el trastorno por consumo de alcohol.

Recientemente se han establecido relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH. Por otro lado, el consumo de alcohol por parte de una embarazada puede provocar síndrome alcohólico fetal y complicaciones prenatales. Como vemos, el alcohol puede causar graves problemas en la persona que lo consume de forma descontrolada.

El consumo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos. Está asociado con el riesgo de desarrollar problemas de salud mental, incluido el alcoholismo.

Asimismo, existen importantes enfermedades no transmisibles tales como la cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares relacionadas con su consumo descontrolado, traumatismos y accidentes de tráfico. Además, el alcohol repercute en la evolución de los trastornos que padecen muchas personas.

Nuestro cuerpo nos da señales y nos hace un llamado de que el hígado está perdiendo su capacidad de realizar una buena función por la cantidad de toxinas acumuladas y las más comunes son: dolor de cabeza, migraña, cólicos menstruales, sabor amargo en la boca, dolores articulares y musculares, fibromialgia, irritabilidad, intolerancia a las grasas, color amarillo de la piel y mucosas, cubierta amarilla en la lengua, ojeras oscuras debajo de los ojos, piel flácida, mala digestión de las grasas y pérdida de la agudeza visual.

Tenemos que tener en cuenta que el hígado es el órgano que gobierna la visión, los músculos, ligamentos, tendones y es considerado el padre de la fertilidad y el que controla la líbido (el apetito sexual). Además es el órgano que controla las emociones (depresión y melancolía) razón por la cual al día siguiente de una borrachera estamos temblorosos, nerviosos, miedosos, deprimidos y en conclusión el hombre tomador no sirve en la cama.

El hígado es el órgano más importante en la eliminación de las toxinas ya que se encarga de sacar de nuestro cuerpo las sustancias que pueden ocasionar cáncer y lo hace a través de la bilis por medio de un conducto que va del hígado hacia el intestino delgado llamado conducto colédoco.

Cuando la bilis está muy espesa no tiene la capacidad de fluir, ni circular correctamente entonces empieza a estancarse. Por lo tanto las toxinas no pueden ser transportadas y expulsadas fuera del hígado congestionándolo así de toxinas capaces de arriesgar, amenazar nuestra vida y generar en nuestro cuerpo con el tiempo un cáncer.

Las grasas animales, de alimentos fritos, la vitrina de la panadería, las margarinas de los pudines, las grasas vegetales parcialmente hidrogenadas de las galletas, las azucares y harinas refinadas, como el pan blanco, pancake, pasta, bollo, buñuelo, arepa harina, alcohol y cigarrillo son los factores que hacen que la bilis se vuelva espesa y destruya la capacidad que tiene el hígado de desintoxicar.

Si el hígado funciona bien, eliminando las toxinas hacia el intestino, pero tenemos una sola evacuación al día, dificultad para evacuar, las deposiciones son escasas, no hacemos absolutamente nada y estamos perdiendo el tiempo, porque estas toxinas estancadas en un intestino lento, perezoso, tóxico y sin fibra atraviesan la pared del colon y se reabsorben hacia el sistema linfático y la sangre creando una autointoxicación que significa volverse a envenenar con los desechos que ya deberían estar en el inodoro.

Cuando evacuamos una sola vez al día de manera escasa, con heces duras, secas, en tiritas, en bolitas, en cintas, con pujo, dolor y sangre indica colon lento y tóxico que acumula bacterias patógenas que producen una enzima que separa las toxinas de la bilis, dejando que estas queden libres en el intestino y sean reabsorbidas hacia la sangre. La enzima de estas bacterias patógenas se llama Beta-Glucoronidasa. Para prevenir la reabsorción de estas toxinas hacia la sangre debemos consumir muchos vegetales, que además de tener mucha fibra y prevenir una sola evacuación al día, contienen un ingrediente natural llamado Calcio-D-Glucarato, que inhibe la actividad de esta enzima. El carbón vegetal también se une a la bilis y evita que las toxinas sean reabsorbidas hacia la sangre.

El hígado entra en peligro cuando la bilis empieza a volverse espesa ya que esta se estanca y se coagula formando los cálculos biliares generando un hígado graso, enfermedad degenerativa que se le conoce con el nombre de esteatosis hepática y, que según la medicina moderna, no tiene cura, cosa que es un mito falso.

Consejo de la semana. El hígado desintoxica al cuerpo de las sustancias que pueden producir cáncer.

La bilis es fabricada por el hígado a partir de colesterol, lecitina, bilirrubina, sales biliares y agua. Si nos pasamos de colesterol en esta fórmula que sería el aumento en el consumo de carnes animales, la bilis se torna espesa por lo tanto necesitaríamos mucha cantidad de lecitina que es la grasa que se encuentra en las cascaras de los granos y cereales para poder hacer que esta se vuelva soluble y bien líquida para que circule libremente hacia el intestino, evitando así una pobre función hepática.

Algunos alimentos que ayudan a darle soporte para desintoxicar nuestro hígado son: familia de las crucíferas(repollo, coliflor, brócoli, espárragos), remolacha, pescado de agua fría (salmón, sardina, trucha), ajo, cebolla, cebollín, aceite de la semilla de: cáñamo, ajonjolí, linaza, girasol, cártamo, nueces, almendras, avellanas, germen de trigo, frutas cítricas, vegetales verdes y mucha lecitina de soya.

Hemangioma hepático es una masa no cancerosos (benignos) que se produce en el hígado. Un hemangioma hígado se compone de una maraña de vasos sanguíneos. Hemangioma del hígado a veces se llama hemangioma hepático o hemangioma cavernoso.

La mayoría de los casos de hemangioma hepático se descubren durante un examen o procedimiento por cualquier otra condición. La mayoría de la gente que tiene un hemangioma hepático nunca experimentan signos y síntomas y no necesitan tratamiento.

Puede ser inquietante saber que tiene una masa en el hígado, incluso si es una masa benigna.No hay evidencia de que un hemangioma hepático no tratada puede conducir a cáncer de hígado.

En la mayoría de los casos, hemangioma del hígado no causa ningún signo o síntoma.

Cuando un hemangioma hepático cursa con signos y síntomas, éstos pueden incluir:

  • Dolor en el abdomen superior derecho
  • Sensación de llenura después de comer sólo una pequeña cantidad de alimento
  • La falta de apetito
  • Náusea
  • Vómitos

Sin embargo, estos síntomas no son específicos y pueden deberse a otra cosa, incluso si usted tiene un hemangioma hepático.

Cuándo consultar a un médico
Haga una cita con su médico si experimenta cualquier signo persistente y síntomas que le preocupan.

No está claro lo que causa un hemangioma del hígado para formar. Los médicos creen que el hemangioma hepático es congénita – lo que significa que lo que se nace con ella.

Hemangioma del hígado por lo general se produce como una sola colección anormal de los vasos sanguíneos que es menor de aproximadamente 1,5 pulgadas (alrededor de 4 centímetros) de ancho. De vez en cuando los hemangiomas hepáticos pueden ser más grandes o se producen en múltiplos.

En la mayoría de las personas, hemangioma hepático nunca va a crecer y no causar ningún signo o síntoma. Pero en un pequeño número de personas, hemangioma hepático crecerá a causar complicaciones y requerir tratamiento. No está claro por qué sucede esto.

Los factores que pueden aumentar el riesgo de que el hemangioma hepático ocasionará signos y síntomas incluyen:

  • Su edad. hemangioma hepático puede ser diagnosticada a cualquier edad, pero se diagnostica con mayor frecuencia en personas de edades comprendidas entre 30 a 50.
  • Tu sexo. Las mujeres son más propensas a ser diagnosticadas con hemangioma hepático que los hombres.
  • Embarazo. Las mujeres que han estado embarazadas son más propensas a ser diagnosticadas con un hemangioma del hígado que las mujeres que nunca han estado embarazadas. Se cree que la hormona estrógeno, que se eleva durante el embarazo, puede desempeñar un papel en el crecimiento hemangioma hígado.
  • Terapia de reemplazo hormonal. Las mujeres que usaban terapia de reemplazo hormonal para los síntomas de la menopausia pueden ser más propensos a ser diagnosticados con hemangioma hepático que las mujeres que no lo hicieron.

Las complicaciones que se producen durante el embarazo
Las mujeres que han sido diagnosticadas con hemangioma hepático se enfrentan a un riesgo de complicaciones si se quedan embarazadas. La hormona femenina estrógeno, que aumenta durante el embarazo, se cree que causa algunos hemangiomas hepáticos que se hacen más grandes. Un hemangioma en crecimiento puede causar signos y síntomas y puede requerir tratamiento.

Tener un hemangioma hepático no significa que usted no puede quedar embarazada. Sin embargo, la discusión de las posibles complicaciones con su médico puede ayudarle a tomar una decisión más informada.

Las complicaciones relacionadas con la terapia hormonal
Los medicamentos que afectan los niveles de hormonas en su cuerpo, como las píldoras anticonceptivas, pueden causar complicaciones si usted ha sido diagnosticado con hemangioma hepático. Pero esto es controversial. Si estás pensando en este tipo de medicamentos, sobre los beneficios y riesgos con su médico.

La mayoría de los hemangiomas hepáticos se descubren durante un examen o procedimiento para otra cosa. Si se cree que tiene una masa en el hígado, es posible que sea derivado a un médico que se especializa en el sistema digestivo (gastroenterólogo) o uno que se especializa en el hígado (hepatólogo).

Aquí hay alguna información para ayudarle a prepararse para su cita y saber qué esperar de su médico.

Lo que puedes hacer

  • Esté al tanto de cualquier restricción previa cita. Cuando haga la cita, asegúrese de preguntar si hay algo que tiene que hacer con antelación, como restringir su dieta.
  • Anote los síntomas que está experimentando. La mayoría de las personas con hemangioma hepático no tienen ningún signo o síntoma.
  • Haga una lista de todos los medicamentos, vitaminas y suplementos que usted esté tomando.
  • Tome un familiar o amigo. Puede ser difícil recordar toda la información facilitada durante la cita. Alguien que le acompaña puede recordar algo que se perdió u olvidó.
  • Anote las preguntas para preguntar a su médico.

Para hemangioma hepático, algunas preguntas básicas para preguntar a su médico incluyen:

  • ¿Cuál es el tamaño de mi hemangioma del hígado?
  • ¿Tengo un hemangioma hepático o múltiples hemangiomas?
  • ¿Está creciendo mi hemangioma del hígado?
  • ¿Qué pruebas adicionales se necesitan?
  • ¿Necesito tratamiento para mi hemangioma del hígado?
  • ¿Qué pasa si no tengo el tratamiento?
  • ¿Cuáles son las opciones de tratamiento?
  • ¿Hay folletos u otro material impreso que puedo llevar conmigo? ¿Qué sitios web me recomienda?
  • Lo que va a determinar si debería planificar una visita de seguimiento?
  • ¿Existen medicamentos que pueden empeorar mi hemangioma?
  • ¿Mis síntomas del hemangioma?

No dude en hacer cualquier otra pregunta que tenga.

¿Qué esperar de su médico
Su médico probablemente le preguntará una serie de preguntas, entre ellas:

  • ¿Ha tenido dolor, náuseas, pérdida del apetito o la sensación de saciedad después de comer poco?
  • ¿Ha estado embarazada?
  • ¿Ha utilizado la terapia de reemplazo hormonal?

Las pruebas y procedimientos que se utilizan para diagnosticar hemangioma del hígado incluyen:

  • Ultrasonido
  • Tomografía computarizada
  • Imágenes por resonancia magnética
  • Computerizada de emisión de tomografía de fotón único

Otros exámenes y procedimientos pueden ser utilizados en función de su situación.

Es cierto que la investigación ha demostrado que el consumo moderado del alcohol puede tener ciertos beneficios. El consumo moderado sería una copa de vino al día o dos cervezas.

Por tanto, lo que no tiene ningún beneficio es el alcoholismo, es decir, el consumo frecuente y en exceso. Aunque me centraré más en los beneficios en otro artículo, uno de los beneficios del consumo moderado es la longevidad.

En 2010, un estudio a largo plazo en población de la tercera edad, confirmó los efectos beneficiosos de beber moderadamente. Tanto los abstemios como los alcohólicos, mostraron un incremento de la tasa de mortalidad del 50% sobre los bebedores moderados.

Otros estudios con animales han encontrado un incremento de longevidad con la exposición a varios tipos de alcohol.

Como mencioné en un artículo que escribí sobre la cerveza, lo recomendable es 2 vasos al día.

Otros posibles beneficios demostrados en investigaciones han sido (con consumo moderado, con consumo excesivo los beneficios se convierten en perjuicios):

Cuando un conjunto de personas no obtiene de su medio físico la satisfacción de las necesidades en el orden material, sufre consecuencias que se expresan en el orden médico; tenemos allí una "población enferma". Cuando estas necesidades insatisfechas operan en el orden social, nos encontramos con una "sociedad enferma". A este tipo de patologías se las engloba dentro de lo que se llaman enfermedades sociales.

Estas enfermedades son producto de la crisis que vive una sociedad. En la actualidad, nos encontramos con una sociedad materialista, consumista e individualista en la que se han trastocado los valores. Esta "era del vacío" es la generadora de enfermedades, en donde el sujeto no encuentra salidas sanas y busca válvulas de escape en el alcohol, las drogas y muchas otras formas de autoagresión.

Entre las enfermedades sociales describiremos:

Es una enfermedad que supone una intoxicación con alcohol etílico en forma prolongada y habitual y una dificultad para dejar de beber.

Durante los períodos de intoxicación se presenta un deterioro de la actividad y un aumento de la irritabilidad y de la agresividad.

Esta enfermedad comienza con un exceso en la ingesta de alcohol. La tolerancia significa que la persona se va acostumbrando a beber cada vez más y necesita ir aumentando la cantidad para obtener los mismos efectos a medida que pasa el tiempo. Durante este proceso, el individuo puede seguir haciendo su trabajo sin que nadie note que ha bebido.

La dependencia psicológica se manifiesta en:

* Predominio de beber por encima de otras actividades.

* La bebida ocupa el primer plano en la vida del sujeto; el resto (familia, trabajo, recreación, etc.) ocupa un lugar secundario.

* Compulsión a beber, sin poder parar. En este momento no se da cuenta de que ya no controla la ingesta de la bebida, ya no puede detenerse y fracasa en cada uno de sus intentos de dejar de beber. Si consigue abandonar la bebida lo hace por un corto período, los síntomas de la abstinencia se presentan rápidamente y hay muchas probabilidades de que vuelva a beber.

* La máxima manifestación de la dependencia la representa la abstinencia. Esta se manifiesta a través de un malestar general, sensación de desazón, anhelo de beber, temblor de manos, vómitos, mareos, etc. que se calman con la primera gota de bebida. El delirium tremens es un estado psicótico agudo producido tras un cuadro de abstinencia repentina. Este cuadro comienza con un período de ansiedad, inquietud, incoordinación motora y finalmente, delirios y alucinaciones. (vive como si soñara despierto, se siente perseguido por animales e insectos). Esta sugestión lo lleva a sentir que su habitación se agrieta, el techo se derrumba; a estas sensaciones se le agregan: aumento de tensión, de la presión arterial, temblores, deshidratación; hasta que finalmente cae al suelo, presentando un cuadro del tipo epiléptico.

Un problema habitual del alcohólico es que no reconoce serlo. Las consecuencias que produce el exceso de alcohol son: trastornos en el sueño (que van desde insomnio hasta pesadillas), gastritis, pérdida del apetito, anemia, agitación, hipertensión, trastornos hepáticos y sexuales, epilepsias de origen tardío.

Entre los factores psicológicos encontramos: episodios de confusión, pérdida de la memoria, sensación de que la gente lo mira mal, que no lo comprende, dificultades para mantener relaciones estables (pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo)

Algunos factores sociales que se observan en el comportamiento del alcohólico son: desavenencias conyugales, violencia, accidentes en la carretera, pérdida del empleo por marcados ausentismos; en casos límites se ha observado el vagabundeo y el suicidio.

El alcohol es un depresor del sistema nervioso central, cuando su concentración en la sangre se eleva, puede producir depresión y paros respiratorios y por este camino, la muerte.

Los jóvenes que consumen alcohol tienden a deshinibirse y a ejecutar acciones que habitualmente les avergonzarían: cortejar a una chica, entablar un diálogo o enfrentar una situación difícil. En un primer momento el alcohol actúa como euforizante, da coraje, reduce tensiones, etc. pero su efecto posterior es inverso, provocando estados de tristeza, ansiedad y depresión. El uso y abuso del alcohol se asocia con problemas emocionales y sociales, aunque los hijos de padres alcohólicos tienen una alta predisposición genética al consumo.

El alcoholismo es una enfermedad que no se cura, pero sí se rehabilita. El tratamiento consiste en dietas de desintoxicación y especialmente terapias individuales y grupales tanto para el enfermo como para su grupo familiar, ya que todo alcohólico está inmerso en una familia que necesita ayuda.

Droga es toda sustancia capaz de alterar el organismo y su acción psíquica la ejerce sobre la conducta, la percepción y la conciencia. La dependencia de la droga es el consumo excesivo, persistente y periódico de toda sustancia tóxica.

Existen cuatro características que definen la dependencia de la droga:

1- A medida que la droga se incorpora en el organismo, se genera un fenómeno biopsicológico denominado tolerancia: las células se adaptan y se acostumbran a funcionar con drogas. El adicto siente intensa necesidad de la droga y se altera cada vez más cuando se ve privada de ella. Utiliza cualquier medio para obtenerla.

2- El adicto se vuelve cada vez más tolerante a la droga y debe aumentar la dosis progresivamente para producir los mismos efectos que al principio. De esta manera se va generando una dependencia física.

3- En la mayoría de los casos el adicto se torna dependiente de la sustancia, a tal punto que la suspensión repentina de la misma produce síntomas de abstinencia (igual que el alcohólico). El uso prolongado de la droga ocasiona cambios fisiológicos del sistema nervioso que llevan a su deterioro. Las células del tejido nervioso (neurona) no se regeneran. La droga produce la muerte de dichas células, por lo tanto el daño neurológico es irreversible.

4- En última instancia, el drogadicto, la sociedad o ambos, sufren sus efectos.

Veamos en el siguiente cuadro los tipos de drogas:

Comentarios: 0 | julio 25th, 2014

A pesar de que el consumo y el abuso de sustancias ha aumentado en las últimas décadas, los recursos que se destinan para acabar con este problema son mucho menores que en el caso de otras enfermedades.

Las personas que abusas del alcohol y otras drogas enferman con mas frecuencia y más gravemente que aquellas que no consumen. El consumo de sustancias se ha relacionado con una mayor probabilidad de padecer cáncer; problemas de hígado, estómago, pulmón, piel y sistema urinario; daño cerebral y convulsiones; VIH, hepatitis, tuberculosis y problemas de salud mental. Así, las drogas son la quinta causa de muerte en el mundo. Además es más probable que las personas adictas tengan una mala alimentación, lo que aumenta las posibilidades de padecer cualquiera de las enfermedades arriba mencionadas.

Por otro lado, las personas dependientes sufren con mayor frecuencia lesiones y muertes debidas a accidentes. Esto se debe a que bajo el efecto de las sustancias se toman malas decisiones o riesgos innecesarios que llevan a perder el control.

También son más probables las relaciones sexuales sin protección, con los riesgos de embarazo no deseado y enfermedades de transmisión sexual que esto conlleva.

El consumo de sustancias es especialmente peligroso en las siguientes situaciones:

  • Personas que manejan máquinas o herramientas peligrosas.
  • Mujeres embarazadas o que dan el pecho.
  • Personas que cuidan de niños pequeños.
  • Personas que toman fármacos para el dolor, para dormir, anticonvulsivos o antipsicóticos.
  • Personas con problemas de hígado o riñones.

Si el médico detecta la presencia de Entaomeba histolytica, prescribe medicamentos tanto para los portadores asintomáticos (que pueden transmitir las amebas si no son eliminadas) como para los enfermos con la infección activa. El tratamiento normalmente dura tres semanas.

No hay vacuna o fármaco profiláctico (medicamento que previene una enfermedad) para la amebiasis. La prevención depende de la pureza de nuestras fuentes de agua, de la eliminación adecuada de los excrementos humanos y de utilizar correctamente las medidas de higiene, tales como lavarse bien las manos después de ir al baño y antes de comer.

El suministro municipal de agua aprobado por los departamentos locales de salud de Estados Unidos normalmente se considera seguro. Sin embargo, al acampar o durante estancias en otros países, es importante consumir agua que pro venga de suministros seguros y evitar beber la de los arroyos u otras fuentes similares.

Depurar la sangre, actuando como filtro corporal de las toxinas.

Utilizar la fitoterapia adecuada

La encefalopatía es un término general que significa enfermedad, daño o mal funcionamiento cerebral. Puede presentar un amplio espectro de síntomas, que van desde leves, como la pérdida de memoria o sutiles cambios de personalidad, a graves, tales como demencia, convulsiones, estado de coma o la muerte. En general, la encefalopatía se manifiesta por un estado mental alterado que a veces se acompaña de manifestaciones físicas, por ejemplo, la mala coordinación de los movimientos de las extremidades.

El término encefalopatía, en la mayoría de los casos, está precedido por varios términos que describen la razón, causa, o condiciones especiales del paciente. Por ejemplo, la encefalopatía anóxica significa daño cerebral por falta de oxígeno, y la encefalopatía hepática significa un mal funcionamiento cerebral debido a una enfermedad del hígado. En total, existen más de 150 términos diferentes en la literatura médica que modifican o preceden a la “encefalopatía”.

Las causas de la encefalopatía son numerosas y variadas, se incluyen infecciones, problemas metabólicos, toxinas, medicamentos, cambios fisiológicos, traumatismos, entre otras. De ahí que a menudo sea considerada como una complicación de un problema principal, como cirrosis hepática, insuficiencia renal, o anoxia.

El tratamiento temprano de muchos tipos de encefalopatía puede eliminar, reducir o detener los síntomas de la enfermedad. En muchas ocasiones, se puede prevenir evitando las causas primarias.

Las causas de la encefalopatía son numerosas y variadas, pero algunas de las principales incluyen:

  • Infecciones (bacterias, virus, parásitos)
  • Anoxia (falta de oxígeno en el cerebro, incluyendo causas traumáticas)
  • Alcoholismo (toxicidad del alcohol)
  • Condiciones hepáticas (por ejemplo, insuficiencia hepática o cáncer de hígado)
  • Trastornos renales (insuficiencia renal)
  • Enfermedades metabólicas (hiper o hipocalcemia, hipo o hipernatremia o hipo o hiperglucemia)
  • Tumores cerebrales
  • Algunos tipos de productos químicos tóxicos (mercurio, plomo, o amoníaco)
  • Alteraciones en la presión dentro del cerebro (a menudo asociadas con sangrado, tumores o abscesos)
  • Mala alimentación (ingesta inadecuada de vitamina B1)

Algunos medicamentos pueden causar encefalopatía, por ejemplo, el síndrome de la encefalopatía posterior reversible puede ocurrir debido al uso de medicamentos como el tacrolimus y ciclosporina. Este síndrome se manifiesta con síntomas de dolor de cabeza, confusión y convulsiones.

Aunque la encefalopatía puede presentarse acompañada de varios síntomas, al menos uno está presente en todos los casos. Se trata de un estado mental alterado. Este estado mental puede ser sutil y desarrollarse lentamente durante años o puede ser profundamente obvio y desarrollarse rápidamente, por ejemplo, la anoxia cerebral lleva al coma o la muerte en unos pocos minutos. A menudo, los signos de alteración del estado mental pueden manifestarse como falta de atención, falta de juicio o la mala coordinación de los movimientos.

  • Letargo
  • Demencia
  • Convulsiones
  • Temblores
  • Espasmos musculares y mialgia
  • Respiración de Cheyne-Stokes, un patrón de respiración alterada visto en casos de daño cerebral y el coma
  • Coma

A menudo, la gravedad y el tipo de síntomas están relacionados con la seriedad y la causa de la enfermedad o el daño cerebral. Por ejemplo, el daño hepático inducido por el alcohol (cirrosis alcohólica) puede dar lugar a temblores involuntarios en las manos (asterixis), mientras que la anoxia severa (falta de oxígeno) puede resultar en coma sin movimiento.

Otros síntomas pueden no ser tan graves y ser más localizados, como la parálisis de los nervios craneales, que resulta del daño a uno de los 12 nervios craneales que salen del cerebro; o ser muy sutiles y provocados por lesiones repetidas en el tejido cerebral, como la encefalopatía traumática crónica. Esta es causada por lesiones y contusiones sufridas frecuentemente por los jugadores de fútbol y otras personas que practican deportes de contacto. Puede causar lentos cambios con el tiempo, que no se diagnostican fácilmente, y conducir a la depresión crónica u otros cambios de personalidad con consecuencias para la vida.

Incluso los bebés y los niños pueden sufrir encefalopatía, así como los neonatos en el período prenatal si, por cualquier causa, se ve afectado el flujo sanguíneo del cerebro durante su desarrollo. La encefalitis de Rasmussen es una enfermedad rara observada en los niños, que posiblemente se deba al desarrollo de auto-anticuerpos, y que en caso de no ser tratada puede provocar serias convulsiones. Otra variante poco común de encefalopatía, que generalmente se desarrolla en personas más jóvenes, de 4 a 20 años aproximadamente, es el síndrome MELAS, por sus siglas en inglés, y se caracteriza por episodios tipo ictus, encefalopatía mitocondrial, y acidosis láctica, debido a la presencia de ADN defectuoso en las mitocondrias del paciente. Estos orgánulos son responsables de la conversión de energía dentro de las células.

El diagnóstico de la encefalopatía suele hacerse mediante pruebas clínicas realizadas durante el examen físico, como las pruebas de estado mental, pruebas de memoria y pruebas de coordinación, para documentar un estado mental alterado.

Por lo general, el diagnóstico se produce cuando el estado mental alterado acompaña otro diagnóstico primario como la enfermedad hepática crónica, insuficiencia renal, anoxia, o muchos otros diagnósticos.

En consecuencia, los médicos pueden utilizar varias pruebas diferentes al mismo tiempo para diagnosticar tanto la condición primaria, como la propia encefalopatía. Este enfoque para el diagnóstico es realizado por la mayoría de los médicos, debido a que muchos consideran que la encefalopatía es una complicación que se produce por un problema de salud subyacente. A continuación se listan algunas de las pruebas más utilizadas durante los exámenes de diagnóstico de las posibles causas primarias:

  • Recuento sanguíneo completo (infecciones o pérdida de sangre)
  • La presión arterial (presión arterial alta o baja)
  • Pruebas metabólicas (niveles sanguíneos de electrolitos, glucosa, lactato, amoniaco, oxígeno y enzimas hepáticas)
  • Medicamentos o niveles de toxinas (alcohol, cocaína, anfetaminas, entre otros)
  • Análisis de sangre y otros fluidos corporales (infecciones de muchos tipos)
  • La creatinina (función renal)
  • TC y MRI (edema cerebral, anomalías anatómicas o infecciones)
  • Ecografía Doppler (flujo anormal de la sangre a los tejidos o abscesos)
  • Encefalograma (daño cerebral o patrones anormales de ondas cerebrales)
  • El análisis de autoanticuerpos (demencia causada por anticuerpos que destruyen las neuronas)
  • Revisión de los medicamentos de la persona, ya que algunos medicamentos, por ejemplo, la ciclosporina, pueden ser responsables de los síntomas.

Se aclara que esta lista no es exhaustiva, y no todos los ensayos anteriores se deben hacer para llegar a un diagnóstico, generalmente el médico ordena pruebas específicas de acuerdo a los síntomas y la historia del paciente.

El tratamiento de la encefalopatía varía con la causa primaria de los síntomas y, en consecuencia, no todos los casos de encefalopatía se tratan de la misma forma.

A continuación se muestran algunos de los tratamientos recibidos de acuerdo a las condiciones primarias que presenta el paciente:

  • Anoxia a corto plazo (por lo general menos de dos minutos): la oxigenoterapia.
  • Anoxia a largo plazo: la rehabilitación.
  • Toxicidad del alcohol a corto plazo: líquidos intravenosos o ningún tratamiento.
  • El abuso crónico de alcohol (cirrosis o insuficiencia hepática crónica): lactulosa oral, dieta baja en proteínas, antibióticos.
  • Encefalopatía urémica (debido a la insuficiencia renal): corregir la causa fisiológica subyacente, diálisis, transplante de riñón.
  • Encefalopatía diabética: la administración de glucosa o la eliminación de la glucosa en sangre para tratar la hipoglucemia.
  • Encefalopatía hipo-o hipertensiva: medicamentos para aumentar o reducir la presión arterial.

La clave para el tratamiento de cualquier encefalopatía es entender la causa básica y por lo tanto diseñar un esquema de tratamiento para reducir o eliminar la causa.

Existe un tipo de encefalopatía que es difícil o imposible de tratar, la encefalopatía estática, un daño cerebral o estado mental alterado que es permanente. La mejor forma de proceder en estos casos es evitar más daños y ejecutar la rehabilitación para permitir que el individuo actúe a su nivel funcional más alto posible.

Las complicaciones de la encefalopatía pueden variar de ninguna a profundas alteraciones mentales que conducen a la muerte. Además, muchos investigadores consideran que la encefalopatía por sí sola es una complicación que surge de un problema de salud primario.

  • Encefalopatía hepática(edema cerebral con herniación, coma, muerte)
  • Encefalopatía metabólica(irritabilidad, letargo, depresión, temblores, en ocasiones el coma o la muerte)
  • Encefalopatía urémica(letargo, alucinaciones, estupor, espasmos musculares, convulsiones, muerte)
  • Encefalopatía de Hashimoto (confusión, intolerancia al calor, demencia)
  • Encefalopatía de Wernicke(confusión mental, pérdida de memoria, disminución de la capacidad para mover los ojos)
  • Encefalopatía límbica(pérdidas de memoria, sobre todo en la memoria a largo plazo, comportamiento variable, emocional y agitado, convulsiones, dificultad para controlar las extremidades, fatiga y problemas de visión)
  • Encefalopatía glicina(progresiva falta de energía, dificultades en la alimentación, un tono muscular débil, movimientos espasmódicos anormales y problemas con la respiración potencialmente mortales)
  • Encefalopatía hipertensiva (hipertensión severa, inflamación aguda del riñón o nefritis, y la disfunción cerebral)
  • Encefalopatía isquémica hipóxica(pérdida de la memoria, descontrol de los movimientos y aumentos en la frecuencia cardíaca)
  • Encefalopatía estática(parálisis cerebral, problemas de aprendizaje, retraso mental, autismo, retrasos del habla, déficit de atención, problemas de audición y la visión)
  • Encefalopatía espongiforme transmisible(deterioro de la función cerebral, incluyendo cambios en la memoria, cambios de personalidad y problemas de movimiento que empeoran con el tiempo)
  • Encefalopatía neonatal(reflejos frenados, tono muscular deficiente, mala alimentación, convulsiones y dificultad para respirar)

El pronóstico para un paciente con encefalopatía depende de las causas iniciales y, en general, la cantidad de tiempo que se necesita para invertir, detener o inhibir las causas. En consecuencia, el pronóstico varía de un paciente a otro y oscila entre la recuperación completa a un mal pronóstico, que a menudo conduce a un daño cerebral permanente o la muerte.

Este pronóstico muy variable está ejemplificado por los pacientes que reciben la encefalopatía de hipoglucemia. Si los pacientes con hipoglucemia son tratados ante los primeros signos de encefalopatía, por ejemplo, irritabilidad y confusión leve, la mayoría de ellos se recupera completamente. Los retrasos de horas o días en la corrección de la hipoglucemia pueden provocar convulsiones o coma, así como una recuperación parcial. Un largo retraso o múltiples retrasos en el tratamiento pueden llevar a un mal pronóstico, con graves daños cerebrales, el coma o la muerte.

Aunque los síntomas y el marco de tiempo varían ampliamente de paciente a paciente y de acuerdo con las causas iniciales de la encefalopatía, el pronóstico de cada caso por lo general sigue el patrón descrito anteriormente en el ejemplo hipoglucémico y depende de la extensión y la rapidez con la que se trata la causa subyacente.

Muchos de los casos de encefalopatía pueden prevenirse. La clave para la prevención es detener o limitar la probabilidad de desarrollar cualquiera de las causas que la provocan. Cuando una persona desarrolla una encefalopatía, mientras más rápido se trate la causa subyacente, más probable será evitar una encefalopatía severa.

  • Encefalopatía diabética: Siga su plan prescrito de tratamiento para la diabetes, incluyendo las mediciones de glucosa.
  • Encefalopatía hepática: Evite la intoxicación por alcohol, sobredosis de drogas y las inyecciones intravenosas de drogas ilegales.
  • Encefalopatía anóxica: Evite la asfixia con alimentos. Evite comportamientos peligrosos que puedan conducir a traumatismos cervicales y en la cabeza. Evite la exposición al monóxido de carbono.
  • Encefalopatía hipertensiva: Controle su presión arterial, tome los medicamentos antihipertensivos como se indica y no detenga el tratamiento ni lo cambie sin consultar a un médico.
  • Encefalopatía infecciosa: Evite el contacto físico con las personas que están infectadas con microorganismos que pueden causar encefalopatía, tales como N. meningitidis o Shigella.
  • Encefalopatía urémica: No evite la diálisis programada si ese fuera su caso. Tome todos los medicamentos según las indicaciones y obtenga evaluaciones frecuentes de su estado mental.

Los métodos para la prevención de la encefalopatía son casi tan numerosos como las causas subyacentes, sin embargo, algunos casos de encefalopatía no se pueden prevenir, como la congénita o la encefalopatía traumática accidental.

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Los órganos y tejidos del ser humano “se comunican” a través de señales que el profesional de la salud aprende a identificar como huellas que le permitan orientarse, comprender al paciente y finalmente llegar a un diagnóstico. En la terminología de la salud, el ejercicio a través del cual se comunican los pacientes con los profesionales de la salud se llama “Consulta Médica”.La consulta es como un ritual que a través de los años ha perdido el valor que debería conservar. Anteriormente el tiempo dedicado a un paciente podría ser de 1 hora y luego se redujo a 30, 20 e incluso a 15 minutos. Por ello, es muy importante que “el ritual” sea comprendido por los pacientes, por sus familiares y que le saquen el mayor jugo posible a la entrevista con el profesional de la salud.

En esta sección el paciente relata sus molestias (síntomas) de manera ordenada y clara. Por ello, es importante que usted se prepare, que lleve notas, que escriba, que ordene sus molestias y la fecha de inicio y la evolución que tuvieron. Si le han realizado estudios de laboratorio, de radiología o de otra índole (endoscopía, biopsias, etc.) debe presentarlos de manera ordenada, de preferencia en un folder, con los más antiguos al final y los más recientes hasta adelante.

Esta sección incluye diversas acciones en las cuales el médico revisa detalladamente los órganos para detectar anormalidades físicas.
a. Signos vitales. Debe incluir la toma de la presión arterial, la frecuencia cardiaca, la frecuencia respiratoria. En ocasiones se toma adicionalmente la temperatura o la saturación capilar de oxígeno.
b. Somatometría. Como mínimo se toma la estatura y el peso corporal. En la evaluación nutricia se describen más recomendaciones (ver adelante).
c. Exploración de la cabeza. Incluye a los ojos, los conductos auditivos, la cavidad oral.
d. Exploración del cuello. Interesa detectar crecimiento de ganglios o lesiones en la tiroides.
e. Exploración del Tórax. Se escuchan los pulmones y el corazón. Pueden detectarse secreciones o espasmo bronquial, soplos o arritmias.
f. Exploración de abdomen. Interesa detectar crecimiento del hígado o del bazo, presencia de ascitis (líquido en el vientre), dolor intestinal o presencia de tumoraciones.
g. Exploración de extremidades. Se revisa la piel, los vasos sanguíneos, las articulaciones, la fuerza y movilidad, así como la existencia de edema (líquido en las piernas.

La causa de la insuficiencia cardíaca puede ser de problemas en las válvulas del corazón, el tabaquismo o la infección del músculo del corazón o del saco que rodea el corazón.

El médico puede preguntar sobre el abuso del alcohol, la hepatitis, las exposiciones tóxicas, transfusiones de sangre, o el abuso de drogas intravenosas.

Se puede experimentar alguno o varios de estos sintomas: náuseas, pérdida o aumento de peso, sobrecarga de líquidos, sensación de debilidad, cansancio y la pérdida de deseo sexual.

La piel y ojos pueden ponerse amarillos (una condición llamada ictericia).

Es posible sufrir fiebre, hinchazón o dolor abdominal, dificultad para respirar, vómitos, diarrea, sangrado de las encías o la nariz, sangre en el vómito o las heces, y períodos menstruales anormales (en las mujeres)

Otros síntomas incluyen la pérdida de masa muscular, hinchazón de los tobillos, confusión (encefalopatía hepática), y las hemorroides.

Los hombres pueden notar agrandamiento de los senos (ginecomastia), inflamación del escroto o testículos pequeños.

El médico puede sospechar cirrosis si el paciente tiene un historial de abuso de alcohol, uso de drogas intravenosas, o la hepatitis, o si tiene sangrado, ictericia, ascitis (agua que se acumula en el abdomen), o cualquier trastorno cerebral.

Puede ser diagnosticado con cirrosis después de las complicaciones. Por lo general, el médico puede hacer un diagnóstico basado en la historia clínica y examen físico por sí solo.

Tomar una biopsia ( tomar un pequeño tejido del hígado y estudiarlo bajo un microscopio) sigue siendo el único diagnóstico que puede ser 100% seguro.

El médico puede extraer sangre para buscar problemas con los electrolitos, hemograma, la capacidad de coagulación, o la función del hígado y el riñón.

A menudo, los análisis de sangre de rutina pueden parecer normales, sin embargo, aun así se puede tener esta enfermedad.

La cirrosis no se puede curar. El tratamiento se dirige a la causa subyacente de la enfermedad, para tratar de evitar más daños en el hígado, y reduce el dolor o las molestias de los síntomas de la enfermedad.

El plan de tratamiento depende de la causa de la cirrosis, las complicaciones que experimenta, la edad y estado de salud.

Medicamentos: discuta todos los medicamentos que esté tomando con su médico, incluyendo medicamentos con o sin receta, suplementos y medicamentos a base de hierbas.

La dieta y estilo de vida: una dieta sana para evitar la desnutrición. Reducir el consumo de sal para evitar la hinchazón del estómago (ascitis) y las piernas (edema).

Dejar de tomar cualquier cosa que pueda dañar el hígado, tales como ciertos medicamentos. De vital importancia, dejar de beber alcohol, ya que puede dañar más el hígado.

Por último, obtener vacunas para virus de la hepatitis A, virus de la hepatitis B, el virus de la gripe y de la neumonía neumocócica si el médico se lo recomienda.

Trasplante de hígado: no todas las personas con cirrosis necesitan un trasplante de hígado. Sin embargo, la causa principal de trasplantes de hígado es la cirrosis causada por la hepatitis C o el abuso de alcohol.

Para pacientes que necesitan un trasplante, una sección del hígado o el hígado entero, pueden ser reemplazados con un hígado sano o una sección de hígado de otra persona.

El trasplante puede provenir de un donante vivo o muerto. Antes de un trasplante, el paciente que recibe el nuevo órgano debe ser lo suficientemente sano como para someterse a la cirugía de trasplante.

Las personas que tienen un trasplante de hígado deben tomar medicamentos por el resto de su vida para evitar que el cuerpo rechace el trasplante.


La persona con encefalopatía hepática puede mostrarse somnolienta, incapaz de concentrar la atención y con marcados cambios de personalidad. De base siempre existe una enfermedad hepática avanzada y generalmente un factor precipitante, como una infección.

Cuando Alberto (pseudónimo de un caso real) recibió tratamiento ya era muy tarde, su enfermedad hepática estaba muy avanzada.

Curiosamente, lo que llamó la atención no fue su color de piel, ni que se quejara de dolor en el abdomen, lo que en realidad llamó la atención fue su cambio de comportamiento.

De ser una persona muy habladora y sociable, pasó a apenas querer hablar con nadie, a tener un aspecto descuidado y a decir cosas que a los demás nos parecía un poco fuera de lugar.

Esa fue la causa de que en realidad se decidieran a llevarlo al médico, que con solo una analítica pudo comprobar que Alberto era un caso grave de enfermedad hepática.

Alberto es un caso de encefalopatía hepática, una condición que se manifiesta por el deterioro del funcionamiento cerebral causado por la disfunción del hígado.

Cuando este órgano no funciona adecuadamente por un tiempo prolongado, muchas sustancias tóxicas circulan por el torrente sanguíneo, logran llegar al cerebro, atravesar una barrera hematoencefálica débil y resultar tóxicas.

Ya algo adelantamos, pero ahora te damos más detalles. Seguramente sabes que el hígado es como el aspirador interno, es decir, limpia nuestro organismo de toxinas que producimos de forma natural y de otras que nos introducimos de forma voluntaria, como el alcohol (así de listos somos los seres humanos).

Cuando el hígado deja de funcionar bien, todas esas toxinas que no elimina, llegan al torrente sanguíneo y de ahí al cerebro. En especial hay una sustancia que resulta nociva al cerebro, el amoniaco, una de las causas fundamentales de la encefalopatía hepática.

Cuando el cerebro comienza a ser intoxicado se producen síntomas que varían en intensidad dependiendo del grado de gravedad de la encefalopatía hepática. En algunas personas se puede manifestar como cierta falta de atención y somnolencia diurna, mientras en otros llega hasta producir coma.

La encefalopatía hepática se da en personas con enfermedades hepáticas muy avanzadas, que llevan muchos años de evolución incluso sin ellos saberlo, como el caso de Alberto que ya comentamos arriba. Tres condiciones fundamentales cursan con encefalopatía hepática:

  • La insuficiencia hepática aguda grave, también llamada hepatitis fulminante.
  • Cirrosis hepática, que es la consecuencia de una enfermedad hepática sin tratar. Tiene entre sus causas fundamentales alcoholismo y hepatitis viral C.
  • Pacientes con derivación portosistémica: ocurre debido a la disfunción en el funcionamiento del hígado. En el enfermo se crean nuevas venas que no pasan por este órgano y no permiten limpiar la sangre de toxinas.

Las anteriores son condiciones en que es común que aparezca la encefalopatía hepática, sin embargo, muchas personas con cirrosis o derivación portosistémica no llegan a experimentar esta alteración ¿Qué más hace falta?

Pues sucede que en la mayoría de los casos existe un factor precipitante, una alteración puntual que provoca que se desencadene la encefalopatía hepática. Entre las condiciones que más comúnmente llevan a que surja la encefalopatía hepática como complicación están:

  • Infecciones como la neumonía
  • Sangrado en el intestino
  • Sobredosis de diuréticos empleados en el tratamiento de la enfermedad hepática
  • Trastorno electrolítico
  • Estreñimiento

HIgado Graso?

Algo de grasa en el hígado es normal. Pero si la grasa representa más del 5% al 10% del peso del hígado, es posible que se deba a la enfermedad hepática alcohólica o no alcohólica. En algunos casos, estas enfermedades pueden dar lugar a complicaciones mas graves.

Enfermedad hepática alcohólica (ALD)

  • Más de 15 millones de personas en los EE.UU. abusan de alcohol o en uso excesivo. Casi todos ellos – el 90% -100% – desarrollan hígados grasos.
  • El hígado graso puede ocurrir después de beber cantidades moderadas o grandes de alcohol. Incluso puede ocurrir después de un corto período de consumo excesivo de alcohol (enfermedad hepática alcohólica aguda).

La genética o herencia (la que se transmite de padres a hijos) juega un papel en la enfermedad hepática alcohólica de dos maneras: puede influir en la cantidad de alcohol que consume y su probabilidad de desarrollar alcoholismo. Y, también puede afectar a los niveles de enzimas hepáticas que intervienen en la descomposición (metabolismo) de alcohol.

Antecedentes. La obesidad conduce a la infiltración de grasa de múltiples órganos, incluyendo el corazón, los riñones y el hígado. Bajo condiciones de estrés oxidativo, Las citoquinas derivadas de la grasa se liberan localmente y dar lugar a un proceso inflamatorio y disfunción de órganos. En el hígado, la infiltración de grasa que se ha denominado la enfermedad de hígado graso no alcohólico, puede conducir a la esteatohepatitis no alcohólica

Otros factores que pueden influir en la probabilidad de desarrollar la enfermedad de hígado graso no alcohólico son:

Hepatitis C (que puede conducir a la inflamación del hígado)

Enfermedad de hígado graso no alcohólico (NAFLD)

Enfermedad de hígado graso no alcohólico es la causa más común de la enfermedad hepática crónica en los EE.UU. Algunas personas con exceso de grasa en el hígado simplemente tienen lo que se llama un hígado graso. Aunque esto no es normal, no es grave si no conduce a la inflamación o daño

  • Otros tienen lo que se llama no-alcohólica steatohepatisis (EHNA). Aunque es similar a la enfermedad hepática alcohólica, las personas con este tipo de enfermedad del hígado graso beben poco alcohol o no. NASH puede provocar daños permanentes al hígado y con el tiempo, las células hepáticas pueden ser reemplazados por tejido cicatricial. Esto se conoce como cirrosis. El hígado no puede funcionar bien y puede desarrollar una insuficiencia hepática, cáncer de hígado y la muerte relacionada con el hígado. EHNA es una de las principales causas de cirrosis.

Ambos tipos de NAFLD están volviéndose más comunes. Hasta el 20% de los adultos pueden tener hígado graso o EHNA. Y más de 6 millones de niños tiene una de estas condiciones, que son más comunes en los niños asiáticos e hispanos. La evidencia reciente indica que NAFLD aumenta el riesgo de enfermedades del corazón en los niños que tienen sobrepeso o son obesos.

Cuales son Las causas de la enfermedad de hígado graso no alcohólico (NAFLD)

  • La causa de la enfermedad de hígado graso no alcohólico no está claro. Ciertos factores tienden a aumentar el riesgo, pero en algunos casos, sin factores de riesgo se muestran. Sin embargo, el hígado graso no alcohólico tiende a darse en familias. También se presenta con mayor frecuencia en personas de mediana edad con sobrepeso u obesidad. Estas personas a menudo tienen altos niveles de colesterol o triglicéridos y la diabetes o prediabetes (resistencia a la insulina), también.

Otras posibles causas de la enfermedad de hígado graso son:

  • Medicamentos
  • La hepatitis viral
  • Hepática autoinmune o enfermedad hereditaria
  • Pérdida rápida de peso
  • Desnutrición
  • Estudios recientes muestran que un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado y otros cambios en el intestino puede estar asociada con la enfermedad de hígado graso no alcohólico. Algunos investigadores sospechan ahora que esto puede desempeñar un papel en la progresión de la NAFLD a EHNA.

Hígado graso del Embarazo

Aunque es muy raro, la grasa se acumula en el hígado de la madre durante el embarazo, poniendo a la madre y al feto en riesgo grave. Cualquiera puede desarrollar insuficiencia hepática, insuficiencia renal, infección o hemorragia severa. Nadie comprende totalmente la causa, pero las hormonas pueden jugar un papel.

  • Una vez que el diagnóstico se confirma, el bebé nace tan pronto como sea posible. Si bien la madre puede necesitar cuidados intensivos durante varios días, la función hepática a menudo retorna a la normalidad en pocas semanas.

Los síntomas de la enfermedad de hígado graso

  • Enfermedad del hígado graso es a menudo silenciosa, sin producir síntomas, especialmente en el principio. Si la enfermedad avanza – que es por lo general durante un período de años, o incluso décadas – puede causar problemas vagos como:
  • Fatiga
  • Pérdida de peso o pérdida del apetito
  • Debilidad
  • Náusea
  • La confusión, deterioro del juicio, o dificultad para concentrarse
  • Estos síntomas también pueden estar presentes:
  • Dolor en el centro o la parte superior derecha del abdomen
  • Un agrandamiento del hígado
  • Decoloración por parches de piel oscura, generalmente en el cuello o la axila
  • Con la enfermedad hepática alcohólica, los síntomas pueden empeorar después de periodos de consumo excesivo de alcohol. Con NAFLD, el proceso de la enfermedad puede detener o revertir, o puede empeorar. Si se desarrolla cirrosis, el hígado pierde su capacidad de funcionar. Esto puede causar signos y síntomas tales como:
  • La retención de líquidos
  • Pérdida de masa muscular
  • El sangrado interno
  • Ictericia (color amarillento de la piel y los ojos)
  • Insuficiencia hepática

El diagnóstico de la enfermedad de hígado graso

  • A menudo, un hígado graso aparece durante un chequeo de rutina. Su médico puede notar que su hígado es ligeramente ampliada o ver signos de un hígado graso en una prueba de sangre. O bien, su médico puede sospechar un problema después de tomar un historial médico o haciendo un examen físico.
  • Los análisis de sangre. Durante las pruebas de sangre de rutina, la elevación de ciertas enzimas hepáticas pueden aparecer. Estos podrían incluir la alanina aminotransferasa (ALT) o aspartato aminotransferasa (AST).
  • Los estudios de imagen. Como la ecografia abdominal. Un hígado graso puede también aparecer en las pruebas de imagen.

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  • Biopsia del hígado. La única forma de confirmar un diagnóstico de enfermedad de hígado graso es con una biopsia de hígado. Esto se hace generalmente una vez por otras causas se han descartado. Después de la aplicación de la anestesia local, el médico inserta una aguja a través de la piel para remover un pequeño pedazo de hígado. Esto se examina bajo el microscopio en busca de signos de inflamación grasa, y las células dañadas del hígado. Si la inflamación o el daño no está presente, el diagnóstico es simplemente un hígado graso.

Tratamiento de la enfermedad del hígado graso

  • No existe un tratamiento específico en este momento para la enfermedad de hígado graso. Sin embargo, conseguir tratamiento para cualquier enfermedad subyacente, como la diabetes, es esencial. Y usted puede tomar otras medidas para mejorar su condición.
  • Si tiene una enfermedad hepática alcohólica y usted es un bebedor empedernido, dejar de beber es la cosa más importante que usted puede hacer. Buscar el apoyo que necesita para tener éxito. Con ALD, el uso continuado de alcohol puede conducir a la enfermedad avanzada, incluyendo hepatitis alcohólica o cirrosis. Incluso para aquellos con NAFLD, sin embargo, evitar el alcohol puede ayudar.
  • Si usted tiene sobrepeso o es obeso, haz lo que puedas perder peso gradualmente – no más de 1 o 2 libras por semana. Un estudio reciente demostró que la pérdida de peso de al menos 9% en un período de meses puede ayudar a revertir la EHNA. A pesar de la pérdida de peso menor que esto puede ayudar a reducir la acumulación de grasa en el hígado.
  • Coma una dieta balanceada y saludable y aumentar la actividad física. Además de limitar las calorías, evitar las dietas ricas en hidratos de carbono refinados, rápidamente digeridos. Esto incluye los alimentos que limitan tales como pan, sémola, arroz, papas, maíz y azúcar concentrado, que se encuentra en las bebidas deportivas y jugos.
  • Evitar medicamentos innecesarios también puede ayudar a retrasar o revertir la enfermedad. Los ensayos clínicos también están estudiando la eficacia de ciertos antioxidantes y nuevos medicamentos para la diabetes en el tratamiento de la enfermedad de hígado graso (a causa de la enfermedad de enlace al estrés oxidativo y la diabetes). Estos incluyen:
  • La vitamina E
  • Selenio
  • Betaína
  • La metformina
  • Rosiglitazona
  • Pioglitazona
  • Tenga en cuenta que incluso las vitaminas y minerales puede conducir a problemas de salud. La mejor manera de obtener sus beneficios es a través de las fuentes de alimentos que los contienen.
  • Nuevos hallazgos sobre el papel de las bacterias en el desarrollo de la enfermedad de hígado graso puede llevar a otras opciones para el tratamiento, como por contrarrestar las dietas desequilibradas con probióticos. Estos son los suplementos dietéticos que contienen bacterias vivas sanas o levaduras.

Si la cirrosis se convierte en grave, un trasplante de hígado puede ser necesaria. Un cirujano extirpa el hígado dañado y lo sustituye por uno sano.

¿Qué es la cirrosis hepática? La cirrosis del hígado es una enfermedad grave marcada por la cicatrización del órgano debido a la formación de tejido cicatricial fibroso. Esta enfermedad progresiva lentamente puede resultar de diferentes enfermedades hepáticas.

En la cirrosis hepática, la estructura y la función del hígado se pierden progresivamente lo que causa la formación de tejido cicatricial. En el intento de restaurar el tejido destruido, las células hepáticas, los hepatocitos, se multiplican y crean nódulos regenerativos. Estos nódulos regenerativos son en realidad racimos de células hepáticas formadas dentro del tejido cicatricial. El tejido cicatricial y los nódulos regenerativos dificultan el flujo sanguíneo normal a través del hígado, así como el flujo biliar. Esto evita que el hígado elimine las toxinas y se acumulan en el cuerpo.

La cirrosis hepática es una de las 10 principales causas de muerte. Es más comúnmente causada por el consumo excesivo de alcohol. Otras causas incluyen hepatitis B y C, hígado graso, enfermedad hepática autoinmune, ciertos medicamentos y productos químicos, enfermedad hereditaria como fibrosis quística, hemocromatosis y enfermedad de Wilson.

La cirrosis del hígado no se desarrolla repentinamente sino después de una lesión prolongada de las células del hígado. La cirrosis hepática es la etapa final de la enfermedad hepática crónica, mientras que las tres primeras son hígado graso, hepatitis alcohólica y fibrosis hepática. La cirrosis hepática tiene sólo dos etapas, etapa compensada y etapa descompensada.

La cirugía para extirpar todo o parte del estómago o para evitarlo como medio de…

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Además es posible que otras enfermedades no hepáticas arrojen en los análisis de sangre una elevada cantidad de transaminasas, particularmente de la AST. Entre ellas podemos mencionar procesos musculares como distrofias, polimiositis o traumatismos. Incluso un proceso gripal, pueden llegar a producir elevaciones transitorias de las transaminasas.

Si te detectan que tienes las transaminasas altas, quizás el médico te de como opción el bajarlas y para ello será necesario una depuración del hígado, al menos, una vez al año, de manera que este órgano pueda funcionar correctamente.

Al margen de esa depuración podemos hacer lo siguiente:

  • No comer alimentos grasos o procesados, así como los azucarados y salados. La dieta es de lo más importante en nuestra salud y no solo en el caso que nos ocupa. Es importante, pues, que busques información sobre las raciones de frutas y verduras que debes consumir a diario y te hagas una dieta personalizada en la que se incluyan todos los alimentos. En cualquier caso, también puedes acudir a un nutricionista para que te haga una dieta adecuada para ti. De este modo, puedes estar seguro que tendrás todos los nutrientes que necesitas y tendrás un completo menú para cocinar cada día.
  • Evita las bebidas alcohólicas y el consumo de tabaco. Estas sustancias no son simples de procesar para el hígado, lo que no te ayudarán en nada a acabar con este problema.
  • Es bueno que tomes líquido en abundancia y sobretodo agua con la que podrás ayudar que el hígado metabolice y elimine mejor las grasas. También hay ciertas infusiones que te darán el aporte de agua que necesitas a la vez que te permitirá depurar y limpiar tu organismo. En una herbolaria te dirán cuáles son las mejores para ello, las veces que las debes tomar cada día y la manera en la que las debes preparar.
  • Es bueno que comas frutas, aunque debes evitar las que tengan contenidos de ácidos orgánicos como las fresas, sandía y melón. Sin embargo, las frutas y las verduras actúan como un gran depurador para el organismo, lo que ayudará a trabajar mejor tu hígado. También debes tener en cuenta las verduras y las hortalizas en una dieta saludable como hemos dicho.
  • Puedes depurar el hígado tomando algunas infusiones como la de diente de león o comiendo alimentos como la alcachofa.
  • La plantas medicinales también pueden ayudar a bajar las transaminasas. En el mundo de la fitoterapia podemos encontrar numerosos productos como la Celidonia, el Cardo Mariano (Silybum marianum), el Desmodium (desmodium adscendens), el Boldo o el Rábano negro. Todos ellos ayudan a combatir los síntomas de unas transaminasas altas a base de infusiones.
  • Se recomienda descansar al menos 8 horas al día, evitando además el estrés, la ansiedad y el ejercicio intenso en la medida de lo posible. En el caso de ser una persona que tengas un ritmo de vida muy estresante debes empezar a poner solución a ello por tu propia salud. Es importante que busques la manera de acabar con el insomnio, si lo padeces, así como hacer deporte y meditación, yoga o pilates para acabar con el estrés. Es importante también que consigas unas horas al día para dedicarte a tí mismo.
  • La Oligoterapia es una alternativa bastante extendida durante la última década. Se trata de una técnica que utiliza los minerales presentes en nuestro organismo para ayudar a reducir muchos problemas del metabolismo. En este caso, será esencial que te pongas en manos de un experto para que te indique cuáles son los minerales que debes usar en tu caso, ya que no podemos hacerlos libremente y sin el control adecuado.
  • Cuidado con los medicamentos de venta libre: los medicamentos de venta libre pueden ser un peligro para el hígado, por lo que es importante que pongas en conocimiento de tu médico o farmacéutico todos los medicamentos que estés tomando.
  • Controla el peso: la pérdida de peso puede ayudarnos mucho a bajar estos niveles, por lo que será esencial una buena dieta pero siempre en manos de profesionales de la salud.

Como puedes ver, en realidad bajar los niveles de las transaminasas no es tan complicado como parece siempre que tengamos voluntad en ello. Además, recuerda que hacer ejercicio moderado también te irá muy bien para bajar estos niveles a la vez que te ayudará en todo lo relacionado con la salud. Una vida sedentaria es lo peor que podemos darle a nuestro organismo y, si quieres evitar problemas como del que hablamos o muchos otros problemas de salud, es recomendable que lleves una vida activa y comas bien. Lo mismo debemos decir en el caso de los niños: estamos en una sociedad en la que los niños cada vez son más sedentarios, lo que hace que sean mucho más propensos a padecer ciertos problemas de salud. Es por ello que, además de hacer que tu hijo tenga una buena dieta y equilibrada, te preocupes de que haga mucho ejercicio.

Los valores o rangos de aspartato transaminasa (AST) más habituales en hombres son de 8 a 40 unidades por litro. En la mujer es de 6 a 34 U/L. En cambio, los valores más habituales de alanino transaminasa (ALT) en hombres son de = 45 U/L y en la mujer de = 34 U/L.

En niños con edades comprendidas entre 1 y 19 años, los rangos habituales de AST suelen ser de 0 a 40 U/L con un ALT (alanino transaminasa) de 1 a 30 U/L. En los menores de 1 año de edad, los valores más frecuentes suelen ser más elevados: con un aspartato transaminasa de 25 a 75 U/L y un ALT de 11 a 54 U/L. No obstante, los datos de aspartato transaminasa (AST) y alanino transaminasa (ALT) pueden variar dependiendo de la interpretación analítica impuesta por el laboratorio que lleve a cabo el examen. Los resultados también pueden depender de la edad, el sexo y la actividad física del adulto o niño.

Son muchos los factores y las causas que pueden dar como resultado unas transaminasas altas, aunque algunos de los ejemplos más frecuentes y peligrosos son: Padecer sobrepeso u obesidad, abusar en el consumo de alcohol o, de igual modo, experimentar la aparición de una lesión o daño por drogas o toxinas. También se puede deber al malestar causado por una cirrosis Hepática, lo que lleva a una disminución progresiva de las funciones del hígado, o por sufrir una hepatitis viral, es decir; una infección sistémica del organismo que compromete fundamentalmente al hígado. Asimismo, padecer tumores y quistes (ya sean parasitarios o múltiples) en el hígado también puede dar lugar a transaminasas altas, aunque en este ámbito también puede tener la culpa el mal funcionamiento del flujo sanguíneo o por un AST elevado en el corazón y los huesos.

Los niveles que superen los 1.000 U/L están asociados a la hepatitis isquémica o shock hepático; una afección por la cual el hígado no recibe suficiente sangre u oxígeno, lo que ocasiona un daño severo en las células hepáticas. Debemos entender que cualquier daño en el hígado suele ocasionar una elevación moderada de las transaminasas, y que para descubrir el alcance de sus efectos se debe realizar una historia clínica completa, una exploración y los pertinentes estudios de imagen y laboratorio.

Un adecuado menú para transaminasas altas nos permite obtener todos los beneficios posibles. Con el objetivo de reducir las transaminasas en nuestro organismo, debemos realizar una limpieza hepática por medio de una dieta rica en antioxidantes que depuren nuestro organismo o mediante distintas plantas medicinales, como puede ser el diente de león o el cardo mariano. Por otro lado, tomar una media de un litro y medio de agua diarios (fuera del horario de las comidas) nos ayuda a eliminar los agentes infecciosos de nuestro organismo y a depurar nuestro hígado.

Asimismo, existen una serie de recomendaciones para llevar un ritmo de vida más saludable y así garantizar la efectividad del menú para transaminasas altas. En primer lugar, debemos reducir los alimentos ricos en grasas o procesados, así como con alto contenido en azúcar o sal. El consumo elevado de tabaco y alcohol tampoco es recomendable para conseguir los objetivos deseados así como la carne con un mayor aporte en grasa (ejemplo, tocino o mantequilla), grasas trans (bollería, chocolates, galletas, etc.), entre otros muchos alimentos.

Las frutas y verduras son uno de los ingredientes principales que debemos incluir en la mayoría de las dietas. No obstante, de cara a reducir las transaminasas en nuestro organismo, debemos evitar aquellos alimentos que contengan ácidos orgánicos, como pueden ser las fresas, el melón, etc.

¿Cómo puedo saber qué debo tomar y qué no debo tomar para reducir las transaminasas altas? Supongo que muchos de vosotros habréis realizado una dieta alguna vez, por lo que seguir las recomendaciones habituales de otras dietas puede ser la solución durante unos días. Si puedes, acude a un especialista en nutrición para que determine el menú para transaminasas altas personalizado y así conseguirás unos máximos resultados posibles.

No dejes de comer entre horas o te saltes las comidas. Para que el cuerpo se acostumbre a comer y se sienta saciado, debemos llevar una rutina alimentaria, es decir, marcarse un horario fijo de comidas. De esta forma, entrenarás al cuerpo para que reciba comida siempre a la misma hora. Por tanto, con el objetivo de evitar la ansiedad al comer, debemos comer unas 5 o 6 veces al día (3 comidas principales y dos o tres tentempiés). Es muy importante el desayuno en esta dieta, ya que constituye el mayor aporte energético para nuestro organismo del día, por lo que no esperes más de una hora en desayunar desde que te levantas. Además, no debemos dejar pasar más de tres horas entre comidas. Esta dieta contendrá todos los nutrientes necesarios para el organismo, como proteínas, hidratos de carbono y grasas.

Unos trucos para reducir las transaminasas altas: echa un par de gotas de limón en un vaso de agua templada al desayunar, cocinar los alimentos a la plancha, al vapor, cocidos (es decir, evitando en la medida de lo posible el uso de grasas, sea aceite o mantequilla, empanados, etc.), echa unas gotas de limón a tus preparados para darle un toque gustativo muy agradable a los platos y realiza una rutina de entrenamientos habitual. Además, el estrés es un mal aliado de las transaminasas bajas, por lo que relájate practicando yoga o con distintas técnicas de relajación.

No existe un determinado tiempo en el que debamos cumplir estas especificaciones, sino que depende en gran medida de cada ser humano. El método más efectivo para evitar las transaminasas altas es llevando una dieta equilibrada y realizando ejercicio de forma habitual. Ahora bien, ¿cuánto tiempo tardan en bajar las transaminasas de media? Tener las transaminasas elevadas no es signo de una enfermedad grave ni mucho menos, simplemente es un toque de atención que nos da nuestro organismo para que regulemos nuestra dieta, por lo que con una semana de menú para reducir las transaminasas se estima que supone el tiempo suficiente para controlar estos niveles. No obstante, se recomienda acudir a un especialista en cuanto se detecte cualquier anomalía en el organismo o si superada la semana, se mantienen los niveles elevados.

Con un simple análisis de sangre podemos averiguar si tenemos las transaminasas altas. No obstante, experimentar problemas a nivel hepático constituye uno de los principales síntomas de las transaminasas altas. Por ejemplo, hepatitis, cansancio, inflamaciones en el hígado, molestias y dolores, cirrosis, etc. Pero no es necesario padecer ninguna enfermedad para sufrir este problema. Otro de los síntomas que se producen derivados de las transaminasas altas es una orina oscura (producida por una inadecuada limpieza y depuración hepática), náuseas, vómitos, cansancio después de comer, dolor en las articulaciones y en el abdomen, exceso de sudoración o ictericia.

Tener las transaminasas altas puede haberse producido por diversos problemas indirectos que implican en mayor o en menor grado un trastorno en el hígado, como puede ser consumir alcohol, no seguir una dieta adecuada y equilibrada, etc. Por tanto, sigue un plan de acción y disfrutarás de un organismo sano y saludable.

El hecho de que nuestro hígado se vea implicado en una afección supone unas graves consecuencias para nuestro organismo. Por tanto, las consecuencias de tener las transaminasas altas pueden llegar a ser muy graves, aunque no es lo habitual. Si no se regulan los niveles de las transaminasas, el problema puede ir agravándose y llegar a afectar al hígado con distintas afecciones, como un inadecuado funcionamiento del hígado y los problemas que derivaría. El hígado constituye un órgano esencial en la vida de un ser humano dado que limpia y depura el organismo de los agentes infecciosos, por lo que actúa como defensor. Por tanto, debemos cuidarlo y seguir una adecuada alimentación para promover el correcto funcionamiento del mismo.

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Fasciola o Mariposa del Hígado. Una de las enfermedades parasitarias más extendidas en los ganados de las regiones frías y pantanosas es comúnmente conocida con el nombre de "Mariposa de Hígado".

Afecta los vacunos de cualquier edad y es producida por un parásito que llega al estómago con los pastos y aguas de bebidas estancadas, para terminar su desarrollo en el hígado. La primera fase de vida de la larva de la fasciola, desde cuando sale del huevo hasta cuando es ingerida en pastos o bebidas para llegar al estómago e hígado, la efectúa en el caracol, (Limnaea truncata) abundante en lagunas y pantanos.

SÍNTOMAS
Al principio la enfermedad es poco aparente, salvo un poco de somnolencia, decaimiento y debilidad muscular, con apetito normal pero mal estado de los animales. En el segundo período se nota anemia (mucosas pálidas), apetito irregular y sed intensa. A veces con presencia de ligeros edemas o hinchazones fríos, en el pecho y vientre. En el tercer período los enfermos están débiles, comen poco y digieren mal. Aparecen edemas en la quijada y por último, la diarrea se presenta con tal intensidad que viene a apresurar la muerte del animal por deshidratación.
Al examen específico de los excrementos se encuentran los huevos del parásito, razón por la cual conviene tratar inmediatamente los enfermos a fin de evitar que con los excrementos, la enfermedad se propague a otros grupos de animales.

CONTROL
Se debe evitar el acceso de los animales a las praderas empantanadas.
Las aguas detenidas o de lento curso y que sean fuente de consumo para el ganado deben ser tratadas periódicamente con Sulfato de Cobre para controlar el caracol, un tratamiento radical es aislar y sacar los animales que se encuentran en producción de las zonas contaminadas.

TRATAMIENTO
Los animales enfermos se deben tratar con Bovipur o Bovipur 25%Co con el doble de las dosis indicada para el control de parásitos Gastrointestinales y con una frecuencia de por lo menos cada tres meses.

Mastitis es la inflamación total o parcial de la ubre o de glándula mamaria, además de ser contagiosa. Un mal manejo del hato en el pre-ordeño, ordeño y post-ordeño, generaría contagios.
Se presenta de dos formas:
• Clínica (Aguda-Crónica)
• Subclínica.

Y se conocen dos tipos:
• Mastitis primaria causada por agentes infecciosos como: Bacterias, Streptococus agalactiae, sp. dysgalactiae, S. uberis, sp. pneumoniae, Staphylococcus aureus, Corynebacterium pyogenes, C. bovis, Pseudomona aeruginosa, Fusobacterium sp, y C. tuberculosum, Pas-terella multocida, E coli, Micoplasma sp.
•Mastitis secundaria se presenta en el transcurso de enfermedades infecciosas como Brucellosis, Fiebre Aftosa, etc., e infecciones causadas por hongos, levaduras y traumatismos.

SÍNTOMAS
Dependiendo del agente causal y resistencia al tejido mamario, puede haber o no alteraciones en el tejido glandular, por lo que el diagnóstico está sujeto hoy en día a diversas pruebas indirectas. Se presenta desde una inflamación aguda hasta fibrosis y toxemias graves.

La Mastitis Clínica se caracteriza por los cambios visibles en la ubre y en la leche.

Manifestaciones Agudas con inflamación de la ubre semi dura, dolorosa y caliente, la leche con aspecto purulenta o sanguinolenta. Crónica, cuando no es bien tratada la forma aguda, el tejido glandular de la ubre es reemplazado por tejido fibroso. Inicialmente la leche se nota con grumos, en los días siguientes estos se van haciendo más grandes hasta obstruir por completo el canal del pezón.

El cuarto afectado esta ligeramente hinchado, caliente y muy sensible. Mas tarde, al cabo de unos cuatro días, es difícil ordeñar el cuarto enfermo porque el canal del pezón se encuentra tapado completamente por masas caseosas de color amarillento o rojizo.

A medida que la enfermedad avanza se pueden infectar mecánicamente por el ordeñador los cuartos restantes produciendo fiebre y malestar general y no es raro que se presente una septicemia (paso de los microbios a la sangre) que determina rápidamente la muerte de la vaca enferma.

CONTROL
Un programa eficaz puede ser disminuyendo la duración de la infección tratando todos los cuartos de todas la vacas en período seco, tratar los casos clínicos a medida que se presentan y descubrir los casos clínicos crónicos. Reducir el índice de infecciones nuevas lavando los pezones después de cada ordeño, mantener el equipo de ordeño limpio antes y después del ordeño, lavar ubres antes y después de cada ordeño. Las ubres de los animales deben lavarse para evitar el barro y las heces fecales. El ordeñador debe tener las manos limpias.

Etapa 0: hígado normal
Etapa 1: fibrosis leve, ampliación del portal hepático como resultado de la fibrosis.
Etapa 2: fibrosis moderada, los tejidos fibrosos han salido de la zona hepática y forman puentes entre las áreas del portal.
Etapa 3: fibrosis severa, puentes fibrosos se forman entre las áreas del portal en el hígados y las venas del centro.
Etapa 4: cirrosis.

La fibrosis hepática se sospecha si los pacientes han conocido la enfermedad hepática crónica (por ejemplo, la hepatitis C crónica viral y la hepatitis B, enfermedad hepática alcohólica) o si los resultados de las pruebas de función hepática son anormales; en tales casos, se realizan pruebas para comprobar si hay fibrosis y, si está presente la fibrosis, para determinar su gravedad (etapa).

El conocimiento del estado de fibrosis puede guiar las decisiones médicas.

Las pruebas usadas para el estudio de fibrosis incluyen pruebas no invasivas de imagen, análisis de sangre, biopsia hepática, y nuevas pruebas que evalúan la rigidez del hígado.

Pruebas de imagen no invasivas – incluyen la ecografía convencional, TC y RM, deben incluir vistas en sección transversal. Estas pruebas pueden detectar indicios de cirrosis y la hipertensión portal, como esplenomegalia y varices. Sin embargo, no son sensibles para la fibrosis moderada o incluso avanzada si la esplenomegalia y varices están ausentes.

Las nuevas tecnologías pueden aumentar la precisión de la ecografía y la resonancia magnética para detectar la fibrosis o cirrosis temprana; que incluyen la Elastografía por resonancia magnética, y las imágenes impulso de fuerza de radiación acústica.

Para estas pruebas, vibraciones acústicas se aplican al abdomen con una sonda. La rapidez que transmiten estas vibraciones a través del tejido del hígado mide una indicación de la rigidez del hígado.

La biopsia hepática sigue siendo el estándar de oro para el diagnóstico de la fibrosis hepática y para el diagnóstico de la enfermedad hepática subyacente que causa la fibrosis.

Sin embargo, la biopsia hepática es invasiva, lo que resulta en un riesgo de 10 a 20% de complicaciones menores (por ejemplo, dolor después del procedimiento) y un riesgo de 0,5 a 1% de complicaciones graves (por ejemplo, sangrado significativo).

Los análisis de sangre incluyen paneles disponibles en el mercado que combinan marcadores indirectos (por ejemplo, bilirrubina sérica) y marcadores directos de la función hepática.

Los marcadores directos son sustancias que intervienen en la patogénesis de la deposición de la matriz extracelular o citoquinas que inducen la deposición de matriz extracelular.

Estos paneles son los más utilizados para distinguir entre 2 niveles de fibrosis: ausente a mínimo vs moderada a grave; no distinguen con precisión entre los grados de moderada a severa.

Por lo tanto, si se sospecha de fibrosis, un enfoque es comenzar con uno de estos paneles y luego hacer la biopsia hepática sólo si el panel indica que la fibrosis es de moderada a severa.

Debido a que la fibrosis representa una respuesta al daño hepático, el tratamiento primario debe centrarse en la causa (la eliminación de la base de la lesión del hígado).

Dicho tratamiento puede incluir la eliminación de virus de la hepatitis B o el virus de la hepatitis C en la hepatitis viral crónica, la abstención de alcohol en la enfermedad hepática alcohólica, la eliminación de metales pesados como el hierro en la hemocromatosis o cobre en la enfermedad de Wilson, y descompresión de los conductos biliares en la obstrucción biliar.

Tales tratamientos pueden detener la progresión de la fibrosis y, en algunos pacientes, también revertir algunos de los cambios fibróticos.

Los tratamientos para revertir la fibrosis son generalmente demasiado tóxicos para su uso a largo plazo (por ejemplo, corticosteroides, penicilamina) o no tienen una eficacia probada (por ejemplo, colchicina).

Otros tratamientos antifibróticos están bajo estudio. El uso simultáneo de múltiples fármacos antifibróticos en el tiempo puede resultar más beneficioso.

Dentro de los principales síntomas de un problema de hígado están: problemas digestivos constantes, abdomen inflamado, nauseas, estreñimiento, coloración amarillenta de piel y ojos, entre otros síntomas que sin duda, podrán ser señal de algún problema hepático.

Desarrollar problemas en el hígado puede tener diversos orígenes, ya sea que sea por llevar una mala alimentación, herencia familiar, abuso en la ingesta de alcohol, problemas metabólicos, entre otras posibles causas, pero sin duda, el organismo tiene una forma de mostrar que algo no funciona bien, y esto es como los síntomas.

Como ya es sabido, el hígado es uno de los órganos más indispensables para el organismo. Tiene múltiples funciones dentro de él, dentro de las principales están depurar el cuerpo, interviene en el metabolismo, almacena vitaminas, funciones vitales e indispensables para el buen funcionamiento del organismo.

Para poder diagnosticar un problema de hígado, lo primero que el especialista nota y observa son los síntomas que se están presentando. Manifestarlos, es la forma en que el cuerpo expresa que algo no funciona bien dentro de él, es importante conocer estos síntomas.

Aquí, se enumeran 9 de algunos de los síntomas más comunes de un problema de hígado:

La ictericia es una condición del organismo en que la piel y las partes blancas de los ojos, tienen un color amarillento. La causa de la ictericia es el exceso de bilirrubina (sustancia química de color amarillo que contiene la hemoglobina, la sustancia que es la encargada de transportar oxígeno a los glóbulos rojos). La ictericia se puede presentar a cualquier edad, su origen principalmente es la causa de un problema de hígado, relacionándose con la hepatitis y cirrosis. También puede haber otras razones por las que se presenta, ya sea por padecer enfermedades de la sangre, síndromes genéticos, etc. si observas un cambio de coloración en tu piel u ojos, y si ésta es amarilla acude de inmediato al médico, para conocer la causa que la está originando.

Aunque a veces es difícil detectar si duele o no el hígado, una de los síntomas más característicos de que hay una alteración hepática es que se sufra de un abdomen hinchado, y esto comienza con dolor situado justo debajo de las costillas, pudiendo a veces también doler la espalda. Si es muy recurrente esta hinchazón o distensión, puede deber a la ascitis (es una acumulación de fluido causada por la fuga de sustancias del hígado e intestinos) y que se acompaña de hipertensión, y alteración en la respiración. Sin embargo, para poder descartar que se trate de realmente un problema hepático, es necesario acudir al médico.

Si se presentan náuseas, mareos, vómito, dolor abdominal, son síntomas claros de que algo no funciona bien, y esto puede estar directamente relacionado con algún problema de hígado, sin duda, para poder descartar esto con toda seguridad, es necesario que si persisten los síntomas, será necesario un examen físico, de sangre o según lo sugiera el médico. Ya que a veces lo síntomas que se han mencionado, puede estar relacionado con la hepatitis A.

Si inesperadamente se ha ido perdiendo el apetito, esto puede relacionarse con algún problema de hígado, por ello, es uno de los síntomas que no debe ser tomado a la ligera, no es nada normal perder el apetito de un día a otro, puede haber detrás alguna razón más seria por lo que esto ocurre. Este síntoma puede estar acompañado, por pérdida de peso.

Otro de los síntomas de un posible problema de hígado, es experimentar el cansancio o fatiga crónica, es decir que aunque se descanse o se trate de comer bien, se siga teniendo mucho cansancio, y que además haya debilidad. Comúnmente, no se le da la importancia debida, ya que se relaciona con la carga de trabajo, o actividades que se han realizado, pero puede tratarse de un problema de hígado.

Si se han notado cambio en la frecuencia de las deposiciones o bien, éstas son claras, significa que hay un problema de hígado, y por ello, no sólo se debe observar con qué frecuencia sucede, sino que además se debe acudir con el especialista lo antes posible, a veces este síntoma se relaciona mucho con el síndrome de colon irritable, pero también puede estar asociado con problemas hepáticos.

El cosquilleo, picazón o irritación en la piel, es uno de los síntomas asociados con un problema de hígado, además éste síntoma se relaciona con toda una serie de afecciones, pero en el caso de un problema hepático, el prurito puede ser originado por una sustancia química en la bilis, que se acumula en el flujo sanguíneo, resultado de una excesiva presencia de toxinas en el cuerpo, y que el hígado no puede depurar, y esto, se manifiesta con picazón en toda la piel del cuerpo.

La excesiva temperatura corporal, puede ser un síntoma relacionado con un problema de hígado, y se manifiesta ya sea con sudoración o fuerte transpiración, malestar en general, sin duda, el organismo por medio de este síntoma, manifiesta claramente que hay presencia de una infección o inflamación, por ello, no debe faltarse por alto esto, no auto-medicarse. Si se observa que hay cambios frecuentes en la temperatura corporal, hay que acudir con el médico, quien tras un examen exhaustivo, conocerá cual es la causa.

Esto significa que hay poca glucosa, una forma de azúcar, en la sangre. Ante un problema de hígado, los niveles de azúcar en la sangre son inestables. Esto puede ser causa, de un hígado que está irritado, este nivel bajo de glucosa, puede manifestarse con dolores de cabeza, jaquecas, mareos, fatiga, o ansiedad por estar ingiriendo alimentos ricos en azúcar.

Ver también:

Aunque se conozcan los síntomas relacionados con un problema de hígado. Es necesario, acudir con el médico o especialista en cuestión, para poder recibir la atención, orientación y oportuno diagnóstico y tratamiento.

Algunos factores que pueden aumentar el riesgo de NAFLD incluyen:

La hepatitis crónica adquirida ya sea en la infancia, en la adolescencia o edad adulta puede evolucionar con episodios de reactivación viral, reaparición de disfunción hepática, aparición de mutantes virales o sobreinfectarse con virus delta.

En individuos con infección crónica con el VHB la progresión de las lesiones hepáticas se observan cuando hay evidencias serológicas de replicación viral activa, HBeAg (+) y DNA VHB. El tratamiento con interferón es la única terapia efectiva en niños con hepatitis B crónica, lográndose que desaparezca el antígeno e y el DNA VHB en 30% a 50% de los pacientes tratados. El tratamiento está indicado en pacientes con infección crónica en fase replicativa, con elevación de las transaminasas y lesiones leves a moderadas histológicamente.

La infección crónica por VHB esta asociada a un gran riesgo de desarrollar cirrosis hepática y hepatocarcinoma. Por esta razón se ha implementado la detección de HBsAg en forma obligatoria en los bancos de sangre. Por otra parte la implementación de programas de vacunación contra la hepatitis B durante los primeros meses de vida en muchos países de alta endemia, se ha logrado disminuir la prevalencia de infección por VHB y las tasas de hepatocarcinoma. La vacuna del VHB es HBsAg producido por ingeniería genética, se administra 10 mg por vía intramuscular en 3 dosis (0,1 y 6 meses) y en niños mayores de diez años la dosis se aumenta a 20 mg. Debe administrarse a todo niño con alguno de los siguientes factores de riego: personal de salud, recién nacido de madre portadora, pacientes en hemodiálisis, trasplante hepático con o sin infección por VHB, familiares o contactos de portadores crónicos, pacientes inmunodeprimidos, homosexuales, prostitutas, viajeros a zonas endémicas y drogadictos parenterales.

HEPATITIS CRÓNICA POR VHC

La infección por VHC fue identificada en 1989 como la mayor causa de hepatitis postransfusional no A no B y desde esa fecha la infección por VHC ha disminuido en forma significativa debido a la implemen-tación de exámenes de rutina en los bancos de sangre para descartar su presencia en sangre y otros hemoderivados.

Se estima que existen alrededor de 170 millones de personas infectadas en el mundo y poco se conoce acerca de la infección en niños, algunos estudios indican que alrededor de un 7% de las madres infectadas transmiten la infección a sus hijos recién nacidos y la principal vía de transmisión en niños infectados ha sido a través de productos sanguíneos contaminados. En Chile es el segundo agente etiológico más importante de hepatitis crónica y cirrosis hepática después del alcohol. La prevalencia de anticuerpos anti VHC en donantes de sangre en Chile es de alrededor de un 0,3%. La principal vía de transmisión es la parenteral, siendo en algunos países la drogadicción endovenosa el mayor factor de riesgo; la transmisión sexual y vertical es de muy baja prevalencia.

La mayoría de los pacientes infectados son oligosintomáticos en la fase aguda de la infección y si esta persiste se hace crónica en un 80% de los casos. La evolución crónica es silenciosa durante años y el diagnóstico generalmente se realiza al detectar elevación de transaminasas, por un seguimiento en pacientes transfundidos o de alto riesgo.

La hepatitis crónica por VHC generalmente se sospecha en aquellos pacientes con factores de riesgo, que presentan elevación de transaminasas las cuales pueden evolucionar con oscilaciones, periodos de normalización transitoria, con valores estables o intensas elevaciones. Actualmente es posible detectar anticuerpo anti VHC por técnica de Elisa, este método se ha introducido en los bancos de sangre para la detección de rutina de portadores crónicos de VHC, siendo necesario realizar su confirmación con otros métodos como el RIBA. La infección se puede confirmar por la presencia de RNA viral en suero con reacción en cadena de polimerasa (PCR) y cuantificar conociendo la carga viral. Estos dos últimos métodos se utilizan para monitorear el tratamiento antiviral y la desaparición viral.

En cuanto al tratamiento, las terapias antivirales efectivas son muy necesarias actualmente. Existen escasas publicaciones mostrando los resultados del tratamiento con interferón (IFN) en niños y la respuesta varía entre 0 y 45%. Mas recientemente se ha realizado tratamiento combinado con IFN más ribavirina mejorando sustancialmente la respuesta en adultos. Una forma de IFN de acción prolongada (pegilado) ha mostrado ser tan eficaz como la terapia combinada. El uso de esta terapia pudiera tener beneficios en niños ya que se administra una vez por semana y se obtienen niveles aceptables en sangre de pacientes adultos.

HEPATITIS CRÓNICA POR VIRUS HEPATITIS DELTA

El virus delta es un virus RNA que es incapaz de replicarse sin la presencia de VHB. Los pacientes que son portadores crónicos asintomáticos de VHB al sobreinfectarse con VHD pueden presentar una hepatitis muy activa y a veces fulminante.
La infección con VHD se asocia principalmente al uso de drogas endovenosas. Las zonas de mayor prevalencia se encuentran al sur de Europa, en Medio Oriente, India y África. En Chile no se han demostrado sujetos con VHB que se hayan sobreinfectado con VHD.

HEPATITIS CRÓNICA AUTOINMUNE

La hepatitis autoinmune (HA) es una enfermedad inflamatoria crónica con destrucción progresiva del hígado produciendo necrosis, fibrosis y cirrosis. Diferentes estudios sugieren que es una enfermedad en que existe una predisposición genética multifactorial que acoplada a algún factor desencadenante se gatilla una respuesta autoinmune dirigida contra los hepatocitos. La predisposición genética es un hecho reconocido en la HA llegándose a considerar la presencia de HLA-DR3 y DR4, como factores de riegos por si mismos para desarrollar la enfermedad.

Esta enfermedad afecta con mayor frecuencia a mujeres jóvenes (10 a 30 años) que a varones. No existe ninguna característica clínica propia de la HA y el cuadro se puede manifestar desde un paciente asintomático con solo alteración de las pruebas de laboratorio, como una hepatitis aguda vírica, con anorexia, náuseas, vómitos, malestar general, ictericia, coluria y acolia pero en el examen físico encontrar signos de enfermedad hepática crónica. La encefalopatía puede desarrollarse rápidamente y en algunas ocasiones la respuesta inmune es tan importante que se manifiesta con falla hepática fulminante o subfulminante. La forma crónica es menos frecuente, con síntomas inespecíficos como anorexia, adinamia y los hallazgos físicos de enfermedad hepática crónica hacen sospechar el diagnóstico o en algunos pacientes la enfermedad debuta con la complicaciones de la cirrosis hepática, como la aparición de ascitis, hemorragia digestiva y encefalopatía.

La HA se puede asociar a otras enfermedades inmunológicas como tiroiditis autoinmune, colitis ulcerosa, colangitis esclerosante, artritis reumatoidea, glomérulonefritis, S. de Sjögren, anemia hemolítica, esclerodermia, vasculitis. Más infrecuentes son la uveítis, alveolitis y miocarditis.

En el laboratorio es frecuente la elevación de transaminasas en forma moderada entre 200 a 400 U/ml, con menos frecuencia se puede encontrar valores muy elevados y en etapas tardías de la enfermedad incluso pueden estar normales. La bilirrubinemia y fosfatasas alcalina pueden estar elevadas hasta niveles moderados. La elevación de inmunoglobulina G y la hipergammaglobulinemia es característica de esta patología. Estos hallazgos junto a la positividad de alguno de los siguientes autoanticuerpos: antinuclear (ANA), antimúsculo liso (AML), antimicrosomal hígado riñón (LKM), en títulos elevados es diagnóstico.

Actualmente la HA se clasifica en 2 tipos según la positividad de los anticuerpos: Tipo I (ANA (+) con o sin AML (+)) y Tipo II (LKM (+)). Desde el punto de vista clínico tiene importancia la HCA tipo II, ya que esta forma se presenta en niños de menor edad y con mayor frecuencia puede evolucionar con una enfermedad más agresiva.

El estudio histológico de la biopsia hepática es inespecífico pero es necesario para precisar el grado de inflamación, necrosis y grado de fibrosis. En los casos avanzados puede pesquisarse incluso cirrosis hepática al momento del diagnóstico, lo cual tiene importancia pronóstico ya que estos casos tendrán un menor grado de respuesta al tratamiento.

Debe realizarse siempre el diagnóstico diferencial con otras patologías del hígado de curso crónico como: hepatitis por VHB y VHC, enfermedad de Wilson, déficit alfa 1 antitripsina, hepatitis por droga, hemocromatosis y colangitis esclerosante.

La HCA no tratada progresará a un daño hepático mayor produciendo posteriormente insuficiencia hepática. El objetivo del tratamiento de la HCA es conseguir la remisión completa de la actividad de la enfermedad que se define por desaparición de los síntomas, normalización de las transaminasas y disminución de la actividad inflamatoria hepática.

Los esquemas de tratamiento propuestos contemplan el uso de prednisona y/o azatioprina. Algunos pacientes no responden al tratamiento convencional porque una proporción de estos han iniciado el tratamiento en una etapa muy avanzada de su enfermedad o a pesar del tratamiento por causas que se desconocen la hepatopatía progresa hacia la cirrosis hepática. Se ha propuesto como terapia alternativa de estos pacientes que no responden, el uso de ciclofosfamida y ciclosporina y en aquellos que no responden a ninguna terapia el único tratamiento eficaz es el transplante hepático.

HEPATITIS CRÓNICA POR DROGA

Las drogas representan una importante causa de enfermedad hepática y puede producir manifestaciones clínicas e histológicas semejantes a una hepatitis viral y autoinmune. Cualquier droga es un potencial inductor de hepatitis crónica y debe ser considerado al registrar los antecedentes del paciente. Existen dos mecanismos a través de los cuales las drogas pueden causar daño hepático: toxicidad predecible o intrínseco y toxicidad impredecible o idiosincráticas (tabla 2).

No existe una forma de manifestación clínica característica, siendo las más frecuente el daño hepático citolítico, agudo colestásico, mixto (citolítico-colestásico), insuficiencia hepática fulminante y esteatosis hepática.

Dadas las manifestaciones clínicas inespecíficas y la dificultad en establecer el diagnóstico confiable de hepatoxicidad se han propuesto los siguientes criterios: relación cronológica entre la administración de la droga y el comienzo del cuadro clínico, resolución del cuadro clínico una vez que la droga se suspende, respuesta a la readministración del fármaco, resultados de estudios bioquímicos hepáticos y conocimiento previo de la hepatoxicidad de la droga involucrada.

No existe un tratamiento específico, por lo que frente a la sospecha de hepatotoxicidad de un fármaco debe suspenderse y vigilar la evolución clínica y de laboratorio posterior. Toda droga es potencialmente hepatotóxica y por lo tanto debe realizarse vigilancia continua al administrar cualquier fármaco.

1. Evans J S: Acute and chronic hepatitis. Eds: Willie R, Hyams JS: In: Pediatric Gastrointestinal Disease, W.B. Saunders Co., USA, 1999; 600-23.

2. Trivedi P, Mowat A: Chronic hepatitis. Eds: Suchy FJ:En Liver Disease in Children, Mosby-Year Book, Inc., USA, 1994; 510-22.

3. Roberts EA: Drug-induced liver disease in children. Eds: Suchy FJ: En Liver Disease in Children, Mosby-Year Book, Inc., USA, 1994; 523-49.

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